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ENTRE LA MESETA Y EL EBRO
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1. Introducción2. Más información3. Piqueras4. Moncayo
La importancia del río Ebro es tan grande en la Historia de España que ha dejado su nombre a toda la Península y a sus antiguos pobladores, así como a uno de sus principales sistemas montañosos: precisamente el que separa la depresión ibérica de la meseta castellana. Otros preferirán recordar, y con innegables razones, los famosos embutidos (jamones, lomos, chorizo, ...) que, sin saberlo, han hecho del Iber romano un topónimo de fama universal. Pues bien, en el Sistema Ibérico situamos hoy dos puertos de bien ganado prestigio entre los aficionados hispanos: el “imprevisible” Piqueras por su vertiente riojana y el Moncayo, con sus bosques misteriosos que inspiraron algunas de las más famosas páginas del Bécquer inmortal.
El Sistema Ibérico se extiende por el interior de la Península en dirección noroeste-sureste separando la meseta de la depresión del Ebro a lo largo de más de 500 km., desde su origen en el corredor de La Bureba, en Burgos, hasta alcanzar las aguas del Mediterráneo. Por sus cumbres discurre la línea divisoria de aguas entre la cuenca del río Ebro y la del Duero, pero también las del Tajo, el Guadiana, el Júcar y el Turia. Todo él está constituido por una serie de sierras, macizos y depresiones de diversas estructuras, a menudo aisladas, que interrumpen la continuidad del Sistema.
En su extremo occidental destaca la Sierra de la Demanda, cuyo punto culminante es el San Lorenzo (2.262 m.), y el Pico de Urbión (2.228 m.), altas cumbres en las que actuó la glaciación cuaternaria para modelar crestas, circos y lagos, como la tan “machadiana” Laguna Negra. En estas tierras se ubica la cabecera del Duero, y, a dos pasos, las aguas que descienden de la Sierra Cebollera (2.159 m.) vienen a aumentar el caudal del río castellano. Continúan luego las pequeñas sierras de Alba, Almuerzo y Madero, en Soria, que enlazan con la sierra del Moncayo, donde se encuentra la máxima cumbre de todo el Sistema Ibérico, con sus 2.316 m. En la zona central se rompe la continuidad de la cordillera para dejar paso longitudinalmente a los ríos Turia y Jiloca, y transversalmente al Jalón, en la llamada fosa de Calatayud-Teruel. Tras esta interrupción, el Sistema se divide en dos alineaciones montañosas, una que encierra la meseta y otra que se mantiene paralela al Ebro. En la alineación interior destacaremos la Sierra de Albarracín y los Montes Universales, para concluir en la Sierra de Javalambre (2.020 m.) y algunas sierras valencianas; de los Montes Universales arranca, a su vez, la Serranía de Cuenca. Por su parte, la alineación exterior, la paralela al Ebro, tiene su punto culminante en la Sierra de Gúdar (2.024 m. en el pico Peñarroya) para continuar por tierras de Teruel y Castellón, donde pasa a convertirse en el incomparable Maestrazgo. Las últimas estribaciones nos llevan hasta Peñagolosa (1.813 m.), que enlaza con la Cordillera Catalana, ya muy cerca del Mediterráneo.
Toda esta breve lección de geografía no pretende sino despertar en todos vosotros la curiosidad de ir descubriendo poco a poco las innumerables maravillas en forma de puertos de montaña que el Sistema Ibérico ofrece. ¿Quién no ha oído hablar de la Cruz de la Demanda o Valdezcaray, en la parte más occidental de la cordillera, o de las Lagunas de Neila, la Laguna Negra y Santa Inés, en los alrededores de Urbión? Las estaciones de esquí de Valdelinares y Javalambre también han sido final de etapa en alguna ocasión y el puerto de Torremiró y la subida a Vistabella son ascendidos de continuo por los aficionados del Maestrazgo. Belvalle o los altos enlazados del Cubillo y el Portillo en la Serranía de Cuenca también van adquiriendo notoriedad entre los “locos de las cumbres” de este país. Como veis, por puertos que no quede: son demasiados y no podemos en este artículo abarcarlos todos –ya habrá ocasión-, pero conviene que centremos aún más el entorno en el que se sitúan nuestros dos ejemplos de hoy, el de Piqueras, al este de la Sierra Cebollera, y el tramo asfaltado de la ascensión al Moncayo.
