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LOS ESPAÑOLES Y EL GIRO: UNA HISTORIA DE AMOR Y MONTAÑA

Ciclismo en Ruta nº 050

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Ochenta y nueve victorias de etapa, ochenta y seis días en rosa, catorce premios de la montaña y dos victorias en la clasificación general absoluta. Ésas son las cifras que definen, a grandes rasgos, el palmarés acumulado del ciclismo español en el Giro de Italia. Una carrera que, por lo que a los nuestros se refiere, tan sólo ha sucumbido a los poderes innegables de Miguel Indurain, si bien otros grandes corredores como Fuente, Galdos, Olano y José Enrique Gutiérrez lograron concluirla en el segundo escalón del podio que encumbra a los mejores.

Fue en 1931. Para entonces el Tour ya era casi un mito y la Vuelta todavía no existía. Por aquellos tiempos los ciclistas españoles ya habían ganado una etapa en la ronda francesa por mediación de Salvador Cardona, en 1929, pero desconocían las mieles del triunfo en el Giro. Una omisión que comenzó su camino para quedar subsanada cuando Ricardo Montero y Mariano Cañardo tomaron la salida en la decimonovena edición de la “corsa rosa”, la primera en la que se simbolizó la figura de su líder vistiéndolo con una camisola de este color. Invitados sorpresivamente por la Federación Italiana de Ciclismo, ambos viajaron a la salida de Milán muy cortos de preparación, de ahí que apenas aguantasen tres etapas.
Cañardo repitió experiencia dos años más tarde, en 1933, acompañado de Vicente Trueba e Isidro Figueras. Tampoco entonces tuvo suerte el navarro, pues se cayó en la novena etapa, fracturándose la rótula de la pierna derecha, mientras que sus dos compañeros lograron concluir la carrera en posiciones discretas. Avalado por su triunfo en la montaña del Tour del 33, Vicentuco volvió al Giro en la temporada siguiente, pero ni iba tan rodado como en el mes de julio ni las cuestas transalpinas se le dieron tan bien como las francesas, así que la popular “Pulga de Torrelavega” finalizó su segundo y último Giro en trigésimo séptima posición de la general.

LARGO INTERMEDIO
La Guerra Civil española con su posguerra, y la segunda Guerra Mundial, con la suya, impidieron durante dieciocho años que los ciclistas españoles volviesen a probar fortuna en el Giro. Lo hicieron nuevamente en 1952 y como siempre, improvisando, cortos de preparación (recordemos que por entonces no se corría la Vuelta a España y nuestro país carecía casi totalmente de carreras de entidad) y en plan chapuza. Ocurrió entonces que el seleccionador nacional, Mariano Cañardo, descartó del equipo a Langarica y Loroño, aduciendo bajo rendimiento en la carrera de Eibar, para luego levantarles la sanción cuando ya no había tiempo para gestionar sus pasaportes.
Para solventar el problema se formó un equipo de urgencia, aunque con calidad, patrocinado por Torpado, una firma de bicicletas italiana. Lo componían Bernardo Ruiz, Andrés Trobat, Francisco Massip, Jaime Montaña, Félix Bermúdez y los hermanos Manolo y Emilio Rodríguez. Como era de esperar, de todos ellos tan sólo logró terminarlo quien tenía no sólo más fuerza, sino más experiencia internacional, Bernardo Ruiz, que concluyó la prueba en trigésimo quinta posición. Precisemos además que, sin duda alguna, aquel “rodaje” le vino estupendamente, pues fechas más tarde logró hacer tercero en el Tour por detrás de Coppi y Ockers.
También hubo participación española en el Giro de 1953, el mismo que animó con su presencia Tyronne Power, que dio la salida en la etapa de Turín. En él participaron Bernardo Ruiz, Senén Blanco, José Escolano, Jesús Loroño, Miguel Gual, Andrés Trobat y José Vidal Porcar, que faltos de motivación y con poco rodaje se dedicaron a cumplir el expediente, siendo Ruiz el mejor de todos ellos, en vigésimo novena posición Fue finalmente el omnipresente Bernardo Ruiz “El Pipas” quien, en 1955, liberó de complejos a los ciclistas españoles al conseguir la primera victoria de etapa de un ciclista ibérico en el Giro de Italia, al ganar en la meta del circuito de Frascati, imponiéndose al sprint a Pasquale Fornara.

