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FABIAN CANCELLARA: POTENCIA EN ESTADO PURO

Ciclismo en Ruta nº 049

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  José Antonio Díaz 

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Tiene 27 años y un físico prodigioso que combina sus 186 centímetros de estatura con 80 kilos que pesa cuando está en forma. Hablamos de Fabian Cancellara, un devoto confeso de Miguel Indurain, la cocina italiana, el mountain bike y el snowboard, al que su reciente victoria en la Milán-San Remo acaba de darle una nueva dimensión en el universo ciclista.

Nacido en Berna (Suiza), de padres italianos -de hecho tiene la doble nacionalidad-, Cancellara es hoy en día un prodigio de fuerza física, una bola de puro músculo. Quizá, junto a Tom Boonen, sea uno de los dos hombres más fuertes del pelotón internacional, uno de los pocos capaces de burlar la presión del pelotón cuando éste rueda desbocado. Fue su segundo puesto en el Campeonato del Mundo de contrarreloj Sub-23 del año 2000 el que terminó de dirigir su destino, pues apenas unas semanas más tarde Alvaro Crespi fichó a aquel talento para la jaula de figuras del Mapei-Quick Step.

Ya en 2001, en el filial del equipo trasalpino que dirigía Josean Fernández Matxin, Cancellara logró sus dos primeras victorias con los pros, al imponerse en el prólogo y la general de la Vuelta a Rodas, en Grecia. Aquel año también volvió a dejar claro que tenía hechuras de gran contrarrelojista, no en vano, en el mes de septiembre y formando pareja con Michael Rogers, finalizó segundo en el prestigioso Gran Premio Eddy Merckx, quedando únicamente desbancados de la victoria por el dúo Dekker-Wauters. No obstante, en el Mundial de la especialidad, que aquel año se disputó en Portugal, quedó claro que aún le quedaban peldaños por subir, ya que fue 16º, cediendo 2´24” ante el ganador, Jan Ullrich, en los 38,7 kilómetros de recorrido de la cita lisboeta.

GRAN PROGRESIÓN
Por entonces ya se adivinaba que Cancellara pertenecía al selecto club de los ganadores. Más aún, dentro de estos a la todavía más exclusiva raza de los grandes contrarrelojistas (no olvidemos que Indurain era su referencia). Por eso no es de extrañar que seis de las nueve victorias que sumó en 2002 fuesen logradas en la lucha contra el reloj (el prólogo de la Vuelta a Rodas, una etapa de la Vuelta a Austria, el GP Eddy Merckx y el Campeonato de Suiza, entre otras). Avalado por tamaña tarjeta de presentación, aceptó la oferta del Fassa Bortolo, con quien permaneció de 2003 a 2005.
No es exagerado decir que aquél fue un periodo vital para él, ya que con la escuadra que gerenciaba Giancarlo Ferretti y dirigían Roberto Damiani y Alberto Volpi, Cancellara descubrió el Tour y las Clásicas. Catorce victorias sumó con la camiseta albiceleste de los de Treviso. Cinco en 2003, contándose entre ellos los prólogos del Tour de Romandía y la Vuelta a Suiza, otras cinco en 2004 y cuatro en 2005. Precisamente fue en 2004 cuando Cancellara se puso en las manos providenciales del doctor Luigi Cecchini, “dottore” entre otros de Bettini, Basso y Dekker. Por decirlo en pocas palabras, Cecchini pulió aquel trozo de carbono en bruto y lo fue tallando hasta convertirlo en un diamante. Cambios en su posición sobre la bicicleta, entrenamientos meticulosos, sesiones tras moto y, según las malas lenguas, algo más, aunque aquí, y para los mal pensados, cabe citar aquella frase de Merckx, que aseguró que “una pastilla no convierte a un burro en un caballo de carreras. Sea como fuere, ahí quedan los resultados de su primer año juntos, en el que el corredor suizo ganó una etapa en el Tour de Qatar, otra en la Semana Catalana, otra contra el crono en la Vuelta a Luxemburgo, el campeonato de su país contrarreloj y el prólogo del Tour de Francia, en el que vistió su jersey amarillo, terminando luego sumergido en las entrañas de la general. Todo ello sin contar su magnífica cuarta posición en la París-Roubaix. Triunfos que sumados a los de 2005 (cuatro, un tercer puesto en el Mundial contrarreloj y un cuarto puesto en Gante-Wevelgen) y a su conocida colaboración con Cecchini levantaron la tapa del caldero de las inmundicias.
Conocido es de sobra que en este bendito deporte y con exclusión de algunas “vacas sagradas” cuyo nombre nadie se atreve a mancillar, todo aquel ciclista que destaca y sobresale de la media siempre es tenido por sospechoso de oscuras prácticas, aunque nadie (léase aquí los numerosos controles antidopaje) pueda probarlo. Sea como fuere, y en todas las entrevistas (muchas) en las que se le ha preguntado, Cancellara siempre ha defendido a ultranza al médico y preparador de Lucca. Incluso cuando en 2006 se levantó el tufillo de la Operación Puerto, en la que también se quiso (infructuosamente, por falta de pruebas) mezclar a Cecchini. Por entonces Fabian Cancellara ya estaba en el Team CSC de Bjarne Riijs, equipo con el que el suizo de Berna inició su verdadero despegue hacia el estrellato.

