Volver

Portada » Competición » Entrevistas » CHENTE GARCÍA ACOSTA, UN VETERANO DE ACERO

.

CHENTE GARCÍA ACOSTA, UN VETERANO DE ACERO

Ciclismo en Ruta nº 046

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  José Antonio Díaz  Fotos  Oskar Matxín 

1. Chente García Acosta2. Más información

cerrarEnviar este artículo a un amigo:

Datos de tu amigo:

Tus datos (para poder indicar quién se lo manda):

José Vicente García Acosta es, junto a José Luis Arrieta y Triki Beltrán, dos temporadas más veteranos que él, uno de los “abuelos” del pelotón internacional. Fruto de sus catorce temporadas como profesional, el popular “Chente” atesora el honor de haber disputado de forma ininterrumpida once Tours y once Vueltas desde 1997. Con esta carga de experiencia, este guipuzcoano criado en Tafalla utiliza el Tour como metáfora y nos cuenta sus vivencias de tantos años a lomos de una bicicleta.

Dos aficiones, entre otras, ocupan el tiempo de José Vicente García Acosta (Pasaia, 1972). Una, llevarse una pequeña cámara digital a las carreras y allí, cuando puede y en los tiempos de entrenamiento y descanso, dedicarse a hacer fotos, muchas fotos que volverá a ver con nostalgia el día de mañana, cuando diga adiós a este carrusel de nervios que es el mundo del ciclismo.
Y dos, leerle cuentos, muchos cuentos, a su hijo Aitor. Por eso no es de extrañar que a este periodista le costase no menos de tres llamadas conversar finalmente con ese hombre de músculo sólido y corazón blando que es “Chente”. Luego, cuando tras sucumbir al arrullo de la historia de Blanca Nieves y despertarse levemente con la de los Tres Cerditos Aitor se quedó finalmente dormido, llegó la hora de que su padre pasara revista a su carrera deportiva.

En 2008 cumples catorce años en el pelotón profesional, ¿no pesan ya tantas temporadas.
Pues sí y no. Lo más difícil es mantener las ganas de entrenar después de todo este tiempo. Yo siempre digo que he tenido mucha suerte, pues cuento con una grupeta de diez personas para salir a entrenar y eso se nota. Porque hay muchos días en los que te dices: “estoy reventao, no voy a hacer ni una hora”. Llamas a dos amigos y, ya está, cuatro horas pedaleando. Sin duda es lo más difícil, eso y el estar fuera de casa. Eso pesa, aunque te haces porque sabes que es un trabajo que te obliga a estar fuera y así lo aceptas. Yo, al año, paso cerca de 120 días lejos de mi casa. Por ejemplo, cuando marché a la París-Niza mi hijo se tenía un poco de pie, volví y ya andaba. Son momentos que te pierdes. Por eso, cuando vuelves, para compensar me paso todo el día con él y termino el día leyéndole cuentos para que se duerma.

¿Qué recuerdos te quedan de tus primeros pasos en este deporte?
Mi primera bici fue una de paseo, que me compraron mis padres en el año 82. En el 83 ya empecé a darle más en serio. Me apunté al club de mi pueblo, el Club Ciclista Tafallés, y allí comenzó todo. Por entonces Pedro Delgado estaba en su mejor época y Miguel Indurain comenzaba a despuntar en amateurs.
Yo me decidí por el ciclismo y no por el futbito porque en mi barrio había mucha gente aficionada a la bici. Y además, a mi padre le ha gustado mucho el ciclismo y fue él quien me terminó por decidir. Me compró una bicicleta y empecé a pedalear en alevines. Recuerdo que había un ambiente muy bueno, porque íbamos a las carreras en autobús con todos los padres. Éramos muchos, como una familia. Yo iba sólo por hace deporte, sin otras pretensiones, pero la cosa se fue complicando. En aficionados me lo tomé en serio y, ya ves, hasta ahora. En 2008 cumpliré veinticinco años montado encima de la bicicleta.

¿Pesan mucho tantos años y kilómetros?
Pues los kilómetros no lo sé, porque no los cuento. Hace mucho tiempo que he dejado de pensar en ellos. Hubo temporadas en que hice cerca de 36.000. (Ante mi gesto de espanto, Chente se defiende). Pues no son tantos, que Marino (Lejarreta) hubo años que llegó a los 40.000. Yo, ahora estoy en torno a los 30.000 kilómetros. En base a esto, tú ya puedes ir calculando los kilómetros que llevo en el cuerpo.