PIQUERAS, RUTA DE TRASHUMANCIA
El primero de ambos se halla enclavado en el extremo oriental de la Sierra Cebollera, una alineación montañosa extendida a lo largo de 30 km. desde su límite occidental en el puerto de Santa Inés, que la aparta de la Sierra de Urbión y la Tierra de Pinares. Este largo y abrupto cordal, elevado en su punto central por encima de los 2.100 m. de altitud, languidece suavemente hacia el este finalizando en el puerto de Piqueras, punto de unión con las vecinas sierras de Montes Claros y de Alba en las Tierras Altas sorianas y vía fundamental de conexión de la comunidad vinícola con Castilla. Toda la sierra aparece configurada como un conjunto de pequeños valles de montaña, ubicados algunos en la vertiente riojana y conformando una gran cabecera de barrancos de los que nace el río Iregua y sus afluentes (Mayor, Lumbreras,...), mientras que en la vertiente sur podemos descubrir el encantador y apacible Valle del Tera, también conocido como la “Suiza soriana”.
El Parque Natural actual abarca en gran medida la comarca de Cameros Nuevo y la cabecera del Iregua, que lo atraviesa. Varios de sus pueblos disfrutaban mancomunadamente de un amplio espacio de bosque y pastizal, llamado Pineda, en las laderas del puerto que nos ocupa. Sus pobladores mantienen una economía eminentemente ganadera, siendo el ganado vacuno el más abundante hoy, por la facilidad de su manejo. Existe también una importante cabaña de ganado caballar, con parada de sementales, en Villoslada. En la actualidad se va recuperando paulatinamente la secular ganadería lanar, como puede apreciarse en las tradicionales ferias de ganado del mes de septiembre. Hemos podido saber que los pastos del municipio de Lumbreras, en la ladera norte de Piqueras, alimentaban a miles de ovejas merinas, cuyas lanas se exportaban a Francia e Inglaterra o bien se lavaban para los telares y batanes de la comarca. A mediados del siglo XVIII se podían contar más de sesenta mil cabezas, que hacían de Lumbreras sede de una de las cabañas trashumantes de mayor importancia de Cameros Nuevo. Los duros y prolongados inviernos de la región obligaban a sus ganados a la trashumancia, desarrollándose ésta a través de una cañada real que salía de Cameros por Soria y El Escorial hacia los invernaderos de Talavera, Almadén y el Guadalquivir. La producción lanera se rentabilizaba aún más mediante la fabricación de paños y bayetas en las industrias locales. Sin embargo, con el declive de la trashumancia y la acumulación de fábricas textiles en Cataluña se inicia la regresión económica y demográfica de la zona que ha visto decrecer su población desde los 1.300 habitantes del siglo XVI hasta algo menos del doble centenar que vive actualmente en el pueblo.
Hoy en día no puede entenderse la actual fisonomía de esta ladera norte del puerto si se pasa por alto lo que implica la construcción del Embalse de Pajares. Esta importante obra de ingeniería supuso un beneficioso desarrollo para los municipios del valle del Iregua, pero en el caso de los pueblos de San Andrés y Pajares de Cameros ha traído consigo la alteración de su medio físico (desaparición del Barrio Bajo) así como la destrucción del modo de vida y de relaciones humanas en San Andrés, y la total desaparición en el caso de Pajares. Sus vecinos acabaron encontrando un nuevo hogar en Lumbreras o en las casas que la Administración ofertó a los damnificados en la parte alta de San Andrés. El pequeño museo etnográfico de esta localidad es el mejor recuerdo de lo que fue la vida aquí hace años.