ENTRE LOS MEJORES
Abierta la veda, el ciclismo español iba a conocer la fortuna de contar con un velocista catalán que seduciría a Italia, Miguel Poblet. Éste ganó un total de veinte etapas en sus seis participaciones en el Giro (de 1956 a 1961), llegando a vestirse con la “maglia rosa” de líder en 1961. Pero antes de que aquella fecha, otros ciclistas españoles habrían de dejarse ver en la ronda italiana. Ciclistas como el valenciano Salvador Botella, ganador de una etapa y pionera “maglia rosa” en 1958, o Federico Martín Bahamontes, vencedor en la dura etapa con final en Superga de aquel mismo año.
Entrada la década de los años 60, los ciclistas españoles repartieron su devoción entre la Vuelta y el Tour, restándole atenciones al Giro. Eso no impidió que en 1961 Poblet siguiera haciendo de las suyas en la corsa rosa, ni que por vez primera en la historia un ciclista nacional, Antonio Suárez, quedase tercero en el podio milanés, tras haber ganado una etapa y portado la maglia rosa de líder.
Por aquellos años destacaron también José Pérez Francés, sexto en la general de 1962, y sobre todo Angelino Soler, que amén de ganar tres etapas aquel mismo año, ganó el Gran Premio de la Montaña. Siguieron en el tiempo prestaciones de lujo como la de Julio Jiménez en 1966 (vencedor de dos etapas y líder durante once días), Aurelio González (ganador de tres etapas y rey de la montaña en 1967), José Antonio Momeñe y Luis Pedro Santamarina (ganadores de sendas etapas en 1968).
Entrados los años 70, otros ciclistas españoles marcaron con su sello las cumbres del Giro, no en vano entre 1971 y 1977 se impusieron ininterrumpidamente en el Gran Premio de la Montaña, como veremos más adelante. Aquellos, no lo olvidemos, fueron los años dorados de Merckx, un “monstruo” cuya ambición y poder cortaba el camino del podio, pero también la época de grandes corredores como Fuente (segundo en el Giro del 72) y Francisco Galdos (tercero aquel mismo año), que se quedó a un suspiro de ganar la edición de 1975.
En 1977, el reinado montañero de Fernández Ovies, el escalador al que le asustaban los descensos, puso fin a aquellos tiempos dorados, viniendo luego una bruma que disipó Juan Fernández con su victoria en la meta de Fiuggi, un 24 de mayo de 1980.

ESPERANDO AL MESÍAS
Entre 1980 y 1985 el Zor-Gemeaz de Javier Mínguez representó a nuestro ciclismo en el Giro de Italia, carrera que pudo ganar en 1983 merced al añorado Alberto Fernández, al que desbancaron, con no pocas ayudas, Saronni y Visentini. Quede para el recuerdo un dato: aquel mismo año debutó en la “corsa rosa” Marino Lejarreta, quien al año siguiente consiguió su primera victoria de etapa en el Giro, al imponerse en la dura llegada a Selva di Val Gardena. Las altas cumbres italianas siguieron luego dando lustre al ciclismo ibérico merced a los reinados montañeros de José Luis Navarro (1985), Pedro Muñoz (1986) e Iñaki Gastón (1991).
Con ellos y con las esporádicas victorias de etapa de hombres como Eduardo Chozas (1990 y 1991) y Marino Lejarreta (1991) el ciclismo ibérico no desentonaba en el Giro, esperando siempre la llegada de un mesías que pudiera redimirlo en la grada más alta del podio. Curiosamente, el elegido, Miguel Indurain, no fue al Giro de 1992 pensando en ganarlo, sino más bien para preparar un nuevo asalto al Tour, carrera que ya había ganado por vez primera en 1991.
Clase obliga. Un campeón no puede dejar de serlo e Indurain ganó las dos contrarrelojes de la prueba (en la 3ª etapa: Arezzo-San Sepolcro, 38 km., y en la 21ª: Vigevano-Milán, 66 km.), superando por más de cinco minutos al segundo de la general final, el italiano Chiappucci. Cebado con aquella victoria, el navarro volvió a por más en 1993, ganando de nuevo las dos cronometradas (la de Senigallia, de 28 km., y la Pinerolo-Sestriere, de 55 km.) y pasando sus apuros en montaña, ya que Ugrumov le puso contra las cuerdas en la llegada al Santuario de Oropa, lo que no impidió que a la postre el de Villaba sumase una nueva victoria en el Giro de Italia.
Por desgracia no pudo regalarse la tercera, cazado en 1994 por las figuras emergentes de Berzin y Pantani. A partir de entonces, y perdido ya el miedo escénico a la prueba italiana y sus figurantes, los ciclistas españoles han firmado otras varias páginas doradas en la historia de la gran carrera italiana. Ahí quedan, entremezclados, los nombres de ciclistas que han logrado muy meritorias victorias de etapa y de otros que han subido incluso más arriba, llegando a pisar podio. Citemos entre los primeros a Koldo Gil (ganador de la etapa de Pistoia, en 2005), Joan Horrach (vencedor en Sestri Levante, en 2006), Juanma Gárate (ganador en la llegada al Passo de San Pellegrino, en 2006) e Iban Mayo (vencedor en Comano Terme, en 2007), y entre los segundos a Abraham Olano (3º en 1996 y 2º en 2001), Unai Osa (3º en 2001), y finalmente José Enrique Gutiérrez (2º en 2006).

