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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Carlos De Andrés
Los que veis habitualmente las transmisiones televisivas de ciclismo ya sabréis que hace tiempo que me he posicionado claramente en contra del uso de los auriculares en las carreras profesionales. A mediados de abril se celebró en París un foro internacional para la renovación del ciclismo. Se habló de muchos temas y sólo en una inmensa mayoría del auditorio coincidió en su apreciación. La eliminación de los auriculares o ‘pinganillos’ en las competiciones profesionales. Ya sé que ahí no estaba representado todo el ciclismo, pero sí había una buena muestra y, como tal, me parece relevante.
El argumento es evidente. El uso de los auriculares merma el espectáculo. El director siempre quiere llevar la carrera lo más controlada posible y frena el ímpetu de los corredores. Para los equipos, las carreras tienen menos riesgo, casi no hay errores. Pero lo que es positivo para los equipos es negativo para el espectador. Los errores forman parte del espectáculo y algunas de las mejores carreras que retenemos en nuestra cabeza se han producido por ataques casi suicidas que hoy por hoy son ya impensables. Ataques que en principio parecen erróneos, pero que acaban siendo heroicos.
Para que os voy a engañar, Marc Madiot no me cae bien. Quizás por eso me sorprendió el ataque de honestidad que tuvo en el foro de París cuando reconoció que él intentó evitar el ataque de su corredor Philip Gilbert en la Het Volk a 70 kilómetros de meta. Le gritó por la radio que no, que era demasiado pronto. Pero parece que el corredor no le escuchó y siguió adelante. Por suerte, porque de hacerle caso nos hubieran robado una exhibición espectacular. De las mejores en lo que llevamos de temporada.
Se imaginan ustedes que un futbolista fuera a chutar a portería y el entrenado le dijera por un auricular “no, no, pásala a la derecha”. Se rompería la magia. La creatividad del futbolista, la capacidad de decidir en décimas de segundo, lo que más se valora y hace que cobren lo que cobran, quedaría eliminado. Entonces, ¿por qué no permitimos expresarse a los ciclistas? Que el que tenga la capacidad de leer mejor una carrera salga beneficiado y, porqué no, cobre más.
El Tour de Francia está estudiando tomar unilateralmente esa decisión, eliminar los ‘pinganillos’ en la próxima edición. Ojalá lo hagan. En la pasada Paris-Niza se ofreció la posibilidad a los equipos de hacer una etapa sin comunicación vía radio entre corredor y director. Aproximadamente la mitad no quisieron. Sólo era una prueba. ¿Por qué no? ¿A qué tienen miedo los directores?
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Totalmente de acuerdo contigo Carlos, el pinganillo mata la capacidad de improvisación del ciclista y de paso aburre al espectador, harto de ver etapas sin ataques.