DE SAN REMO A ROUBAIX
Si en 2006 Cancellara ganó en la París-Roubaix escapado por delante de Tom Boonen, quien entonces era considerado el máximo favorito, en 2008 la situación se resolvió a la inversa. Después de numerosas victorias en este inicio de temporada, todos los dedos señalaban al suizo como ganador virtual en el Infierno del Norte, con el permiso, claro está, de la otra bestia parda del pelotón, monsieur Boonen. Pero no, el belga no dio su venia y truncó la racha ganadora del actual Campeón del Mundo de Contrarreloj. Para ellos el verdadero cara a cara comenzó a apenas 32 kilómetros de la meta de Roubaix. Entonces Boonen apretó las tuercas al grupo con el que viajaba, quedándose en cabeza con los dos hombres que pudieron aguantar su pedaleo: Cancellara y Ballan. Entendiéndose en los relevos, los tres entraron juntos en el velódromo de Roubaix, ya que, pese a intentarlo, el suizo no pudo marcharse en solitario. Allí, cuando sonó la campana que anuncia la última vuelta al anillo, Boonen fue más astuto y se quedó el último, de tal forma que cuando arrancó lo hizo a tope y sin miedo de que alguien le saliera por detrás. Quemado por los esfuerzos anteriores, Cancellara sólo pudo hacer segundo e incluso, como confesó al belga más tarde, sufrió calambres por el trabajo realizado. “Las cosas me han salido francamente bien -dijo el suizo en la rueda de prensa posterior a la carrera-. Vencedor en Milán-San Remo y segundo en París-Roubaix no está nada mal. Ganarlo todo, incluso el Tour de Flandes -en el que fue 23º- era un sueño. Ganar una de estas tres clásicas es más realista y está más que bien. Realmente estoy contento con este resultado en Roubaix. Yo sabía que debía atacar si quería ganar, pero al final de carrera resulta que nos quedamos los tres más fuertes delante. Entonces pensé que todo se dilucidaría en el velódromo y así fue”.

EL REY DEL INFIERNO
Una victoria en la meta de Servigliano, punto final de la quinta etapa de la Tirreno-Adriático, fue su primera victoria de 2006. Un aperitivo al que siguió el plato fuerte de la París-Roubaix, que Cancellara ganó tras atacar con fuerza en el Carrefour de l´Arbre, llevándose tras de sí a Hoste, Van Petegem y Goussev, que entraron en meta por ese orden, para ser luego descalificados por haberse saltado un paso a nivel… A continuación siguió un reguero de victorias (una etapa contra el crono en la Volta, el Campeonato de Suiza contrarreloj, dos etapas y la general de la Vuelta a Dinamarca, el criterium de Ruggel) que desembocó en su segundo gran momento de la temporada: el Campeonato del Mundo Contrarreloj disputado el Salzburgo, Austria. Llegó al mismo tras pasar discretamente por la Vuelta a España (fue 2º en la etapa contrarreloj de Cuenca, que ganara Millar, aunque con el mismo tiempo), para luego brillar como un cometa en los 50,8 km. de recorrido de la cita mundialista que, supersónico, pedaleó a 50,664 km/h, metiéndole 1’29” al segundo clasificado, David Zabriskie, y 1’49” a otro gran especialista, el kazajo Vinokourov.
Vestido con su maillot arco iris, la de 2007 fue una temporada triunfal para él. Su mejor año hasta el momento, con diez victorias. Logró dos, contra el crono, en la Vuelta a Suiza, antes de imponerse en el campeonato nacional contrarreloj de su país. Luego tomó la salida en el Tour de Francia y tras vestirse de amarillo en el prólogo, dio un nuevo impulso a su carrera al imponerse en una etapa en línea, la tercera, ¡batiendo al sprint en Compiegne al alemán Erik Zabel!
Luego estuvo a punto dar una nueva sorpresa, ya que en la undécima jornada, en la llegada a Montpellier, estuvo a un tris de ganarle la etapa a Hunter. Después, con la llegada de la montaña, silenció. Terminó el Tour (99º) y no se volvió a hablar de él salvo para citar dos victorias menores en Viena y Luxemburgo. Luego, en vez de correr la Vuelta a España como preparación para el Mundial de contrarreloj de Stuttgart, se decantó por la Vuelta a Polonia. Llegada la hora de la verdad, Cancellara no falló y volvió a ganar el maillot arcoiris cubriendo los 44 km. del recorrido a 48, 4 km/h, con 52” de ventaja sobre Bodrogi (medalla de plata) y 57” sobre Stef Clement (bronce). Llegados a este punto, y con lo que ya sabemos, lleva ganado el italo-suizo en 2008 (el prólogo del Tour de California, la Monte Paschi Eroica, la general y una etapa de la Tirreno-Adriático y la Milán-San Remo). Se abre la hora de las interrogantes. A Cancellara le falló el tiro en Tour de Flandes y un poco menos en la París-Roubaix (donde acabó segundo), si bien quedan otras dianas en su punto de mira: el Mundial contrarreloj, seguro, los Juegos Olímpicos, y ¡sorpresa!, el Tour de Francia. “Mi sueño es ganar un día el Tour de Francia -ha declarado recientemente-. Entonces, si me digo que eso es imposible, ya estoy derrotado. Puede que todo se quede en un sueño. Peso más de 80 kilos y no tengo la misma relación peso/potencia de los que pesan 55 kilos. Y eso cuenta mucho en los grandes puertos”.

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