LOS HOMBRES DE LA MONTAÑA
Pero esta historia de lo logrado por los ciclistas españoles en el Giro quedaría tan completa como descafeínada sino hiciésemos un largo inciso para hablar de ese su territorio preferido, allá en donde se forjan las leyendas: la montaña. Fue en 1933 cuando el Giro instituyó formalmente su Gran Premio de la Montaña, que en realidad aquel año se adjudicó en cuatro cumbres (en Castelnuovo Val di Cecina, Castelnuovo Daunia, Hosteria della Crocetta y Passo del Tonale), conquistadas todas por Binda, que se adjudicó así la titularidad global de mejor montañero en aquella “corsa rossa”.
Por lo que a los ciclistas españoles se refiere, desde aquel ya lejano 1933 y hasta 2007 llevan conquistados catorce premios de la montaña. Fue, como no, Federico Martín Bahamontes, el primero de la serie al coronarse rey de las cumbres en 1956, con la salvedad de que entonces se instituyó un ganador por cada uno de los macizos montañosos que ascendía la carrera. Así, Bahamontes se impuso en el de los Apeninos, mientras que Gaul lo hizo en el Trofeo Dolomiti y el italiano Aurelio del Río en el Trofeo dello Stelvio. Seis años más tarde, en 1962, fue Angelino Soler el más regular en las catorce escaladas que entonces puntuaron para el Premio de la Montaña, destacando muy especialmente en las dos ascensiones al Col di Joux, en las que finalmente despegó a su más enconado rival, el ciclista italiano Carrara.
Aurelio González es otro de los grandes escaladores españoles que brillaron antaño en el Giro. No en vano el vizcaíno se impuso más que sobradamente en la clasificación de la montaña del año 1967, que ganó con 480 puntos de ventaja sobre un ciclista de la categoría de Vittorio Adorni. Para lograrlo, González pasó en cabeza por la cima de nueve de los diecinueve puertos puntuables aquel año (la Galleria del Cipollaio, Abetone, Sella Granito, Rionero Sannitico, Roccaraso, Passo Falzarego, Passo Pordoi, Passo Rolle y Madonna del Ghisallo). ¡Ahí es nada!
Vino luego la época gloriosa de José Manuel Fuente “Tarangu”, dominador absoluto de la montaña italiana entre 1971 y 1974, tiempo en el que rivalizó por la general con el mismísimo Eddy Merckx, a quien puso en apuros en no pocas ascensiones. Escalador volcánico, la agresividad casi eléctrica de Fuente le llevó a atacar siempre que la ruta tendía a inclinarse. Cifras cantan: de los ochenta y un puertos puntuables que se ascendieron en las ediciones antes citadas, veinticuatro fueron coronados por Fuente en posición de cabeza de carrera, lo que de paso le ayudó para conseguir nueve victorias de etapa en la prueba italiana, a saber: en Pian del Falco (1971), Block Haus y Passo Stelvio (ambas en 1972) Auronzo di Cadore (1973), y finalmente en Sorrento, Monte Carpegna, Il Ciocco, Mendrisio y Tre Cime di Lavaredo (todas en 1974).
En el 75, las cumbres italianas tuvieron dos “gallos”, Paco Galdos (2º en la general) y Andrés Oliva (14º), que empataron a puntos por el Premio de la Montaña, repartiéndose como hermanos el paso en cabeza por algunos de los puertos más importantes de la “corsa rosa”: para Galdos fueron el Pordoi y el Stelvio (Cima Coppi), y para Oliva el Passo San Leonardo, el San Pellegrino y Costalunga. Un año después, el toledano Oliva volvió al Giro, y entonces sí que pudo ganar el premio de la montaña (pasó en cabeza seis de los veintiocho puertos puntuables), aunque fuera en pugna con otro compañero de equipo, Andrés Gandarias.
Nuevamente un hombre del Kas, el asturiano Faustino Fernández Oviés, copó el Premio de la Montaña del Giro de 1977. Para Oviés era aquella su segunda temporada como profesional y sin duda quedó asombrado de su rendimiento en aquel Giro. Pasó el primero por la cima de once de los veintiocho puertos puntuables aquel año, entre ellos los Passos de Rolle, Valparola y Gardena, si bien confesó tenerle respeto a sus descensos (“si llueve bajando Faustino se va a casa”, declaró al diario Marca). Vinieron luego sendos paréntesis de atonía colmados primero por José Luis Navarro (1985) y Pedro Muñoz (1986), y más tarde por Iñaki Gastón (1991).
Tras ellos la nada. O mejor dicho, el turno para otros escaladores, como los italianos (Chiappucci, Piccoli, Pantani, Casagrande y Piepoli), colombianos (Herrera, Chepe González, Freddy González y José Rujano), suizos (Pascal Richard), y alemanes (Wegmann). Desde entonces hasta acá, desde aquel ya lejano reinado montañero de Gastón, en 1991, hasta nuestros días, tan sólo uno de nuestros ciclistas ha logrado imponerse en el Gran Premio de la Montaña. Fue en fecha tan cercana como la de 2006 cuando Juan Manuel Gárate, corredor en el Lampre italiano, cogió sobre sus espaldas la maglia verde que distingue al mejor escalador del Giro.
Gárate comenzó a optar decididamente a este galardón tras ganar la decimonovena etapa, con meta en el Passo de San Pellegrino, tras haber sido segundo en la cima del Forcella Staulanza (2ª categoría) y primero en el Pordoi (1ª cat.). Entonces no cogió el liderato de la montaña, sino que lo logró al día siguiente, en la Trento-Aprica, tras desbancar a Fortunato Balliani merced a los puntos logrados al pasar en cabeza de carrera por el Passo Tonale (1ª cat.) y el Gavia (Cima Coppi). Con él se cierra la nómina, por ahora. Queda por ver si este año Contador se decide a tomar el relevo. Si opta por el verde o el rosa es ya otro cantar.

