Bahamondes competición España Juan Antonio Flecha Loroño Miquel Poblet Óscar Freire  
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1. Introducción2. Más información
Tradicionalmente, las grandes vueltas por etapas han sido el terreno en el que los ciclistas españoles han dado lo mejor de sí y han conseguido sus éxitos más destacados. Las cosas han cambiado y Giro, Tour y Vuelta ya no acaparan las únicas victorias de renombre de los nuestros, que tienen en las clásicas y otras carreras de menor duración un nuevo objetivo a su alcance.
Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia. Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño. Entre el toledano y vizcaíno, ese país que se recuperaba de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables.
En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas. En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia. Hablamos de la edición de 1959. Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias. Y lo hacía en el único foro donde podía llegar a igualarlas, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.
Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones. Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán-San Remo de los años 57 y 59.
La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.
PEQUEÑAS Y GRANDES VUELTAS, TERRITORIO AMIGO
El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa. Con la Vuelta y tres de sus ediciones consumidas llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz ... Como era previsible la Vuelta no tardó en caer en manos anfitrionas.
En el Tour de Francia, Bahamontes ganó con medio siglo de historia consumida. A la del toledano se le sumarían las victorias de Ocaña, Delgado, Indurain, Pereiro y Contador. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría lo que nadie lo ha vuelto a hacer.
Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión. En la París-Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones. No ocurrió lo mismo en la Tirreno, que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio.
En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdos en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente cerró la sequía en la Vuelta a Suiza, que más recientemente ganaría Aitor González. Evidentemente, el repaso debe incluir carreras surgidas con el ProTour, si bien algunas de ellas no ofrecen la perspectiva histórica de otras, al menos sí que merecen caer en el saco de méritos de nuestros ciclistas. Con tres ediciones celebradas, el Eneco Tour ya está en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez, ganador hace menos de un año.
El Dowm Under, que abriera esta temporada el circuito auspiciado por la UCI con Rojas en segunda plaza, vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas. En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio. No se contemplan ni éxitos ni podios españoles en la Vuelta a Polonia, también en el ProTour, ni en carreras de la representatividad de los Cuatro Días de Dunkerque o los Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.
68 AÑOS PARA GANAR UN MUNDIAL
Si en los años 50 un español vistió el maillot amarillo en París, no fue hasta hace menos de cinco temporadas que ninguno de los antiguamente llamados “íberos” se hizo con carreras como Flecha Valona, Lieja-Bastoña-Lieja, Campeonato de Zurich o Gante-Wewelgem. Un palmarés asimétrico que parece camino de corregirse. Sin embargo, un hito algo lejano en el tiempo quiso darle, aunque de forma esporádica, continuidad a la obra de Poblet.
En 1992, Federico Echave ganaba el lejano Gran Premio de las Américas en Canadá, logrando así la segunda victoria española en los años de la Copa del Mundo. Si Miguel Indurain había abierto este capítulo en Donostia, un par de años antes, la del corredor de Kortezubi era la primera en terreno foráneo. En la extinta Copa del Mundo, que la UCI dio sepultura en 2004, hubo otros tres triunfos españoles, los tres precisamente el año del sepelio de este ranking.
En 2004 ganaban Óscar Freire, Miguel Ángel Martín Perdiguero y Juan Antonio Flecha, San Remo, San Sebastián y Zurich, respectivamente. Sin embargo, para muro infranqueable, ninguno como el del Campeonato del Mundo. No fue hasta Colombia en 1995 cuando el ciclismo español no inició la cuadratura del círculo en la que se halla inmerso. Si Wewelgem necesitó de 70 años para ser española, el Mundial instó de 68.
En 1935, en la novena edición, la localidad belga de Floreffe era escenario de un desenlace que ubicó a Luciano Montero en la segunda plaza. Luego llegarían las preseas de Ramón Saez, Luis Ocaña, en la olímpica montaña de Montjuïc, y Juan Fernández. Medallas todas ellas importantes, pero ninguna de matiz dorado y huérfanas de arco iris. En 1995, Abraham Olano, segundo en la anterior Vuelta a España, visitó por fin el preciado maillot arco iris acompañado por Miguel Indurain, portador al final de dos platas en esta cita, y Marco Pantani. Luego vendrían tres títulos de Óscar Freire y otro de Igor Astarloa, a los que cabe añadir varios podios de Alejandro Valverde. Hace 20 años España acudía a los Mundiales de mero relleno, ahora lo hace con varios líderes y un equipazo a su alrededor. ¿Entienden la diferencia?