MONCAYO, MUCHA FAMA Y MALA PRENSA
Nos dirigimos ahora a la Comarca de Tarazona y el Moncayo, bien diferente de la anterior a pesar de ubicarse también al norte del mismo sistema montañoso. Los 16 municipios que la conforman tienen una población total de unos 14.000 habitantes, frente a la cruel despoblación del entorno del puerto de Piqueras. Por un lado, en las estribaciones del Moncayo se esconden pequeños núcleos rurales que viven de la agricultura, la ganadería y, cada vez en mayor medida, del turismo. Por otro, Tarazona y los municipios más al norte son más grandes y se dedican preferentemente a la actividad industrial, quedando la explotación de la tierra como actividad económica complementaria.
Estas tierras han sido testigos de grandes acontecimientos históricos, debido en parte a la situación fronteriza que ocupan entre las comunidades autónomas de Castilla y León, Navarra, Aragón y La Rioja. Son numerosos los restos de su pasado celtibérico, como los poblados de La Oruña (Vera de Moncayo) y Triasu (Tarazona), donde se han encontrado monedas y valioso material arqueológico. En la época romana, Turiaso (Tarazona) aparece como una importante población, dando prueba de ello el hallazgo de una cabeza del emperador Augusto que constituye una de las más importantes piezas de este tipo encontradas en España. Tras la caída del imperio, la comarca sufre una decadencia que culmina con la invasión árabe del siglo VIII, hasta ser reconquistada por Alfonso I de Aragón en 1119 y convertirse en sede episcopal hasta nuestros días.
Parte del territorio comarcal cambia varias veces de manos debido a los continuos enfrentamientos entre los tres reinos cristianos vecinos: Navarra, Castilla y Aragón. Con todo, la Edad Media marca una importante época de florecimiento cultural, donde conviven sin mayores problemas cristianos, judíos y musulmanes. Destaca sobremanera la presencia de estos últimos, que dejaron su legado mudéjar en importantes edificios civiles y militares, como la catedral de Tarazona. Tal situación no se vio alterada hasta la expulsión de los judíos en 1492 y de los moriscos en 1610, momento a partir del cual la zona sufre una importante crisis demográfica y cultural. Las poblaciones de la comarca han vivido mayoritariamente de la agricultura y la ganadería a lo largo de su historia. Será a principios del XX cuando Tarazona se transforme en un importante centro industrial, en el que destacaban la producción de fósforos y la industria textil, que decayeron y finalmente desaparecieron en los años 80, dejando paso a otro tipo de industrias, como la del automóvil y el turismo, que han pasado a ser un importante motor para la economía comarcal.
Su gran riqueza patrimonial se completa con un entorno natural considerado como único en Europa, dado que el Moncayo constituye una valiosa isla biogeográfica repleta de vida, humedad y verdor. Mimado por las nubes y brumas atlánticas atraídas por su impresionante volumen y su elevada altitud, es en su cara norte donde encontramos una excelente y variada sucesión altitudinal de pisos de vegetación. A medida que vamos ascendiendo en bicicleta o a pie, los coscojares y encinares de sus faldas van dando paso a robledales, pinares, hayedos, manchas de abedulares... hasta llegar al pino negro y a los pastizales y canchales propios de las cumbres montañosas. Todo un placer para los sentidos. Y durante gran parte del año, la blanca nieve cubre su cima para llenar de sentido su nombre de fama universal: el “monte canoso”, Mons Caunus, Moncayo.
Fama, sí, pero también mala prensa tiene este monte como acuífero entre los pueblos del somontano sur: Beratón, Noviercas, Borobia y aún Ólvega. Así hablan de él en estos pueblos sorianos: “Moncayo, ladrón, manas en Castilla y riegas en Aragón”. Pero no la tiene mejor por la temperatura y enfriamiento del clima que en el antiguo reino y su capital, Zaragoza, produce el viento que en sus alturas se origina: “Día frío –comentan-, viene aire del Moncayo”. Nunca llueve a gusto de todos, dicen, y será verdad, aunque, eso sí, aquí llover, lo que se dice llover, no es que se vea mucho: no hay mal que por bien no venga.