LOS PLURI-VENCEDORES
Son 89 las victorias acumuladas por los ciclistas españoles en lo que va de historia del Giro de Italia. En el listado de pluri-vencedores destaca con luz propia el velocista catalán Miguel Poblet, ganador de 20 etapas, conseguidas entre 1956 y 1961. Tras él, con 9 victorias de etapa, sigue José Manuel Fuente, viniendo a continuación Miguel Indurain, Julio Jiménez y Angelino Soler, todos ellos con cuatro triunfos parciales. Siguen en el listado de vencedores Eduardo Chozas, Miguel María Lasa y Aitor González, que cuentan con tres victorias por cada uno.
Dos lograron Salvador Botella, Laudelino Cubino, Ángel Edo, Alberto Fernández, Marino Lejarreta, Txomin Perurena y José Luis Rubiera. Cerrando la lista hallamos una extensa nómina de 25 ciclistas que han logrado una única aunque impagable victoria de etapa en la “corsa rosa”, siendo Iban Mayo el último en incorporarse a tan meritorio elenco dado que el ciclista vasco logró su victoria en 2007, al imponerse en la meta de Comano Terme, final de la decimonovena etapa.

LÍDERES EN ROSA
Si en la ingente marea de días que componen la historia del Giro de Italia sumamos las jornadas que la maglia rosa ha descansado en los hombros de un ciclista español, vemos que el total se queda a las puertas de los tres meses. Son exactamente 86 los días que ronda italiana ha tenido un “dueño” español. El primero Salvador Botella, en 1958, el último Juan Carlos Domínguez, en 2002.
Estos son, por orden de días luciendo el liderato, las “maglias rosa” de nuestro ciclismo: con 29, Miguel Indurain (1992 y 1993); 14, José Manuel Fuente (1972 y 1974); 11, Julio Jiménez (1966); 9, Francisco Galdos (1975); 8, José Pérez Francés (1967); 7, Miguel Poblet (1961); 4, Antonio Suárez (1961 y 1962); 3, Antonio Gómez del Moral (1967); 1: Salvador Botella (1958), José Enrique Gutiérrez (2000) y Juan Carlos Domínguez (2002).

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