ESOS ODIADOS ADOQUINES
Cuando Igor -por Astarloa- y yo veíamos ciclismo por la tele siendo amateurs, disfrutábamos mucho más viendo la Roubaix que la Vuelta a España”. Estas palabras de Pedro Horrillo, uno de los “abogados del diablo” por las grandes clásicas, resumen perfectamente el carácter universal de la generación que finalmente ha tomado las riendas del ciclismo en España.
El cambio más sustancial ha sido sin duda, la variación de actitud ante las grandes citas del pavé. En torno al Tour de Flandes y la París-Roubaix, creció durante muchos años una leyenda negra que alejaba a los primeros espadas del ciclismo español de sus cunetas. Ahora parte de esos primeros espadas se atreve con el reto. Hasta que Juan Antonio Flecha no probó los cajones de Roubaix y, este mismo año, Flandes, sólo el legendario Poblet había estado en uno de ellos. El mito catalán fue segundo en 1958 y tercero en 1960 en el “Infierno del Norte”.
Cuando Flecha se fugaba junto a Tom Boonen y George Hincapié en 2005 y arribaba tercero al velódromo, se zanjó una ausencia de nada menos que 45 años. Un par de años después, el catalán oriundo de Buenos Aires, volvió al podio para ser segundo. Esta temporada, Flecha rompió el maleficio flamenco logrando la tercera plaza en la Ronde. Hasta la fecha, el mejor resultado de un español en los muros de Flandes lo había firmado Del Nero sin pasar del top ten. Si Luis Otaño, 35º en 1963, hubiera levantado la cabeza…
Eso sí, los larguísimos palmarés de Flandes y Roubaix todavía carecen de nombres españoles entre sus ganadores, todo se andará. En las semiclásicas belgas cabe anotar presencia española y también reciente. Hasta el año en curso, nadie había ganado la Gante-Wewelgem. Ha sido de la mano de otro de los pioneros, Óscar Freire, tercero aquí el año pasado. Hasta 2005, tras la vergonzosa “persecución tras moto” protagonizada por Nico Mattan, ninguno había estado en el podio. Entonces tuvimos a Flecha segundo, misma plaza que ocupó en la Het Volk del año pasado, superado en el tramo final por el italiano Pozzatto.
Siguiendo con el calendario belga, originales han sido las tres victorias seguidas de Freire en la Flecha Brabanzona. Tres triunfos que contrastan con la ausencia total de resultados notables en pruebas del arrojo de la París-Bruselas o Gran Premio E3.
ITALIA Y ARDENAS, POCAS PERO BUENAS
A pesar de haber sido siempre mucho más afines, las clásicas de las Ardenas junto a las grandes italianas habían ofrecido hasta hace bien poco un balance más bien pobre. En el caso de las transalpinas, existe un tremendo vacío desde las dos victorias de Miquel Poblet, prolongadas por Freire en 2004 logrando un éxito que repetiría tres años después. Por el medio, muchas y meritorias actuaciones de corredores como Pérez Francés, Perurena, Juan Fernández e incluso Edo, pero ningún podio y mucho menos, ningún éxito.
Para ausencia de triunfos por eso, el Giro de Lombardía, donde resalta el tercer puesto de Marino Lejarreta en 1988 sumado a las dos plazas de podio de Samuel Sánchez, una de plata y otra bronce. En otra de las citas notables, tradicionalmente en el otoño, del calendario italiano, la Milán-Turín, se impuso Poblet en 1957, Marcos Serrano lo haría en 2004, mismo año de la victoria de Juan Antonio Flecha en el Giro del Lazio. Las Ardenas siempre han sido, dice la leyenda, un territorio más apropiado para el corredor español, históricamente agonístico, buen “grimpeur” y osado bajador, que los adoquines de la primera parte de la primavera.
Eso es lo que dice el mito, porque la realidad ha sido más bien cruda. Hasta 2003, con Igor Astarloa, no se logró mediar con éxito en la Flecha Valona. Y hasta 2006, con Alejandro Valverde, que este año ha repetido, no se ganó la decana por excelencia, la Lieja-Bastoña-Lieja. ¡104 años después de su creación!. Con esas premisas, no se hace difícil entender que hasta este mismo año, no se haya firmado una plaza en el podio de la Amstel Gold Race.
En resumen, muchas ediciones desperdiciadas en carreras, éstas sí, que nos van como anillo al dedo. En la “Doyenne” del año 2000, David Etxebarria se clasificaba segundo, un año después tercero. El de Abadiano era el primer español en el cajón de la carrera más longeva de cuantas siguen con vida. Iban Mayo era segundo en 2003. Antes Pedro Delgado y Miguel Indurain estuvieron cerca del podio.
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