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DOS ALTOS, DOS SALTOS
Bergara Cicloturismo Gipuzkoa Gorla monte Jaizkibel Urola valle del Deba  
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1. Introducción2. Más información3. Gorla4. Jaizkibel
Los dos puertos que os presentamos son historia viva del ciclismo vasco y, sobre todo, un par de bellas ascensiones que sólo el buen cicloturista es capaz de descubrir y admirar. Si el puerto de Gorla, en Bergara, suele dar el billete a profesionales a quien vence en su cima, el monte Jaizkibel se constituye en el juez de guerra, más que de paz, donde se dirime la victoria de la Clásica de San Sebastián. Para nosotros son una ocasión inmejorable de gozar de la hermosa tierra guipuzcoana.
Gipuzkoa es la provincia más diminuta de todo el Estado: en el vértice del Golfo de Bizkaia, sus apenas 2.000 km_ se nos muestran subdivididos por el curso de sus seis ríos principales (Bidasoa, Oiartzun, Urumea, Oria, Urola y Deba), que se memorizaban de corrido hace no tantos años en la escuela. Su capital, San Sebastián -que allí llaman Donostia y donostiarras a sus habitantes-, atrajo en el siglo XIX a la reina María Cristina, quien, enamorada de la bahía de La Concha, trasladó allí su corte en verano. Desde entonces, muchos han caído rendidos ante los encantos de esta hermosa ciudad, humana y equilibrada, que combina junto al mar pequeñas montañas, playas de fina arena, suntuosos edificios y agradables paseos a recorrer en bicicleta o a pie.
Sin embargo, sólo una cuarta parte de los guipuzcoanos vive en la “Bella Easo”. En el conjunto de este territorio histórico, “tan pequeño, tan grande”, cada comarca tiene su peculiar personalidad y hay sobrados motivos para acercarse a muchos de sus parajes. Junto al Cantábrico, el azul intenso de los 86 kilómetros de la costa contrasta admirablemente con los acantilados rotos por la erosión, las limpias playas y los puertos pesqueros de gran tradición.
Muy cerca, la Gipuzkoa Verde nos brinda el encanto de sus pequeños núcleos rurales, de los magníficos parques naturales de Aralar y Aizkorri, el interés histórico de sus villas más emblemáticas y hasta los tres enclaves religiosos de estas tierras ignacianas: la basílica de Loiola, el santuario de Arantzazu y la ermita de la Antigua, en Zumarraga. Estas dos últimas han sido en innumerables ocasiones punto final de tantas y tantas carreras ciclistas como aquí se desarrollan, y ambas, como prueba de la idiosincrasia propia del ciclismo vasco, se ubican en lo alto de sendas ascensiones, a cual más renombrada.
EN EL CORAZÓN DE EUSKADI
Y es que, cuando un chaval vasco se sube a la bici y dice a sus “aitas“ que se va a dar una vuelta con los amigos, podemos asegurar sin temor a equivocarnos que en pocos kilómetros la batalla entre todos ellos se habrá desatado casi sin querer, a nada que la ruta comience a empinarse. Y ello resulta obligado, porque es casi imposible encontrar más de diez kilómetros llanos donde poder aprender a enfrentarse al viento dando relevos en el grupo, mientras se mueven grandes desarrollos. Luego, si la pasión ciclista acaba por atraparles y entran a formar parte de algún equipo de juveniles, irán conociendo las cimas más habituales en la infinidad de pruebas ciclistas de estas tierras. Y en pocos años tendrán puesta su ilusión en ganar en Gorla y dar así el primer salto de relieve en su carrera.
Nos atrevemos a afirmar que esta afamada subida es una de esas citas que nos recuerdan que el mundo del ciclismo sigue manteniendo algunas de sus constantes vitales. Los vencedores en su cima dan el salto a profesionales en la mayoría de los casos y, no conformándose con ello, sus carreras suelen ser exitosas. ¿O no lo han sido, en mayor o menor medida, las de los Julián Gorospe, Peio Ruiz Cabestany, Iñigo Cuesta, Santi Blanco, Carlos Sastre, “Purito” Rodríguez, Alberto Contador y el doble vencedor, en este caso de casa, Juanma Garate? Quien quiera vislumbrar por dónde pueden ir los derroteros del ciclismo profesional en España, no tiene más que acercarse a la histórica villa de Bergara a finales de marzo y podrá ver en acción a los hombres que serán portada de la prensa ciclista en los próximos años.
