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ENTRE LAS DOS CASTILLAS
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1. Introducción2. Morcuera3. Abantos
La Sierra de Guadarrama es un sistema montañoso que se extiende en una longitud de unos 80 kilómetros, separando la provincia de Madrid al sur -dentro de la antiguamente llamada Castilla la Nueva-, y las de Segovia y Ávila, en la Vieja tierra castellana. A lo largo de la historia ha desempeñado un importante papel sirviendo, a través de numerosos puertos de montaña, más de unión que de alejamiento entre los habitantes de ambas mesetas. Entre todos ellos hemos seleccionado dos, Morcuera y Abantos, los más populares a nivel profesional y cicloturista, para presentarlos por sus vertientes menos conocidas y más exigentes. Eso es lo que todos los “locos de las cumbres” buscamos, ¿o no?
El río, la montaña y el pueblo ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿O, en este caso, el río, el monte o el núcleo de población? Porque con el nombre de Guadarrama se conocen tanto el curso fluvial, afluente del Tajo, como la cadena montañosa que lo limita por el norte y también el municipio homónimo. Si es verdad que su etimología parece derivar del árabe Uad-al-rámel o “río arenoso”, no sería extraño que la otra interpretación que los expertos dan de este topónimo pudiera ser fiel reflejo de una realidad anterior, en este caso romana, ya que en latín Aquae dirrama o “divisoria de aguas” señalaría precisamente que esta sierra, divisoria principal de las cuencas del Duero y el Tajo, portaría el nombre original del que los árabes hicieron provenir la denominación posterior del río. ¡Vaya usted a saber! Lo que la geografía nos enseña es que la Sierra de Guadarrama forma parte del Sistema Central, auténtica espina dorsal de la Península, y se sitúa en su sector más oriental, donde el tradicional paso montañoso entre ambas mesetas se sigue realizando a través del cercano puerto de Somosierra. Su cima más alta la constituye el Pico Peñalara (2.430 m.) y dicen que en otra de sus cumbres, la del monte Almenara, los moros acostumbraban a encender hogueras para avisar a Madrid de la proximidad de tropas cristianas. Ya veis que, antes de verse afeadas por innumerables antenas de todo tipo, las sierras hispanas ya eran útiles para la comunicación a distancia. ¡Cómo cambian los tiempos! Cuando aún no existían ni los móviles, ni la televisión o la radio, aquellas gentes eran perfectamente capaces de intercambiar información sin alterar el entorno natural en el que vivían. Gracias a ello aún hoy podemos disfrutar de abundantes bosques de pino silvestre y la presencia de robledales y encinares en las zonas más bajas, mientras que en las cumbres predominan los pastizales y arbustos de alta montaña. Con suerte hasta veremos corretear a algún ciervo, corzo, gato montés, zorro, liebre, ardilla u otras especies animales, a la par que el cielo se verá surcado por una gran cantidad de aves acuáticas sobrevolando los embalses y grandes rapaces, como el águila imperial o el buitre negro, exhibiéndose sobre nuestras cabezas. Cierto es, hay cosas que no cambian: ¡y que lo sigan haciendo mucho tiempo!
CONSIDERACIONES CULTURALES
Es muy posible, amigo lector, que no hayas adquirido una revista de ciclismo como la que tienes entre manos para aumentar tu nivel cultural. Lo sabemos. Pero permítenos señalarte que, si además de amante de la bicicleta y los puertos de montaña, eres de los que busca el componente turístico en tus recorridos ciclistas, tu gozo puede verse incrementado en proporción al interés que manifiestes en esos otros aspectos que dan sentido al cicloturismo auténtico. Por ello, nos atrevemos de brindarte unos apuntes culturales e históricos que, si es tu gusto, podrán abrirte nuevos abanicos de posibilidades a lomos de la “flaca”. Y a ello vamos… Desde su fundación romana, la ciudad de Segovia fue la usufructuaria de los bosques y prados de ambas laderas de esta cadena montañosa. Y ello fue así hasta que, por mor de las necesidades –privilegios dirían otros- de la corte española, la capital del reino, Madrid, acabó por hacerse dueña de la vertiente sur, quedando desde entonces la línea de las cumbres como el límite entre las dos Castillas. Esa condición de barrera natural ha sido el motivo de su papel de escenario de frecuentes enfrentamientos armados en la historia de España. Como prueba de lo que aquí expresamos, aún podrás disfrutar hoy en tu recorrido ciclista