ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Fran García
1. Editorial
Como cada año, el final del verano y con él el de las vacaciones para la mayoría, marcan un punto y aparte en el año. Comienza una nueva temporada: se vuelve al trabajo después del parón estival, los niños empiezan un nuevo curso escolar, regresan las ligas de la mayoría de deportes... En el ciclismo de competición esto no ocurre, ya que la temporada comprende un año natural, pero donde sí empieza casi el nuevo año es en el mercado de las dos ruedas. Las marcas avanzan con cada vez con mayor antelación sus nuevas colecciones, por lo que se puede decir que, en este ámbito, 2008 ya ha empezado o incluso ya lo hizo hace unos meses, cuando se mostraron los primeros productos para la próxima temporada.
En la sociedad de consumo en la que vivimos todo cambia rápidamente. Ya ningún bien parece tener una vida útil que se alargue más allá de un año. La ropa, los zapatos, los teléfonos móviles y prácticamente cualquier cosa que se pueda comprar en una tienda se está convirtiendo casi en un producto de usar y tirar. El mercado de la bicicleta no se ha podido mantener ajeno a esta tendencia y cada vez es más raro ver a algún romántico con su vieja pero querida montura de siempre. Es como los matrimonios o las parejas, ¿qué ha sido de eso de hasta que la muerte os separe? Es indudable que los enormes avances técnicos de los últimos años han dejado obsoletos productos que hasta hace bien poco eran lo último, pero también es cierto que fijándonos exclusivamente en ello estamos dejando de lado uno de los mayores atractivos de la bicicleta: el simple placer de pedalear. Rodar por las carreteras, hacer ejercicio o descubrir nuevos lugares son actos que se pueden realizar perfectamente con una bicicleta de 8, 10 o 12 kilos.
La obligación de las marcas es mejorar sus productos, algo de lo cual el usuario final es el gran beneficiado. Además, cuanto más avancen más apetecible será para todos practicar ciclismo. De todas formas, lo que no nos gustaría es que la bicicleta se acabara convirtiendo también en un bien pasajero que haya que cambiar cada año porque se haya puesto de moda una forma del cuadro, un tipo de ruedas o una decoración específica, por ejemplo.
Nuestro consejo es que cuando subas a una bici no estés pensado en su peso, en el material de que está hecha o en su color (por cierto, ¿te has dado cuenta que cuando estás sobre ella casi ni la ves?), sino que disfrutes y te lo intentes pasar lo mejor posible pedaleando. Así sí que tendrá sentido que quieras comprarte una mejor para salir con ella más.
1. Editorial
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