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DAMIANO CUNEGO: APUESTA POR EL TOUR

Ciclismo en Ruta nº 050

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  José Antonio Díaz  Fotos  Oskar Matxín 

1. Introducción

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Jugando a la ruleta rusa, Damiano Cunego le ha dicho no al Giro y sí al Tour. Llega para él la hora del todo o nada, de jugársela a una carta. Tras ganar el Giro de 2004 y “fallar” en los siguientes, el líder del Lampre apuesta por la baza siempre incierta de buscar la victoria en la canícula del hostil y competitivo julio francés.

Damiano CunegoNo es una decisión fácil nadar a contracorriente. Por eso resulta aún más encomiable la ambición, buena, de Damiano Cunego, el líder del Lampre, que este año se la ha jugado pasando de Giro y apostando por el Tour. Su decisión fue de costosa digestión para los apasionados tifossi italianos, que esperaban que el ganador del Giro de 2004 volviera a la “corsa rosa” para rivalizar tanto con los enemigos de casa, los Di Luca, Simoni, Savoldelli, Riccò y compañía, como con los numerosos aliens foráneos que ambicionan este año vestir en propiedad la maglia rosa.
Pero Damiano lo tenía claro. Tanto al menos como su director deportivo, Maurizio Piovani, que ya a comienzos de temporada declaró que en 2008 el gran objetivo del ciclista de Cerro Veronese sería el Tour de Francia. Carrera que tan sólo ha disputado en una ocasión, en 2006, clasificándose en undécima posición, al tiempo que se proclamó mejor ciclista joven de la prueba. “La prensa italiana no permitiría que Cunego fuese al Giro de Italia como un turista”, declaró Piovani, preparando el terreno ya a finales del mes de marzo, y añadiendo, por si acaso, que la decisión no estaba tomada de manera definitiva, sino que para hacerla firme aguardarían hasta después de la Lieja-Bastoña-Lieja.
A la espera de dicho momento, Cunego tomó la salida en la Vuelta al País Vasco, carrera en la que logró ganar su etapa reina, con meta en Orio, rompiendo así una fastidiosa rutina, pues de esta forma sumaba su primera victoria en cinco participaciones en la ronda vasca, logrando al tiempo el cuarto puesto en la clasificación general final. Turno luego para otra gran victoria. La conseguida en la Clásica Primavera de Amorebieta.
Una prueba que, confesó, le gusta y le conviene a su forma de correr y que ahora, por fin, pudo ganar. “Yo ya había sido dos veces segundo en Amorebieta -dijo tras su victoria- en 2005 y 2006. La última vez recuerdo que me dio rabia porque me ganó Sastre en el último momento. Ahora, en 2008, ataqué yo y respondió Valverde. Colaboramos y al final pude ganarle al sprint… Él es casi imbatible para mí, pero usé la astucia. Le dejé que tirara en cabeza, que se gastara. Valverde se caracteriza por usar desarrollos muy duros, de esos que te fatigan bastante. Entonces le dejé hacer y creo que le sorprendí, ganándole por poco”.

MÁS ÉXITOS DE UN DÍA
Luego, de acuerdo con el programa ya prefijado, le tocó el turno a un ambicioso programa de clásicas del Norte. Empezó por la Amstel Gold Race, prueba que no conocía bien y en la que no confiaba para la victoria… Pero ganó, vaya que si ganó, con fuerza y por delante de Schleck y otra vez de Valverde. La lluvia fue protagonista de una carrera que ambicionaba: la Flecha Valona. Allí no ganó, pero Damiano Cunego también pisó podio, ocupando su tercera grada, por debajo de rivales como Kim Kirchen y Cadel Evans.
La decana, la muy venerada y dura Lieja-Bastoña-Lieja era otra de las clásicas marcadas con trazo rojo en su calendario, no en vano en 2006 fue tercero, tras Valverde y Bettini, quedando séptimo el año pasado. Un puesto que, por lo demás, y aunque muchos le daban como favorito para ganarla, no pudo mejorar porque de nuevo. Valverde se llevó el gato al agua, mientras que a él le tocaba bregar con un mal día, conformándose a la postre con ser 30º a 1’30” del murciano.

