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  • El Alt Llobregat desde las alturas...
  • Hacia la Sierra de Catllarás...
  • La vida se perpetúa a los pies de la Mare de Déu...
  • A las puertas del Santuario de Falgars....
  • Cruz en la Sierra de Falgars....
  • El Mirador sobre el valle de Lillet....

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EL GUSTO DE VIAJAR

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EL GUSTO DE VIAJAR

Ciclismo en Ruta nº 043

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1. Introducción2. Más información3. Collada de Sobirana4. Mare de Déu de Falgars

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Es el Llobregat uno de esos ríos cuyo nombre nos suena a todos desde la escuela, aunque quizás las nuevas generaciones de estudiantes no puedan decir lo mismo. Desde su nacimiento en Castellar de n’Hug hasta su pantanoso delta en El Prat, el río catalán da vida a una amplia comarca. Su curso alto nos invita hoy a un maravilloso viaje en contacto con la naturaleza descubriendo dos misteriosas y poco conocidas ascensiones en la Sierra de Falgars: la Collada de Sobirana y el santuario de la Mare de Déu.

UN RÍO SOMBRÍO
Este parece ser el significado del topónimo que da nombre al curso de agua que nace en las montañas de la Sierra del Cadí. Quizás tal denominación (Llobregat = lóbrego) haga referencia a la falta de insolación que en ese primer tramo fluvial impide ver el fondo, encajonado como discurre por entre los angostos valles de abrupto relieve y áspera belleza del Alt Berguedà. La actividad agropecuaria y la de los pelaires (tejedores de lana) del condado medieval de Berga dio paso, a partir del siglo XVIII, a la especialización en el algodón, de la que la comarca fue pionera (la “berguedana” fue una famosa máquina de hilar): esto explica la instalación de una serie de importantes colonias textiles que aprovecharon la energía hidráulica del Llobregat hasta que se produjo la crisis actual del sector. A su lado fueron muchos los emprendedores que forjaron el pasado industrial de la comarca. Pero lejos del ruido de los telares y el humo de las chimeneas fabriles, descubrimos un río rodeado de una exuberante naturaleza. Su nacimiento es toda una explosión de vida, seguramente la que sirvió de inspiración al genial arquitecto Gaudí, que dejó su impronta en estas tierras, como luego explicaremos. También nosotros queremos dejar nuestra huella en lo alto de las montañas de esta preciosa comarca barcelonesa, y para ello fijaremos nuestro punto de partida en la localidad de Guardiola de Berguedà. Es éste un pueblo relativamente moderno cuyo desarrollo se debe al ferrocarril, si bien la presencia humana en el valle se remonta por lo menos hasta la Edad Media. El nombre del Monasterio de Sant Llorenç, sobre la peña que se asoma al pueblo, aparece documentado ya en 898 y a él perteneció la villa desde la siguiente centuria.

Con estos datos podemos situar el origen del actual municipio en paralelo al de la vieja Catalunya y a la política de repoblación de estos valles pirenaicos fomentada por el conde Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós) y sus descendientes, liberados ya del yugo franco, hasta lograr la unificación de los condados catalanes. A esa época se remonta también el castillo, de vital importancia en la Edad Media por su situación estratégica, aunque hoy sus escasas ruinas apenas sí permanecen visibles sobre el Collado de Aïna, que domina el punto de encuentro entre los ríos Saldes y Llobregat.

