mundial ciclismo  
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Carlos De Andrés
Me encanta el Mundial. Por el ambiente, por el tipo de carrera que es, por dar vueltas al circuito, por correr por selecciones… Y me encanta Bettini. Por el tipo de corredor que es, por su alegría, por su determinación a la hora de conseguir un objetivo. El domingo 30 de septiembre Bettini tuvo ocho horas brillantes. Corrió como pocas veces le he visto, muy por encima del Mundial de Salzburgo. Enrabietado y con una ambición admirable. Fue superior y ganó. Siete horas pletóricas encima de una bicicleta. La octava hora la dedicó a las celebraciones, podium y primeras entrevistas. Estuvo bien, un punto reivindicativo. Correcto. Pero a la novena falló. No suelo acudir a las ruedas de prensa de los Mundiales. Las televisiones con derechos tenemos una zona en meta donde podemos trabajar. Pero después de la semana que le habían hecho pasar al italiano decidí acercarme. Me cae bien Bettini, quizá por eso fui, porque esperaba que por fin alguien dijera algo. Que reivindicara de verdad que a los ciclistas no se les puede tratar tan mal. Yo perdí mi tiempo y los ciclistas otra oportunidad. Sobre todo después de escuchar a McQuaid decir que había sido un gran Mundial, con una gran carrera, un gran público, etc. Pero se le olvidó decir que a Bettini lo habían maltratado con su connivencia porque necesitaban el dinero que aportaban organización y patrocinadores. Inmediatamente después Bettini sólo dijo que estaba rabioso y otros tópicos similares y acabó dándose la mano con un McQuaid que mientras esperaba la traducción al inglés de las palabras de Bettini ponía cara de pocos amigos. Por si acaso. Pero tranquilo McQuaid, los ciclistas amenazan, pero no actúan. Al final el entorno tiene la culpa, pero yo ya no sé qué es el entorno. Bettini ya ha hecho lo que tenía que hacer en el ciclismo. Se ha labrado un gran palmarés y, supongo, una buena cuenta corriente. No tiene nada que perder, pero ni así se atrevió a decirle basta a McQuaid. Hace tiempo que pido a los ciclistas algo más. Sin ellos no hay carreras y no saben aprovechar su fuerza. La situación es límite porque pasan 40 controles al año y aún y así, nadie les cree. Qué pena, han perdido otra oportunidad. Cada vez quedan menos.
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