Enclavada en un importante nudo de comunicaciones, la villa guipuzcoana es el lugar donde se cruza la autopista Eibar-Vitoria con el eje transversal Beasain-Durango, y se encuentra equidistante de las tres capitales vascas: Bilbao, San Sebastián y Vitoria. En el corazón de Euskadi, rodeada de verdes montañas, Bergara es una localidad industrial y de servicios que ha sabido conservar su casco histórico monumental, jalonado de bellos palacios y elegantes mansiones. A orillas del Deba, en la comarca que lleva el nombre del río, Debagoiena (el alto Deba), la historia ha ido dejando retazos de un esplendoroso pasado. Los dólmenes de sus montañas próximas nos hablan de la cultura pastoril de unas gentes que salieron de la Prehistoria para entrar en la Historia de la mano de los geógrafos e historiadores Plinio y Estrabón. De acuerdo con sus descripciones, este territorio estuvo habitado por los caristios, que se extendían también por el este de lo que luego sería Bizkaia. Parece escasa la influencia recibida de los romanos, visigodos y musulmanes, que apenas sí llegaron hasta estas tierras tan al norte.
Ya en la Edad Media, la necesidad de unir por una vía comercial Castilla con los puertos cantábricos, hizo de Vergara (con v o con b se ha escrito), lugar de mercado y confluencia de trajineros y mercaderes. En el siglo XIII y para establecer un núcleo poblacional que contrarrestase la fuerza de los belicosos banderizos, Alfonso X el Sabio concedió el privilegio de la exención de pecho a los vecinos de la Villanueva de Vergara. Siglos más tarde, allí se celebraba el mercado de trigo tres veces por semana, lo que atraía a gran cantidad de gente: de ahí la existencia de numerosos albergues y posadas.
Además de esta función comercial, se desarrollarán los talleres dedicados principalmente a la transformación del hierro: los ferrones recibían en sus fraguas el mineral de hierro con el que elaboraban azadas, machetes, etc. Luego, los cuchilleros trabajaban en la obtención de armas blancas y también había artesanos dedicados a las armas de fuego dentro de la tradición armera de la cuenca del Deba. De este modo se desarrolló la arquitectura civil, porque los nobles, ricos comerciantes y funcionarios del ejército y la administración reconstruyeron o edificaron sus hogares, viéndose también beneficiados de tanta riqueza los edificios religiosos más importantes de Bergara.
La villa destaca en el siglo XVIII por sus centros de enseñanza. La expulsión de los jesuitas por Carlos III dio pie a que la recién creada Real Sociedad Vascongada de Amigos del País solicitara al rey el colegio que aquellos poseían en esta villa, con la intención de poner en práctica sus ideas ilustradas. Y a fe que lo consiguieron: el alto nivel de sus estudios llenó sus aulas de alumnos de todo el mundo, posibilitando que en sus laboratorios los hermanos Elhuyar descubrieran en 1783 el wolframio. Ya en el siglo XIX la provincia fue escenario de las Guerras Carlistas: bien conocido es el abrazo de Vergara, que dio fin a la primera de ellas, cuando en sus campas se reunieron formados los dos ejércitos, mientras Espartero y Maroto simbolizaban con el apretón el acto final de la guerra en el norte. Aunque sólo fuera por este histórico encuentro, el nombre de Bergara no resulta desconocido para generaciones enteras de españoles.
TIERRA DE CONTRASTES
Tampoco son anónimos los nombres de los vencedores en el puerto bergaratarra. Pero, si bien esa victoria ha facilitado a un buen número de ellos el paso al profesionalismo, el ansiado salto que les hace dedicarse en cuerpo y alma al esforzado deporte del pedal, es sin duda el salto a esa fama que puede conseguirse sin salir de tierras guipuzcoanas: basta con pasar en el grupo de cabeza el monte Jaizkibel y vencer finalmente en el Paseo del Boulevard donostiarra. ¿A quién no le gustaría unir su nombre al de los Lejarreta, Indurain, Bugno, Chiapucci, Armstrong, Rebellin, Jalabert, Bettini y demás vencedores en la única Clásica UCI ProTour de la Península? Pura historia del ciclismo mundial.
Entre las cumbres de las Peñas de Aia y la bahía de Pasajes extiende sus encantos el cambiante paisaje de Oarsoaldea, que, en escasos metros, alterna el verdor de las montañas con los núcleos industriales de Renteria o Pasajes. Es curioso que, siendo una comarca costera, Oarsoaldea carezca de playa, ya que su litoral está ocupado por atractivos montes que permiten otear el horizonte marino sentados se adentra en la bahía de Pasajes, recibiendo las aguas del río Oiartzun y dando lugar a la aparición de los tres núcleos que conforman el municipio de Pasaia: San Pedro, Ancho y San Juan. El recorrido por la única y estrecha calle de San Juan, con sus casas-puente, da acceso a una de las más encantadoras y típicas plazas de los pueblos de la costa, la de Santiago, con edificios de típica arquitectura marinera, casa consistorial y frontón.