CATLLARÀS: IGNORADA, VIRGEN Y MISTERIOSA
Desde Guardiola nos dirigiremos hacia Sant Julià de Cerdanyola, puerta de acceso a la Sierra de Catllaràs y su parque natural. Este macizo montañoso de 150 km., con alturas que superan los 1.700 m., aparece recubierto de frondosos bosques de hayas, pino rojo, robles, encinas y amplios prados que configuran un hábitat ideal para gran variedad de especies vegetales y animales. Aunque en pleno siglo XXI parezca imposible, aún existen rincones prácticamente desconocidos por la mayoría de los amantes de la montaña. No llegaremos hoy a introducirnos en estos parajes ignorados, vírgenes y misteriosos del Alt Berguedà, sino que, remontando la Collada de Sobirana y sus 1.212 m. de altitud, daremos vista al valle de Lillet, por donde discurre el sombrío Llobregat. Aquí no valen las trampas, por lo que para ir a rezar a la Virgen tras superar ese primer escollo montañoso, no se permite tomar la ruta que en menos de dos kilómetros nos sitúa en lo alto de la Sierra de Falgars: deberemos, por el contrario, descender hasta el puente sobre el río para retornar sobre nuestros pasos y superar como Dios manda esta bella ascensión. Si por falta de tiempo o de ganas, optamos por enfrentarnos únicamente a esta subida, podemos seguir el curso del Llobregat desde Guardiola de Berguedà en dirección a La Pobla de Lillet, mientras vamos bordeando los riscos de Els Banyadors, que separan Sant Julià de Cerdanyola del valle de Lillet. Y unos 8 km. más adelante, tomando a mano derecha un brusco descenso hacia el río “que nos lleva”, afrontaremos la escalada a la Mare de Déu, cuyo actual santuario tuvo su origen en la ermita románica construida en un paraje llamado Falgars (lugar de muchos helechos).

Durante siglos éste ha sido un sitio de peregrinaje, no sólo para los poblatanes y vecinos de la comarca, sino también para gente venida de lejanas tierras. Cualquier motivo es válido: si son muchos los que acuden hasta sus 1.278 m. para casarse o para disfrutar de la romería del domingo más próximo al 8 de septiembre, también es razón suficiente el juntarse con los amigos para dar buena cuenta de una suculenta chuletada, ¿no os parece? Pero nuestra meta es hoy bien distinta: vencer una subida con gran significación en la zona y de especial encanto.

EL CHACACHÁ DEL TREN
Finalmente, tras el agradecimiento a la celestial señora por el magnífico panorama que hemos podido contemplar desde el mirador de lo alto, no sería mala idea acercarnos a recorrer La Pobla de Lillet, pueblo situado en la confluencia del Arija y el torrente del Regatell con el Llobregat. En esta población de la isla (l’illet que antaño existía en el río) deberemos visitar el monumento dedicado a Eusebi Güell, en reconocimiento a su tarea de difusión y promoción de la comarca, y el Pont Vell, puente románico con un arco de medio punto. Sin embargo, a pesar de que dentro del pueblo se halla la iglesia parroquial de Santa María, las ermitas más interesantes desde el punto de vista artístico están en las afueras: a dos kilómetros del centro encontraremos la antigua parroquia de Santa María, con un claustro de cuatro arcadas en cada galería, y sólo unos metros más lejos se encuentra la iglesia románica de Sant Miquel, del siglo XII. Tampoco estaría de más dar un recorrido por la zona subidos al “Carrilet” o Tren del Cemento, que recorre ese terreno montañoso hasta alcanzar prácticamente las fuentes del Llobregat. Desde la estación de La Pobla hasta la de Castellar de n’Hug, a lo largo de sus 32 sugerentes kilómetros que bordean casi siempre el río, podremos asomarnos a la belleza de una rica zona de bosques y aguas cristalinas. El tren -el más pequeño de los ferrocarriles de uso público de toda España con apenas 60 cm. de ancho de vía-, sigue el recorrido del río Llobregat hacia la estación de los Jardines Artigas, encargados por el industrial Joan Artigas a Antonio Gaudí, quien dejó aquí una auténtica obra maestra. Las grutas rocosas del lugar y las aguas del río juegan un papel importantísimo en manos del artista, y gozaremos también con los elementos clásicos de su arquitectura: las formas de la naturaleza, las barandillas y los alicatados de piedras rotas y los magníficos parterres de plantas. La siguiente estación es la de Castellar de n’Hug, a corta distancia del Museo del Cemento Asland. Es aquí donde el conde Güell fundó su explotación cementera en 1910, conocida como el Clot del Moro. El museo es un ejemplo típico de la arquitectura catalana de principios del siglo XX y nos muestra los distintos pasos de la elaboración del cemento. Aprovechemos, si tenemos tiempo, para caminar por los alrededores y llegar hasta las fuentes del Llobregat por un bello camino rodeado de bosques y guiados por el murmullo de las aguas. Si así lo hacemos, el Carrilet nos regalará un día sorprendente e inesperado de relax, en contacto con la naturaleza y con las hermosas obras creadas por la mano y el esfuerzo del hombre. Y es que, como dice la canción: “Al compás del chacachá, del chacachá del tren, ¡qué gusto da viajar cuando se va en Express!...”. Si bien es muy posible que el gusto sea menor que el que habremos experimentado en esta inolvidable jornada cicloturista por la comarca del Alt Llobregat.