de la magnífica visión del castillo de Manzanares el Real o la ciudad medieval amurallada de Buitrago del Lozoya cuando te acerques a enfrentarte a los dos puertos que te vamos a presentar. ¡Reliquias de un pasado imperecedero! Hermosos y ricos en verdad debieron de ser estos parajes para que el monarca español más poderoso que vieron los siglos, Felipe II, los eligiera para edificar una de las joyas singulares de la arquitectura hispana, el Monasterio de El Escorial. Según la leyenda, durante su construcción, un misterioso perro negro aterrorizaba por las noches a los obreros, dificultando su tarea. Quizás el animal no hiciera sino proteger el lugar, pues se pensaba que en este entorno de El Escorial podría hallarse una de las puertas del infierno extendidas por el mundo: ¿pretendería acaso el hijo del emperador mantener cerrada dicha puerta y fue por ello que ordenó levantar sobre ella el que iba a ser el panteón eterno de la dinastía Austria? Hay quien afirma que el perro fue encontrado y mandado ahorcar en una de las torres del monasterio, donde permaneció colgado mucho tiempo. Y así fue que, cuando el rey regresó definitivamente aquí para morir, siguió oyendo desde su lecho de muerte los ladridos de ese perro infernal, muerto hacía años. ¡El precio de la gloria universal! Pasaron los siglos y estas tierras siguieron fraguando la historia. La batalla de Somosierra, que se libró en el paso montañoso de ese nombre durante la Guerra de Independencia, es un ejemplo más de la importancia que esta sierra ha tenido como acceso a la capital hispana. Los centenares de polacos y españoles que aquí perdieron la vida en 1808 pasaron a convertirse en un antecedente premonitorio de los miles que sucumbirían, más de un siglo después, a la insensatez de una guerra que llamaron Civil y ha sido la menos civilizada que vieron nuestros abuelos. Estos montes de Guadarrama constituyeron en aquellos desdichados años 30 un importante frente que se mantuvo a lo largo prácticamente de toda la contienda y, como restos de la tragedia, aún pueden encontrarse casamatas y trincheras en algunas de sus cumbres. ¡Vestigios de la estupidez humana!
UNA SIERRA SIEMPRE ATRACTIVA
En estos tiempos que corren, los nuestros, hombres y mujeres hemos aprendido algunas cosas, pero parecemos incapaces de desprendernos de ese afán de poder y gloria que llena la historia; y así continuamos recurriendo a la guerra para imponer nuestro interés sobre quien ose dificultarlo. No es ésta, ni mucho menos, nuestra intención de hoy: no queremos disputar con nadie la victoria junto al cartel del alto en estos dos puertos madrileños, sino invitaros a que os enfrentéis a sus poco conocidas rampas en compañía de vuestros colegas de la bici, con el saludable objetivo de gozar de una jornada inolvidable lejos de pugnas estériles. ¡El placer de la montaña sólo se goza en armonía con uno mismo, con los demás y con la naturaleza! ¿Por qué no empezar por dirigirnos a Guadalix de la Sierra e iniciar en esa tranquila localidad la primera de las ascensiones del día, la que nos lleva al popular Puerto de Morcuera, que tantas batallas ciclistas ha contemplado sobre su asfalto? Tras deleitarnos en esta dura pero atractiva subida, si no nos hemos dejado llevar por ese afán de vencer a los rivales y sin embargo amigos, aún podremos volver sobre nuestros pasos y alcanzar en tranquilo pedaleo por la llanura madrileña las estribaciones montañosas que protegen a San Lorenzo de El Escorial de los fríos vientos del norte. En ellas, encontraremos uno de los más interesantes finales de etapa de la próxima Vuelta a España, el Puerto de Abantos, aunque en esta ocasión os invitamos a ascenderlo por su vertiente más exigente, cuyo conocimiento debemos a varios “locos de las cumbres” madrileños que se brindaron a acompañarnos y obsequiarnos su correspondiente reportaje fotográfico. Gracias, pues, a Ismael, Ricardo, José Manuel y sus amigos. ¡Sois la prueba más clara del valor de la amistad!
RIVALIDAD EN LA MONTAÑA
Localización: Seguiremos la M-626 desde Guadalix de la Sierra hacia Miraflores de la Sierra. A partir de esta última localidad, tomaremos la M-611 que atraviesa la Sierra de la Morcuera hacia el valle del Lozoya y la localidad de Rascafría.
Especificaciones: Carretera con un buen asfaltado y señalización horizontal. Las sombras son abundantes en los primeros kilómetros desde Miraflores, escaseando en el tramo final. El tráfico no se hace notar en exceso, salvo algún fin de semana.