¿Qué recuerdo te ha quedado de aquella temporada de tu debut?
En mi primer año yo estaba flipado. Siendo un chaval debutante me encontré en el equipo de Miguel Indurain. Solamente ir con él a las carreras, pues ya imponía. Miguel era un ídolo fuerte. Aquel año de mi debut él iba ya a por su quinto Tour. Entonces era algo realmente excepcional, así que ese es el recuerdo más impactante que conservo de mi primer año como profesional. Además, a nivel de impacto sobre el público era un crack. Fueses donde fueses aquello era un espectáculo. Yo iba un poco… iba a decir acojonado. Pensaba: ¿dónde me han metido? Luego me fui acostumbrando y aprendí mucho de aquella época, de gente como Miguel, Marino Alonso, Joserra. Eran trabajadores natos y yo sabía que en Banesto me fichaban para trabajar. Entonces, a base de observar y fijarme en los demás fui aprendiendo el oficio.

Quizás lo más llamativo es lo que ha cambiado este deporte en los últimos años respecto a la consideración que despierta en el gran público.
Sí, sobre todo eso. A partir del 98 las cosas se complicaron. Hasta entonces todo iba bien, todo era positivo entorno al ciclismo. Ahora, sin embargo, abres un periódico y da pena. Eso es lo que más lástima me da, y el mayor cambio que se operado en este deporte. Una catástrofe, porque al final eso hace que los patrocinadores se echen para atrás. Los equipos ya no están como hace años, ahora todo se ha complicado más. No es fácil que salgan escuadras nuevas, ni tampoco ves a tanta gente esperando en las cunetas. Por eso me da pena cómo se está tratando a este deporte. Si te das cuenta, en las categorías menores apenas hay chavales. Sin embargo, cicloturistas cada vez hay más. Y eso significa algo, que este deporte sigue gustando, pero la competición está fastidiada.

Físicamente, ¿como vive un ciclista su primer año pro?
En mi caso bastante mal, porque noté mucho el salto de categoría. Me recuerdo yendo siempre entre los tres últimos y al final me pasaban los otros dos... Así iba en todas las carreras. Pensaba a todas horas que no valía para aquello, y encima tuve un problema gordo con la rodilla a comienzos de temporada que me tuvo preocupado hasta el verano. Por suerte también hubo buenos momentos. Recuerdo con mucho agrado que aquel año me llevaron a dos carreras y una concentración con el equipo del Tour (Miguel, Alonso, Rue, Arrieta y yo). Corrí la Midi Libre y el Dauphiné, dos carreras de mucha categoría. Estuve todo el día tirando del carro y las pasé negras, pero cogí mucha moral y así prácticamente acabé el año.

Ya en el 96, llegó tu primera victoria, la Vuelta a Navarra.
Sí, aquella pretemporada entrené mucho en invierno y tras asimilar el año malo, comencé a rendir bien de tal forma que gané una etapa y la general de la Vuelta a Navarra. En el 97 comencé fuerte, corriendo la Vuelta a México. También me llevaron a mi primer Tour de Francia. Estaba que no me lo creía; que me llevasen al Tour, y encima para trabajar para Olano. La mala suerte fue que me caí y me tuve que venir para casa, y encima con la clavícula rota.

Ahí empezó una constante en tu vida deportiva: el Tour. Has sumado once Tours y once Vueltas en otras tantas temporadas. Casi nada, aunque se te ha escapado el Giro.
Sí, como digo yo, gracias a no tener grandes lesiones ni problemas, siempre he estado ahí desde el 97, en dos de las grandes. En cuanto al Giro, pues qué le vamos a hacer. En Italia se corre muy pronto y yo prefiero el calorcito, porque rindo más.

Y dime, ¿cuál es el secreto para correr tantos Tours y no perecer en el intento?
Bueno, la verdad es que a mi primer Tour fui con bastante miedo, pero luego, una vez que terminas la primera semana, te animas y te dices que no es para tanto, que aquello se puede soportar. Yo lo paso especialmente mal en las etapas llanas. Que diga eso yo, un corredor grandote, puede parecer raro, pero es que el llano se corre con mucha tensión, con muchos nervios y a toda velocidad. Por eso hay tantas caídas y estás deseando que lleguen las etapas de montaña, porque la gente va más calmada y ha quemado muchos nervios y fuerzas. Uno de los secretos para acabar bien el Tour es pasar sin contratiempos esos días de llanura en los que se va a mil. Es cuestión de aguantar, de ir restando días y de soportar la acumulación de cansancio.

Fatiga, el cuerpo se te amolda a ella como la plastilina
Sí, pero para ello tienes que coger el ritmo, saber en qué momento tienes que estar adelante, cuando te puedes relajar, cómo tienes que hacer para ahorrar fuerzas… Tienes que conocer tus límites para no sobrepasarlos.