PENSANDO EN AMARILLO
Para entonces las cartas ya estaban sobre la mesa. La afición italiana ya se había ido tragando la cucharada ligeramente amarga de saber que Cunego cambiaba de objetivos este año, dejando el rosa en busca del amarillo. Y eso en unas fechas en las que el líder del Lampre acaparaba portadas en la prensa ciclista de su país (Il Mondo del Ciclismo, Bicisport, CyclingPro, etc.) y reseñaba que a partir de entonces un stage de entrenamiento en montaña, el campeonato de Italia y la Vuelta a Suiza constituirían los peldaños de la escalera que buscaba auparle a lo más alto del Tour de Francia.
Voluntariamente excluido de la “corsa rosa”, Cunego la sigue de lejos, vigilando a sus rivales del mes de julio -Contador incluido- desde otra posición, dado que ahora ejerce como comentarista del Giro en el Corriere della Sera, donde mantiene una sección titulada ‘Giro Alla Larga’, algo así como el ‘Giro en profundidad’. Escribiendo para el periódico, entrenando mucho y concediendo entrevistas, así pasa sus horas este hombre que quiere ganar el Tour.
El mismo al que la prensa italiana le ha preguntado sí ese cambió de horizontes buscando el calor del julio francés no tiene algo o mucho que ver con el hecho de que en los últimos Giros le hayan derrotado ciclistas más dulces, quizás menos consistentes… Contra eso, Cunego dice que no y se defiende. “Fui 4º en 2006 y 5º en 2007, y esas son muy buenas posiciones. Creo que incluso pueden llegar a ser consideradas como podios morales. Ahora que, también es cierto que la gente se esperaba más de un ciclista como yo (ganador del Giro de 2004) y que, por lo tanto, ésas pueden ser consideradas como ocasiones perdidas. Yo sólo puedo decir que intentaré hacerlo mejor en años venideros”.
Interrogado también sobre si no cree haber dejado pasar una oportunidad en el actual Giro, Cunego se mostró tajante, señalando que a la vista del recorrido, su lugar en la general final estaría entre el tercer y cuarto puestos, no más arriba. Así las cosas, surge por fin la pregunta clave, la que más veces le han planteado al líder del Lampre en las últimas semanas: ¿por qué se decantó usted por correr el Tour y no el Giro? La respuesta, por lo demás, no varía. “He estudiado mucho los recorridos del Tour y el Giro y creo que este año me va más el del primero.
El Giro tiene muchas cronometradas, comenzado por la crono por equipos de su primera jornada, que ya en 2007 jugó mucho a favor de Di Luca (se puso segundo en la general). Tampoco hay que olvidar que pocas veces se verán menos contrarreloj en el Tour que este año. Y además, he comprobado que en la cronometradas del Tour funciono mejor porque las del Giro se disputan habitualmente tras un día de descanso (como la de Urbino de este año) o tras una jornada de llano, mientras que el Tour no es así y además hace más calor, lo que me viene bien”.
Ensimismado tanto por la posibilidad de ganar una etapa de montaña en la carrera como por la hipótesis de ascender al podio parisino, Cunego no olvida la fuerte impresión, ese amor a primera vista, que le produjo el Tour en su primera y única visita, en 2006. “La primera semana de aquel Tour me dejó impresionado de lo fuerte que se andaba. Me costó trece días comenzar a levantar cabeza y poderme acercar al grupo de los mejores. En los Pirineos no podía con mi alma, iba muerto. Ahora me siento más maduro, más fuerte y deberé ser más competitivo ya desde las primeras etapas. Ahora ya no puedo perder una minutada los primeros días como me pasó, ni tampoco podré recuperar tiempo con facilidad como entonces. Ahora para mí las cosas serán distintas”.

AQUEL TOUR DE 2006
1 de julio en Strasburgo. El dorsal 81 de aquel Tour de Francia iba prendido en la espalda de Damiano Cunego, ganador del Giro de 2004 y debutante en la ronda francesa. Una carrera dura, áspera y sorprendente, como siempre, que ya en su primera semana mandó para casa a hombres como Danilo di Luca, Alejandro Valverde y Erik Dekker. Una carrera en la que Damiano Cunego sufrió lo indecible durante sus dos primeras semanas, no dejándose ver nunca entre los diez primeros de cada etapa (a él, que dos años antes había ganado el Giro).
Pero, calidad obliga, luego Cunego demostró que no había viajado al Tour a hacer turismo, firmando una etapa de antología en la jornada que concluyó en Alpe d´Huez. Comenzó aquel día siendo tercero en la cumbre del Izoard, manteniéndose con los mejores en el Lautaret y casi rematando la faena en la llegada, donde Cunego fue segundo, desbancado únicamente por Frank Schleck. Una oportuna resurrección, corroborada dos días más tarde por otra excelente prestación deportiva en la etapa de Morzine, que acabó en cuarta posición por detrás del increíble Floyd Landis, y los no menos eficaces Sastre y Moreau. Luego, ya saben, terminada la carrera, Cunego ocupó la undécima posición de la general, en la que subió un puesto por la descalificación de Landis, consiguiendo también la primera posición en la clasificación de los jóvenes.

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