UN BUEN CALENTÓN
Localización: en la B-402 que parte de Guardiola de Berguedà hacia La Pobla de Lillet, deberemos tomar a mano derecha en unos centenares de metros la BV-4021 hacia Sant Julià de Cerdanyola.
Especificaciones: buen suelo para una carretera tranquila, de unos 4 metros de anchura y sin señalización horizontal. Bastante sombra a lo largo de la ascensión.
Fuentes: una en la misma plaza de Guardiola, junto al río. Otra al pasar por Sant Julià y la última en el área recreativa de Sant Antoni, poco antes del kilómetro final de la subida.
Descripción: el valle del Llobregat reúne todos los encantos precisos para hacernos gozar de varias excursiones inolvidables a lomos de la “flaca”. Su mismo nacimiento en plena ascensión a La Creueta, uno de los puertos míticos y más bellos del Prepirineo catalán, es la prueba más evidente, ya desde sus fuentes cercanas a Castellar de n’Hug, de que dejarnos llevar por el “río sombrío” nos va a brindar todo tipo de satisfacciones, tanto paisajistas como puramente ciclistas.

La Collada de Sobirana, que aquí os proponemos, os servirá para preparar vuestro cuerpo al esfuerzo que se le va a exigir en los más de 20 km. de escalada a La Creueta. No es muy larga, pero sí tiene la distancia y la dureza suficiente como para lograr ese calentamiento cuesta arriba o, si no estáis por la labor de enfrentaros al coloso, para conseguir que os tengáis que esforzar un rato en medio de una naturaleza tremendamente acogedora. Desde el inicio, tras atravesar el puente sobre el Llobregat, las rampas empiezan por ser… digamos que interesantes. Ese primer tramo se hace muy entretenido y nos permite ganar altura mientras vamos trazando una tras otra las seis curvas de herradura que nos levantan sobre la localidad de Guardiola de Berguedà y su espléndido valle, con la espectacular sierra del Cadí al fondo. Son apenas tres kilómetros hasta llegar a la Ermita de les Esposes en los que en algún momento las rampas se han acercado ya peligrosamente al doble dígito. Al pasar junto al pequeño templo no estará de más que tengamos un recuerdo especial para nuestras sufridas esposas que, refunfuñando o no, casi siempre nos esperan en casa mientras nosotros disfrutamos de nuestra “locura de las cumbres”. Seamos, por lo menos, conscientes de su sacrificio y agradezcámoselo al volver al hogar.

Mil metros después llegaremos a Sant Julià de Cerdanyola, un pueblo situado en un amplio valle encima de Guardiola, de la que le separa el impresionante salto que venimos de superar. Lo primero que llama la atención a medida que uno se acerca a la localidad son las interminables hileras de paredes y tras ellas los espesos bosques de las montañas en derredor. Estos dos elementos, campos abandonados y bosques, además de las extensas panorámicas, serán constantes en nuestra ruta. Será conveniente que aprovechemos el paso por el centro urbano para detenernos a llenar las cantimploras en la Font del Castell, y hacernos una foto entre sus mesas y sillas de piedra en forma de setas. ¡El agua es buenísima! ¡Y atención, porque de inmediato llega el plato fuerte de la subida! Pasado Sant Julià afrontaremos un tramo realmente duro, con unos 600 m. de hormigón y máximas que están en varias ocasiones por encima del 12%, para completar un kilómetro entero al 10% de media: ¡casi nada! Pero no todo va a ser sufrimiento sobre nuestra bici: pasada la mitad de la ascensión empezaremos a disfrutar de unas privilegiadas vistas sobre el caserío de Sant Julià de Cerdanyola, y las montañas del Cadí al fondo, con la silueta del Pic del Pedraforca destacando sobre todas ellas. Los últimos metros los realizaremos entre un bonito y frondoso bosque que nos dará “aire” para afrontar alguna traicionera rampa máxima de dos cifras. Un pequeño cartel nos indicará que hemos coronado esta atractiva subida del Berguedà y que podemos dejarnos caer hacia La Pobla de Lillet para enfrentarnos a lo que haga falta, se llame La Creueta o el Santuario de la Mare de Déu de Falgars. Y es que…¡nos hemos pegado un calentón!...