EL PUERTO IMPREVISIBLE
Localización: en la N-111 de Logroño a Soria uniendo los valles del Iregua y del Duero.
Especificaciones: carretera nacional, muy amplia y con buen asfalto. La circulación no es agobiante, aunque suele ser frecuente el paso de autobuses y camiones. Sombras sólo en la segunda mitad y no muy tupidas. Restricciones por la nieve.
Fuentes: una al inicio del puerto y en sus tres últimos kilómetros dos más: otra cosa es que tengan agua cuando la necesitemos.
Descripción: puerto muy popular en diversas carreras ciclistas desde hace muchos años. Gran parte de su renombre proviene más bien de ser uno de los puertos españoles que con mayor frecuencia aparece “con cadenas” o cerrado en los meses más fríos del año. En invierno la nieve, el hielo y la niebla se convierten en peligrosos compañeros de este paso de montaña, ya de por sí complicado para quienes se ven obligados a atravesarlo o quienes viven en las poblaciones cercanas.
Como cuenta Alejandro Jiménez, él se desplaza, cada vez con menor frecuencia, desde La Rioja a Almarza, una localidad situada en el lado soriano a catorce kilómetros del puerto. Recuerda viajes en coche en los que la niebla prácticamente no dejaba ver a dos palmos, pero las situaciones más complicadas las vivió hace cuarenta años, “cuando nevaba más que ahora”, siendo pastor trashumante que acostumbraba a atravesar Piqueras andando con su rebaño de ovejas. Nunca olvidará aquellas tremendas heladas que dejaban la noche “casi como si fuera de día” y que ello les ayudaba a ahuyentar a los lobos. Al definir el puerto comenta: “es, sobre todo, un puerto muy imprevisible. Puedes salir de Logroño con un sol espléndido y encontrarte allí con una niebla cerrada”. Queden aquí estas expertas reflexiones para aviso de navegantes. De gran longitud pero pendientes poco importantes, podemos dividir su ascensión en tres partes bien diferenciadas. Una primera desde el inicio en el cruce hacia Villoslada de Cameros hasta alcanzar los muros de la presa del embalse de Pajares. Al llegar a ese punto, serán seis los kilómetros recorridos con pendientes sólo superiores al 6% en algún momento puntual y dejando a nuestra izquierda el bello pueblo de Lumbreras encaramado en una peña.
El tramo siguiente, de casi 5 km., nos permite un agradable paseo, prácticamente llano, junto a las orillas del citado embalse y con suerte, en épocas de estiaje, quizás hasta podamos descubrir los restos de los dos pueblos que fueron anegados para construirlo: el de Pajares, que le dejó su nombre, y el de San Andrés, reconstruido hoy en su parte alta, Superado el extenso lago artificial, y al pasar por el puente sobre el arroyo Lavaler, comienza el puerto propiamente dicho, que en sus ocho kilómetros, de pendiente muy regular entre el 5 y el 6%, encadena hasta media docena de curvas de herradura que casi sirven de descanso a nuestras piernas y para la vista, cansada ya de tanta recta en los kilómetros anteriores. Pero antes dejaremos a la derecha el “inacabable” Túnel de Piqueras, adjetivo que se le otorga no por su longitud, sino porque ya se va perdiendo memoria del inicio de las obras: lo que algún día será una solución a la “imprevisibilidad” del paso por el puerto, se ha convertido hoy en ejemplo claro de otra falta de previsión, la de la Administración competente, que está consiguiendo eternizar la cada vez más ansiada apertura. Con todo, los ciclistas siempre deberemos seguir atravesando la sierra por el punto más alto de la carretera –los túneles sólo nos libran del tráfico motorizado-, y al llegar a él, nos encontraremos con el cambio provincial y las pistas que sirven para esquiar en la época invernal. Desde ese lugar las vistas sobre el valle del Duero en Soria son impresionantes
MOJÓN DE TRES REINOS
Localización: en la N-122 a su paso por Tarazona en dirección a Zaragoza debemos tomar a mano derecha la carretera que se dirige al Moncayo.