Es Pasajes, al pie del puerto de la Clásica donostiarra, y Gipuzkoa en su conjunto, un pueblo con tradición turística, pero no de un turismo masivo, sino del que sabe compartir con los visitantes los mismos placeres que apasionan a los naturales y, en especial, la gastronomía en todas sus manifestaciones. Pero por encima de todo ello, sus gentes logran transmitirnos sus contagiosas ganas de vivir. Y a eso hemos venido, a vivir la experiencia inolvidable de saltar de la afición a la fama en una de las cunas del ciclismo hispano.
SALTO A PROFESIONALES
Localización: Es la GI-3750, que partiendo de Bergara en el valle del Deba se dirige a Azkoitia, ya en el valle del Urola.
Especificaciones: Carretera en buen estado y con señalización horizontal. Las sombras son abundantes y el tráfico no es excesivo.
Fuentes: Pasado el km. 2, a la altura del caserío Ugarriaga, a mano derecha hay un abrevadero con fuente. A mitad de la ascensión, en el caserío Amesti, se puede dejar la bici y, a mano izquierda, pasando una valla, a unos 30 m. en un prado hay una fuente en la que los vecinos suelen coger agua para llevar a casa. Pasado el alto, cuando se empieza a llanear y antes de llegar a una cantina, encontramos otra en una curva de 90º, a la izquierda.
Descripción: La larga cadena de montes que se extiende entre Karakate -otro de los puertos más duros de Guipúzcoa- y el Irimo, sobre la localidad de Urretxu, es conocida como la ruta de los dólmenes, por el número de monumentos megalíticos, la mayoría mal excavados, que coronan cada uno de sus collados y cimas. El punto más alto es el Irukurutzeta (Tres Cruces), a 900 m. de altitud, y toda la cordillera se distingue por lo abrupto de sus laderas, que caen con grandes desniveles sobre los valles de Deba y Urola. Justo en el centro de estas montañas, ahora cubiertas de pinos y hasta hace no muchos años tierra de pastores y carboneros, se encuentra el puerto de Gorla, como se llama en Bergara, topónimo que da nombre a un paraje concreto junto al punto en el que se corona, o Elosua, denominación que recibe por parte de los habitantes de Azkoitia, el núcleo de población que se ubica en la ladera opuesta, en el valle del Urola, Esta tradicional subida es una de las pruebas ciclistas de mayor solera en Euskadi y bien que merece la fama que ostenta en el ciclismo vasco, donde todos los buenos aficionados de la tierra buscan, tras un duro recorrido, una victoria que suele facilitar a casi todos los ganadores el difícil salto al profesionalismo.
La villa de Bergara, donde se inicia nuestra ascensión, ha crecido considerablemente durante las últimas décadas, sobre todo a consecuencia de un intenso desarrollo industrial. Para esta ampliación se ha debido aprovechar la cuenca del río Deba y en ella, aquellas zonas donde el valle se ensancha, perdiéndose así las tierras más fértiles para la agricultura: es un tributo que debe pagarse en aras del progreso. Con todo, no tenemos más que abandonar los márgenes del río y empezar a subir por las cadenas montañosas que lo enmarcan para sentirnos totalmente alejados del agobiante tráfico, que transita por la ruta paralela al cauce del curso fluvial más occidental del territorio histórico de Gipuzkoa. En una de esas sierras, al este del Deba, es donde abordaremos esta bella escalada al popular puerto de Gorla.
Junto a un semáforo en la calle Arane Erreka de Bergara iniciamos una fuerte rampa que pronto se va a situar cerca del 10%, en el barrio de Bolu. Pasamos por debajo de la antigua vía, hasta que una amplia vaguada izquierda nos aleja definitivamente de las últimas casas y nos sitúa ante la primera de las cinco herraduras de una ascensión de 7 km., con pendiente mantenida entre el 7 y el 8%. Volvemos a atravesar la vaguada en su parte alta y la carretera va ganando inclinación progresivamente, mientras supera en amplios zig-zags las cuatro herraduras restantes. La sombra de los pinos dispersos va suavizando el impacto de los rayos solares, temibles en días de bochorno, mientras serán varias las rampas que irán apareciendo a nuestro paso y nos obligarán a redoblar el esfuerzo que ya nos está exigiendo la apreciable dureza del puerto. Desde la última herradura a la cima ya no encontraremos árboles que nos protejan, justo cuando vamos a afrontar el tramo más empinado de toda la escalada. Al dejar a nuestra derecha la antena y una ermita en el monte Itxusmendi, estaremos a punto de lograr el definitivo descanso, que da paso a un precioso descenso hacia el valle del Urola. Antes de hacerlo, deberemos detenernos a sentir la atracción de la montaña en el Área Recreativa que se halla a apenas un kilómetro de la cima.