ESCONDIDA ENTRE HELECHOS
Localización: desde la B-402 que une Guardiola de Berguedà con La Pobla de Lillet, y poco antes de llegar a esta segunda población, tomaremos a mano derecha, en descenso, la ruta que nos conducirá al Santuario de Falgars.
Especificaciones: el suelo se halla en buen estado y sin señalización horizontal, en una carretera de unos 4 metros de ancha. Abundante sombra y tráfico inapreciable salvo días festivos.
Fuentes: tres: la primera, la del Guarda Forestal, en el km. 2 a mano derecha. Hay una segunda en el collado previo al santuario y la última en un área recreativa 300 m. más adelante, ambas también a la derecha.
Descripción: antes de lanzarnos a la escalada hasta los pies de la Virgen, unos datos históricos para los interesados. La ermita original fue construida en un lugar llamado Falgars (lugar de muchos helechos), en estilo románico, ya que en la puerta tiene fecha del año1049. El 30 de marzo de 1120, sus propietarios, Ramón y Eliardis, donaron este templo al monasterio de Sant Llorenç con la condición de que fuese cuidado. El 19 de marzo de 1646 se puso la primera piedra del edificio actual, y sobre la puerta se conserva aún la piedra clave con fecha de la iglesia anterior, de la cual aún existen restos de paredes. La imagen de la Mare de Déu, esculpida en alabastro, data de principios del gótico, aunque la primitiva desapareció a raíz de alguna contienda.
La tradición nos cuenta que un buen pastor y un vecino de Saus, la hallaron perdida entre los helechos: seguramente la escondió algún fugitivo de las guerras, obligado a buscar retiro en las montañas del Pirineo. Aún hoy por esos andurriales podremos caminar hasta la cueva restaurada donde fue encontrada la Virgen, que se muestra dando el pecho a su hijo. Lección aprendida: ahora a lo nuestro. En el km. 8 de la carretera que sube de Guardiola de Berguedà a la Pobla de Lillet encontraremos un desvío a mano derecha en dirección al Santuario de la Mare de Déu de Falgars. Nada más tomarlo, y después de una corta bajada entre alguna casa de campo, llegaremos a un puente sobre el río Llobregat, punto donde se inicia esta interesante ascensión. Se trata de una atractiva subida que discurre por un entorno inmejorable, lleno de vegetación y sin especiales dificultades que nos impidan gozar de la agradable sensación de estar en relajante contacto con la naturaleza. Los primeros kilómetros son los más llevaderos, lo que nos permitirá disfrutar del paisaje: como siempre por esta zona, la característica silueta del Pic del Pedraforca parece vigilarnos al fondo. Si bien no va a ser ésta una de las características principales de la subida, sí que iremos encontrando alguna curva de herradura que nos hará ir cambiando la perspectiva en nuestra ascensión, mientras pedaleamos por entre un bonito bosque de pinos y una carretera en perfectas condiciones. En la zona intermedia de la escalada será donde hagan acto de presencia las rampas más duras, justo cuando dejamos a nuestra izquierda una senda que nos llevaría a la Cueva de la Virgen donde se halló la imagen mariana. Luego la dureza irá decreciendo a partir de dejar a nuestra derecha el desvío a la Collada de Sobirana –apenas un tramo de 500 m. pero con una tremenda exigencia- y a Sant Julià de Cerdanyola. Coronamos después la Collada de Falgars, desde donde parte una pista de tierra que se dirige en 7 km. al Chalet Gaudí y en dos más al Mirador de la Roca de Luna. Nosotros giramos a la izquierda para afrontar el medio kilómetro final hasta ponernos a los pies de la Mare de Déu. Un curioso reloj de sol en la fachada nos dice en catalán que “el sol es para mí como el amor para ti”. Y no hay mejor sitio para quedar enamorados de este paisaje esplendoroso que el Mirador de Joan Casanova que ha quedado a la derecha unos metros más abajo y desde el que podremos admirar embelesados el horizonte inmenso y espectacular que se dibuja sobre el Parque Natural del Cadí-Moixeró.

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