Christian Prudhome de Francia Tour UCI  
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Carlos De Andrés
Saludos, buenas tardes. O buenos días o buenas noches, que ésta es la ventaja de una revista respecto a la televisión: poder consumirla a cualquier hora del día. Me encantaría poder estrenarme como articulista con una visión optimista de nuestro deporte, pero cuando veo lo brillante que ha sido la temporada del ciclismo español y como está la situación de nuestro deporte y las audiencias televisivas (exceptuando días puntuales del Tour) siento preocupación. Preocupación y tristeza porque a mí este deporte me ha dado tanto, me ha hecho disfrutar tanto…
Tanto escándalo, tantos enfrentamientos desgastan a cualquiera o quizá alguien pensó que podríamos resistirlo todo. De hecho, a veces pienso que este deporte tiene una base más sólida de lo que sabíamos porque les aseguro que podríamos estar peor. Parece claro que el ciclismo es ahora un deporte más limpio, pero ¿por qué si la lucha contra el dopaje funciona no conseguimos recuperar credibilidad? Creo que la respuesta está en la gestión, en el enfrentamiento entre la UCI y el Tour. Me da la sensación de que la UCI se siente débil y utiliza su dominio de la información en temas de dopaje en su lucha contra los grandes organizadores y eso es muy peligroso. No sé qué o quién gana, pero sí sé quién pierde. El ciclismo.
El túnel es largo y oscuro, muy largo y muy oscuro y para salir de él hace falta un esfuerzo colectivo cercano a una catarsis. Equipos y corredores deben darse cuenta de que en temas de dopaje, como dijo Christian Prudhome, director del Tour de Francia, “no se puede jugar a la ruleta rusa, hay bala”. Riesgos los justos. Y a lo organizadores y a la UCI hay que exigirles que pongan fin a su guerra. Se supone que a ambas partes les interesa un ciclismo fuerte y saneado para que funcione mejor. Pienso que su guerra está haciendo mucho daño a un deporte que debería estar bajo su manto protector. No voy a decir quién debe ceder, pero todas las grandes federaciones han aceptado que empresas privadas gestionen competiciones potentes. Dejemos de mirarnos el ombligo, no pensemos que lo sabemos todo, miremos el ejemplo de otros y entendamos que cualquier deporte que funciona se estructura sobre dos bases: espectáculo y televisión. Para eso hacen falta recorridos atractivos y ciclistas que llamen a los aficionados. De eso hemos debatido mucho en la última Vuelta a España. Los organizadores deben entender que en el siglo XXI lo que no se ve, no existe. Hay que hacer un planteamiento televisivo de las carreras. Dejémonos de etapas tácticas y salidas espectaculares. Yo y los aficionados lo que queremos son finales atractivos para que la gente se pegue al televisor, a la radio y para que los periódicos encuentren argumentos para llenar sus páginas. Tenemos unos meses por delante para reflexionar sobre ello. Hasta mañana… quiero decir, hasta la próxima. .
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