* Nota de los autores: la cota del alto está tomada del CNIG.
SALTO A LA FAMA
Localización: En la carretera que une las localidades guipuzcoanas de Lezo y Pasajes de San Juan (Pasai Donibane), frente a una central térmica, debemos tomar a mano derecha la GI-3440, que nos lleva a Hondarribia (Fuenterrabía) a través de este alto.
Especificaciones: Carretera en buen estado y con señalización horizontal. El tráfico es escaso entre semana y las sombras abundantes en los primeros kilómetros.
Fuentes: Desconocidas.
Descripción: Estamos ante uno de los puertos míticos de la geografía vasca, no tanto por la dureza de sus poco más de 8 km. como por ser el punto donde tradicionalmente se decide el resultado de la célebre Clásica de San Sebastián. Es el Jaizkibel un monte próximo a San Sebastián, pero pertenece a los términos municipales de Pasaia (Pasajes), Lezo y Hondarribia (Fuenterrabía). Tal nombre parece derivar de “aitz”, denominación con que los naturales designan á la peña de Arando, que es la que se halla a la entrada del canal de Pasajes y da comienzo a este monte, y “gibel” que significa detrás. De ahí que se haya interpretado Jaizkibel, “aitz-gibel”, con el significado de “detrás de la peña”. Esta mole montañosa corre paralela al mar Cantábrico de este a oeste con una altitud media de 400 m., y tiene su punto culminante en el pico de San Enrique (547 m.), situado justo en el límite municipal entre Pasajes y Fuenterrabía. En su extremo oriental y cerca de esta última población se encuentra el Cabo Higuer, accidente geográfico que se puede considerar como el comienzo (o fin) del Jaizkibel o del Pirineo y que protege la Bahía de Txingudi de los embates del mar Cantábrico.
A medida que se asciende hacia su punto culminante, cada movimiento de la carretera serpenteante, cada curva es un nuevo desafío, pues si miras curiosamente hacia abajo sabrás que en todo el recorrido te acompaña un precipicio. Mejor será para algunos disfrutar de las formaciones rocosas de la Era Terciaria, que se ciernen a lo lejos como si las olas del mar hubiesen quedado petrificadas al hacer vanos intentos de acercarse demasiado al monte. Pequeñísimos bosques se asoman con timidez donde alguna vez, según cuentan, hubo grandes pinos que fueron devorados por los incendios de verano. A lo largo de la subida, podrás también girar la cabeza hacia tu derecha y contemplar alguna de las seis torres de vigilancia y señalización que servían de defensa durante la Guerra Carlista.
Pero vamos a lo nuestro, la bicicleta. En sus tres primeros kilómetros nos vamos a encontrar la auténtica dificultad de este puerto, bajo la sombra de pinos y castaños y trazando sucesivas curvas de herradura, con rampas de hasta un 11% y también algún tramo más favorable. Tras una herradura a la derecha llegamos al Aterpe Arrokaundieta y, al divisar uno de esos antiguos torreones, coronamos un primer alto, que da paso a una zona bastante llevadera, aunque con alguna rampa intercalada que puede sorprendernos. Más aún si nos dejamos atraer por el espléndido paisaje que nuestros ojos van descubriendo según ganamos altura en dirección a las antenas que ya se ven en lo alto. Y es que el mar Cantábrico tiene un poder de atracción tal, especialmente en los días de mucho viento -no son pocos en este puerto-, que hasta podemos olvidar lo que aún nos queda, ensimismados en su contemplación. Se nos mostrará besándose con el horizonte y, en la lejanía, la falsa pequeñez de algunas embarcaciones desperdigadas parece esperar autorización para entrar al puerto de Pasaia. Pero es precisamente en este tramo donde suelen producirse las escasas diferencias que permiten a los más fuertes, si se lanzan a un descenso suicida hacia Fuenterrabía, llegar en solitario a la meta donostiarra en la citada prueba.
Nuestra ruta ha discurrido por la ladera norte de la montaña hasta que coronamos en el punto más alto de la carretera, paraje conocido como Atxaingo Lepoa. Todavía nos queda algo menos de 1 km. hasta las antenas que, ahora que ya está bien asfaltado, no hay excusa para no alcanzar. Desde ese mirador privilegiado se puede divisar una panorámica soñada de la hermosa bahía de Txingudi. Sentirás que Hondarribía está a tus pies...para conquistarla sólo tienes que descender...También ése será un paseo de lujo…o un salto a la fama.
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