¿Cuánto te costó a ti adecuarte a ese molde de la prueba francesa?
Creo que en mi segundo Tour ya iba bastante bien para lo que es esa carrera. ¿Cómodo? No, no, en el Tour nunca vas cómodo. Empieza el Tour. Las etapas llanas: mal. Las de montaña: como haya batalla son un horror. Las contrarreloj: si las disputas, vas a tope; si no, a que no te metan demasiado tiempo. Las escapadas: si te cuelas en una, a sufrir por si puedes ganar.
El Tour, no es cómodo ni en su día final, que te meten un circuito con pavé. Para que te des cuenta, yo pierdo en el Tour unos cuatro kilos. Llego a casa, como dice mi madre “un poco flaquito”. ¿Cómo vas a ir cómodo en una carrera como ésa?

En competición, ¿has tenido alguna vez pena de ti mismo?
Muchísimas veces. La mayoría cuando no tienes ni fuerzas para engancharte a la grupeta que pasa. Recuerdo especialmente dos Tour: los del 2001 y 2005. Son en los que peor lo he pasado. En 2001 iba sin fuerzas y no podía ni seguir a mis compañeros. Igual no llegué bien preparado, y al rodar siempre en cola de pelotón me pilló una caída y me rompí el escafoides. Y en 2005 pillé un catarro en el avión y ya no hubo manera de curarlo en toda la carrera. En esos dos años sí que pase verdaderas miserias en el Tour.

Y tu año de gloria, ése en el que te veías rodar sin cadena.
En el 2000, sobre todo. Aquel año iba muy fuerte y me metí en varias escapadas. Gané una etapa en Draguignan y en otra hice tercero.

¿Qué sentiste al ganar aquella etapa?
Cuando estás ahí ni te lo crees. Recuerdo que los últimos cinco kilómetros, y especialmente el último, se me pasaron volando. Y luego te sientes realizado. Había estado muy cerca: en el 98 hice segundo; tres días antes de la de Draguignan fui tercero, y luego la victoria. Es como si te quitaras un peso de encima. Te dices: “ya he ganado”, y te quedas así, como realizado.

Sí, y además, esa victoria se la contarás a tu hijo el día de mañana…
No creas. La victoria del Tour es importante, pero es un recuerdo más en tu paso por este deporte. Porque también tengo un gran recuerdo de la primera etapa que gané en la Vuelta a España e igualmente tengo un gran recuerdo de la última, porque ésa ni me la esperaba. La del Tour sí que puede ser la que más brille de cara a la gente, la de enseñar. Muy importante para mí, pero sin quitar nada a las demás.

En todos estos años, ¿quién te ha impresionado más?, ¿a quien has envidiado si se puede decir así?
Hombre, sobre la bici a unos cuantos. Pero esa envidia se te quita cuando ves lo que pasa con la fama, con un montón de gente alrededor, y entonces piensas: ¡joder, la que se le viene encima a éste! Al final, lo mejor es ser uno mismo y ya está. Pero bueno, volviendo a tu pregunta, yo siempre he admirado a los que van bien para arriba, a los escaladores en general. ¿Pantani, por ejemplo? Sí, pero más a los ciclistas de mi estilo, y sobre todo al que come mucho y engorda, y tiene que luchar contra todo eso para poder pasar bien la montaña.

Lo mejor de este deporte
A nivel personal, que en él llegas a conocer realmente a las personas; y, como deporte, que aquí viene cualquier aficionado y se puede hacer foto con Indurain, con Pereiro y con cualquier ganador del Tour.

¿Enamorado del Tour o de la Vuelta?
Soy más hombre Tour, pero la Vuelta me encanta. Es nuestra carrera y además tiene muy buen ambiente. Hay quienes dicen que llega demasiado tarde en la temporada, pero yo llevo once años corriéndola y me ha ido bien.

¿A favor o en contra del Angliru?
Creo que un puerto tan duro no merece la pena ser subido, pero si lo quiere el espectador, pues qué remedio… Yo digo que el Angliru es un puerto para que lo suban los primeros, que los demás vamos como podemos. Al final, nos quejamos de la Vuelta del año pasado, y éste nos toca taza y media: a retorcernos.

Y este año a por otro Tour y a buscar la escapada…
Uf, ya veremos. Si estoy bien iré al Tour, pero lo de las escapadas creo que ya se acabó. En 2008 con Valverde y Pereiro nos tocará estar pendiente de ellos, y lo de las escapadas tienes que dejarlo a un lado, aunque, hombre, si sale la oportunidad no digo yo que la vaya a dejar pasar.

1. Chente García Acosta2. Más información

Puntúa el artículo
- Puntuación media 3/5 (84 votos)



Para dejar un comentario regístrate o accede si ya eres usuario.

Aviso legal - Acerca de - Contacto - Política de privacidad - Mapa Web - MC Ediciones - Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 - BARCELONA

Publicaciones online de MC Ediciones, S.A.MC Ediciones

© 2008 MC Ediciones, S.A. | Powered by Newcomlab