Especificaciones: carretera en buen estado, aunque sin señalización horizontal. No hay sombras hasta llegar a Agramonte y la circulación no es muy abundante, salvo los fines de semana de buen tiempo, en los que suele hallarse muy concurrida por multitud de “domingueros” en busca de un lugar para disfrutar de una comida campestre.
Fuentes: una en Santa Cruz del Moncayo y otra en San Martín. Pasado Agramonte encontraremos la de la Teja y la de los Tres Caños. Más arriba hay otras dos: la del Sacristán y la de los Frailes.
Descripción: el Moncayo, la mayor altitud de todo el Sistema Ibérico con sus 2.316 m., es un nombre de reconocido prestigio en los libros de geografía, mucho más que en las rutas de aficionados a la montaña o a la bicicleta. No tiene ninguna dificultad especial ni para la ascensión a pie ni para la escalada ciclista. Así y todo, su extendida fama bien merece acercarse a estas tierras por las que tanto lucharon en la Edad Media musulmanes y cristianos primero, y castellanos, navarros y aragoneses después, siendo éstos últimos los que al final se llevaron el gato (léase monte) al agua: ¡pues no tienen fama de cabezotas ni nada! Pero la mole moncaína siempre ha sido considerada como “el mojón de tres reinos”.
Sus más de 20 km. van a constituir la auténtica dureza de esta subida que, salvo el tramo intermedio que se inicia al paso por San Martín de la Virgen del Moncayo, no tiene ninguna rampa que merezca tal denominación. Solamente si el sol aprieta tendremos motivos para echarle a él la culpa de nuestras malas sensaciones, que de otro modo no podríamos justificar ante los colegas bicicleteros. Aunque, eso sí, si Lorenzo aprieta, aprieta para todos.
Partimos de Tarazona, “exquisita y extraña, hay momentos en que uno se cree transportado a Toledo, la ciudad histórica por excelencia”, como escribía Bécquer, el genial poeta andaluz, que se enamoró de estas tierras desde su retiro en el cercano Monasterio de Veruela. Un primer tramo de 5 km., totalmente desprovisto de arbolado, nos permite dejar atrás la localidad de Santa Cruz del Moncayo, población de raigambre morisca como se puede comprobar en su Museo de la Alfarería. Dejamos a la izquierda la subida habitual a la Sierra del Moncayo y elegimos pedalear plácida y relajadamente durante algo más de 6 km. hasta superar las últimas casas de San Martín. Hemos descansado un buen tramo, pero la elección ha sido engañosa, pues es ésta la ruta más exigente para subir al Moncayo, utilizada en la famosa Marcha de las Cuatro Cimas, con tres kilómetros en los que nos costará seguir la rueda de los compañeros más fuertes, ya que las rampas alcanzan en algunos momentos un preocupante 9%.
Pasado el mal trago, pronto llegamos a Agramonte, donde se halla el Centro de Interpretación del Parque Natural del Moncayo, y punto desde el que las sombras y el frescor del hayedo van a acompañarnos durante el resto de nuestra ascensión. A partir de este punto neurálgico del Moncayo, en el último tramo hacen acto de presencia las curvas de herradura y las cuatro fuentes ubicadas en sendas áreas recreativas, donde solazarse entre las hayas y los pinos. Precisamente la única que no dispone de servicios adyacentes, la de los Tres Caños, es la que más a mano nos queda para proveernos del líquido elemento. Son seis kilómetros postreros hasta la llamada Fuente de los Frailes, donde el firme asfaltado pasa a convertirse en pista de tierra que, si está seca, puede transitarse con nuestras bicis de carretera, hasta un punto en el que el suelo pasa a ser de piedras, que nos obligan a desistir de llegar al Santuario de la Virgen del Moncayo, a pesar de que estamos muy cerca de poder acceder a sus puertas. Por ello preferimos no tentaros y finalizamos nuestra altimetría en la citada fuente, aunque la elección es vuestra.
www.altimetrias.com
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