Fuentes: Una en Miraflores de la Sierra y otra a la salida de dicha población. Y la más conocida, la del Cindo, en el km. 14 de la subida.
Descripción: ¿Quién que se precie de aficionado a la bicicleta no ha oído nombrar este famoso puerto? Nos hallamos ante el más conocido de los que podemos considerar como “puertos duros” de la Comunidad de Madrid, que ha sido ascendido en multitud de ocasiones tanto en la Vuelta como en diversas marchas cicloturistas de la región. Quien haya realizado alguna vez la Perico Delgado ya ha sufrido la dureza de alguna de sus rampas y habrá podido medir sus fuerzas con las de sus rivales de la grupeta de los domingos. Y es que ésta es una ascensión de históricas rivalidades.
Presentamos en sociedad su altimetría desde la población de Guadalix de la Sierra en dirección a su rival y vecina, Miraflores. Desde el año 1369 los de Guadalix se quejaban de haber utilizado siempre el agua del río para sus molinos y para el riego de sus campos, y los de Porquerizas habían construido una presa que les perjudicaba. Tras algunos pleitos y apelaciones, se otorgó a ésta última la posesión del agua, aunque los enfrentamientos por el líquido elemento prosiguieron en la siguiente centuria. Éste de Porquerizas fue el primer nombre que tuvo el pueblo de Miraflores de la Sierra. Tal denominación serviría perfectamente para calificar esta incipiente aldea medieval especulando con que viniera de los rebaños de cerdos que cuidaban los segovianos en los bosques. Aunque la explicación más convincente es que tal topónimo no se refiere a cerdos domésticos sino a jabalíes, que antiguamente se llamaban puercos y que poblaban en un alto número los montes de la sierra, donde la caza era abundante y uno de los deportes preferidos de reyes y nobles. El cambio de nombre va unido a una bonita leyenda por la que se cree fue Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, quien de marcha al monasterio del Paular por el camino real de la Morcuera, se detuvo para descansar en una meseta de la cima de la Raya y contempló Porquerizas. Parece que la joven reina se fijó en algunas flores, y con la alegría propia de sus 24 años, exclamó: “¡Mira, flores!”. Algunas de las personas que la acompañaban sugirieron que aquellas palabras podían denominar en el futuro a aquel pintoresco lugar que tan feo nombre venía usando. Curiosa historia para una bella población de la que se afirma:
Miraflores, Miraflores, un pueblo de los mejores, te has ganado los honores por tener en tus jardines bonitos ramos de flores.
Desde la rotonda inicial, la subida va ganando progresivamente en dificultad hasta alcanzar el 5-6% en un par de kilómetros antes de enlazar con la ruta de Soto del Real. El segundo tramo, a partir de Miraflores, aumentará el nivel de esfuerzo, aunque no pensamos que se trate de una ascensión capaz de asustar a ningún buen aficionado a la escalada; otra cosa es la forma en la que se encuentre. Desde el cruce donde desemboca el puerto de Canencia en la popular marcha segoviana, damos comienzo a un primer trazado rectilíneo, con la montaña a la derecha, que nos permite ir tomando un ritmo de ascenso que sea acorde a nuestras actuales fuerzas para ir superando cinco kilómetros más cercanos al 7% que a su inmediato inferior. Al poco de pasar junto a una cabaña en ruinas, la cosa se pone mucho más seria pues estamos ante el inicio del tramo verdaderamente duro de todo el puerto, con rampas que alcanzan el 12% en algún momento concreto y que finalizan al trazar una vaguada izquierda con puente. Ahí podemos disfrutar del agua recuperadora de la citada fuente, porque las sombras van a desaparecer hasta el alto. Pero, como “no hay mal que por bien no venga”, esa escasez de arbolado nos va a permitir gozar de unas espléndidas vistas sobre todo lo que hemos ido ascendiendo y lo que aún nos queda. Que cada uno elija hacia dónde prefiere dirigir su mirada ya que puede observarse, hacia el sur, la llanura madrileña y, hacia el resto, bellas vistas de montañas de más de 2.000 m. de altitud -como las dos Cabezas de Hierro-, y de algunas espectaculares cascadas que se precipitan desde lo alto.
SINIESTRAS PREMOCIONES
Localización:Hay diversas posibilidades para ascender este puerto. La que aquí os ofrecemos es una pista forestal que parte desde la M-600 en las afueras de San Lorenzo del Escorial, junto a un restaurante y en dirección al Área Recreativa El Tomillar, para desviarnos enseguida a la derecha por el paraje llamado de La Penosilla. Casi 5 km. después enlazaremos con la que viene del mismo monasterio escurialense hasta llegar al alto.
Especificaciones: Al tratarse de una zona de reforestación, el suelo se asfalta y se estropea casi cada año en función de las nevadas y de las tareas forestales. Los baches, además de numerosos, son de gran tamaño en algunas zonas, lo que nos obligará a demostrar nuestra habilidad en el manejo de la bici. A cambio, la circulación no será muy abundante y las sombras aparecen en la primera mitad del puerto, para desaparecer en las zonas más altas.
Fuentes: Hay una en La Penosilla, cerca del paso canadiense del km. 4, y otra en el Arboreto Luis Ceballos, aunque también fuera de la carretera.
Descripción: En la ladera sur de la Sierra de Guadarrama nos hallamos con este puerto que ha ido tomando merecida fama en los últimos años como final de etapa de la Vuelta a España. Es una pista forestal asfaltada que atraviesa la Sierra de Malagón, nombre del primer collado que encontraremos antes de coronar definitivamente en el límite provincial abulense. Cerca del alto, el monte Abantos (1.753 m.), situado fuera de la alineación principal de la sierra que nos ocupa, es la elevación más importante del entorno de San Lorenzo de El Escorial y lleva el nombre del “abanto”, ave carroñera también conocida como “alimoche” y que anidaba en esta zona: ¿será una premonición? Sin embargo, la montaña aparece configurada con un contorno suave y es una de las que mejor se ven y diferencian en el entorno, con la casi la totalidad de sus laderas cubiertas por pinares, algunos de ellos de repoblación. En ellos viven algunos pequeños mamíferos y varios tipos de insectos. Este paraje, salpicado de fuentes, presas y miradores, constituye el enclave de mayor belleza natural con el que cuenta el Real Sitio. Ya bajo la tupida sombra de los pinos, desde el mismo comienzo empezamos a sentirnos en plena naturaleza y, si nuestras fuerzas nos lo permiten, podremos gozar de una magnífica ascensión absortos en la paz de la montaña. Un par de paellas y, a poco de pasar junto al Área de El Tomillar y un primer paso canadiense, deberemos tomar a mano derecha, atravesando una barrera, la ruta asfaltada conocida como La Penosilla: ¿segunda premonición? Dicha barrera es una barra cilíndrica metálica verde con un contrapeso que permite que se levante con la mano fácilmente sin bajar de la bicicleta aunque, si no queremos poner el pie a tierra, se puede bordear por la izquierda. Nuestros amigos madrileños conocen esta variante del célebre puerto como la de “las 14 herraduras” y acostumbran a contarlas una a una cuando se enfrentan a sus rampas que llegan hasta un 13% en dos kilómetros francamente “penosos”: quizás el nombre no esté mal elegido, no? A continuación, la dureza del tramo va disminuyendo poco a poco hasta llegar a un nuevo paso canadiense donde comienza un asfalto algo más deficiente, pero perfectamente ciclable. Justo a la izquierda del paso canadiense, bajando unos 30 m. por el campo, hay un caño metálico en el que se puede beber y un merendero con mesas y bancos. Otros dos kilómetros más y enlazaremos de nuevo con la pista que viene de San Lorenzo de El Escorial -la habitual en la Vuelta- para seguir llaneando otros dos mil metros muy irregulares al enlazar rampas con ligeros descensos, que brindan un reconfortante descanso a nuestras piernas para, de nuevo, reemprender la ascensión de un último tramo que será la premonición definitiva. Ahora las rampas ya son continuas y superan con frecuencia el 10%, hasta afrontar ese kilómetro terrorífico con pendiente media del 12% y un máximo del 17% que, tras trazar un zig-zag izquierda-derecha, nos va a encaminar hacia el primer collado, conocido como Puerto de Malagón. Ahí da comienzo el tramo final de unos 2,5 km. con menor pendiente, ya prácticamente sin sombras, donde suele hacer acto de presencia el temido Eolo, que nos lleva, tras el último par de herraduras, al punto más alto de la escalada ya en la provincia de Ávila. Hasta hace bien poco no había ningún cartel en ese punto que diera fe de nuestra gesta al enseñar la foto de rigor a nuestros amigos, aunque hoy, y gracias a una genial iniciativa de nuestro amigo Ricardo Landaburu, ya podemos demostrar ante el mundo que hemos conseguido vencer tan siniestras premoniciones.
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1. Introducción2. Morcuera3. Abantos
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