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PARA AUTÉNTICOS GOURMETS

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PARA AUTÉNTICOS GOURMETS

Ciclismo en Ruta nº 044

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1. Introducción2. Gamoneu de Onís3. Collado de Teix4. Refugio de Lizara5. Iznatoraf6. Tremendal

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Se acaba un nuevo año en la aún corta pero apasionante historia de Ciclismo en Ruta. En la próxima primavera serán ya cuatro los que hayan transcurrido y la apuesta, que entonces empezamos con ilusión un grupo de “locos de las cumbres” por dar a conocer las altigrafías de los principales puertos de la geografía hispana continúa en pie. Queremos, pues, despedir el año que se va y dar la bienvenida al que pronto se inicia con una selección de puertos “delicatessen”, auténtica exquisitez para los buenos aficionados. Que os gusten.

Si hay una tarea sencilla para los “cazapuertos” de este país, ésta es la de encontrar temporada tras temporada nuevos tesoros que añadir a su particular colección. En España, sin ir más lejos, las maravillas en forma de puerto de montaña no tienen fin. Algunos llevamos más de 30 años “en busca del puerto perdido” y nuestra ambición crece día a día: siempre hay más…y más…y más. Son cientos, miles, quizás hasta decenas de miles, que garantizan, si nada se nos tuerce en la vida, nuestra felicidad cicloturista presente y futura.
Como dicen que es de buenas personas el compartir lo que se conoce, se disfruta o se aprecia, os invitamos a acompañarnos, una vez más, por la Península para que podáis conocer, disfrutar y apreciar como nosotros la exquisitez de cinco puertos a cual más atractivo. Desde Asturias a Alicante, de Huesca a Jaén, pasando si os parece por Ávila, nuestro habitual regalo navideño de este final de 2007 va a mostraros nuevas ascensiones que harán las delicias de los más chiflados cicloturistas. Las hay de todo tipo, desde largas y poco exigentes hasta verdaderas paredes de escalada, pero todas y cada una de ellas con un encanto paisajístico y ciclista que dejará en vosotros un recuerdo imborrable cuando acudáis a la cita a la que os emplazamos. Para ir abriendo boca ¿no os apetece un aperitivo a base del mejor queso de Asturias y, para algunos, del mundo-mundial? ¿Cuántos de los que acudís todos los años a vencer los míticos Lagos de Covadonga sabéis que, apenas a una docena de kilómetros de Cangas de Onís, podéis degustarlo en la paz de la montaña? Ahora, eso sí, si sois capaces de escalar sin cuerda, sino a base de intenso pedaleo, el terrorífico muro del bello rincón de Gamoneu. Ya sabéis, si os gusta el queso…

Bien, supongamos que como aperitivo no os habéis quedado atiborrados de comida y de cansancio. Vamos en busca de otra “delicatessen”, ésta en tierras alicantinas, muy cerca del turrón de Jijona que, ahora en Navidad, tanto apreciamos en las cenas y comidas familiares. El collado de Teix, partiendo del bello pueblo de Relleu, es otro de esos sitios con encanto que también tiene su “aquél”. Ya podéis ir preparados, ya... Oye, ¿y qué tal unas migas de pastor en los Pirineos? En realidad sólo es una disculpa para disfrutar de otro de los deportes que más tienen que ver con nuestra común “locura de las cumbres”, el montañismo. En la explanada del Refugio de Lizara podréis iniciar vuestro paseo por el llano homónimo o subir a cualquiera de las montañas próximas, de cerca de 3.000 m., rodeados del magnífico paisaje del Pirineo oscense; por cierto, bien cerca de Sabiñánigo y Jaca. Pero, claro, hasta allí deberéis llegar en bici: si no, no tiene mérito. ¿Qué tal, en cualquier caso, para el día después de la QH? Pero sigamos dando gusto al paladar. Si con verdaderos gourmets estamos tratando, ¡qué menos que un paseo por el “mar de olivos” jienense para catar el mejor aceite de España y recrear la vista desde la atalaya de Iznatoraf! Este antiquísimo lugar ya fue poblado desde la Antigüedad, lo que explica que no seamos nosotros los primeros en saborear la “delicatessen” de tan privilegiado mirador sobre los ondulados cerros de Úbeda y la esbelta sierra de Cazorla. ¡A ver si aún pensamos que los antiguos eran tontos! ¡Ya, ya!

Bien. Os hemos dejado para el final uno de los mejores alicientes de la Meseta castellana: la vertiente sur del puerto del Tremedal nos enfrenta a uno de los retos que año tras año deben vencer los participantes en la Marcha Peña Negra y Tremedal antes de finalizar el exigente recorrido en la localidad de las alubias, El Barco de Ávila. Pero, ¡ojo!, tras el atracón no nos vendrá mal darnos un paseo cultural por la ciudad que atesora otro tipo de atractivos, en este caso artísticos, que pueden ayudarnos a relajar nuestro cuerpo y nuestro espíritu de tanta panzada. Aunque… no nos negaréis que, a pesar de que el precio de las “delicatessen” suele ser un pelín elevado, estos cinco suculentos manjares en forma de puertos no os han dejado bien satisfechos. Que os aproveche y feliz 2008 a todos los “locos de las cumbres”.

FUERTE, INTENSO Y LIGERAMENTE PICANTE
Localización: En Mestas de Con, situada en la AS 114, a doce kilómetros de Cangas de Onís, deberemos adentrarnos el pueblo hacia Llano de Con, siguiendo el cauce del río Tabardín. Pasada esa última localidad, en un puentecillo en la llanura vemos la tremenda rampa inicial. No hay duda: es por ahí.
Especificaciones: Carretera muy estrecha pero con anchura suficiente para no molestar nuestro pedaleo. Sin señalización horizontal y en buen estado. Sombras a tramos y ausencia de tráfico rodado: otra cosa es el ganado.
Fuentes: Hay un abrevadero para animales en el primer kilómetro: dudoso.
Descripción: ¿Cuántos son los miles de cicloturistas que se han acercado a Cangas de Onís a participar en la tradicional Marcha de los Lagos de Covadonga? Estamos casi seguros de que tú, amigo lector, te encuentras entre ellos. Y, como buen aficionado al cicloturismo, damos por descontado que habrás aprovechado tu estancia en esas tierras asturianas para ir conociendo año tras año la rica gastronomía de la región. Así, no sería de extrañar que en alguna de esas opíparas comidas -siempre lo son en Asturias- hayas degustado por vez primera el sabrosísimo queso de Gamonedo (Gamoneu dicen por allí y así debe ser) y, claro, no habrá sido la última, ¿verdad? Estamos hablando del “rey” de los quesos astures, elaborado en plenos Picos de Europa con leche de animales que han pastado libremente en la alta montaña –por encima de los 1.500 m. de altitud-. Nada de piensos, establos o sucedáneos, plena naturaleza, paz y sosiego, libertad, donde no se escucha ni un solo ruido y el tiempo no existe: sólo el día y la noche que se suceden monótonos y silenciosos.

En estas condiciones, todavía en el siglo XXI existe una decena de familias de pastores que entre los meses de mayo y octubre elaboran alrededor de 3.000 kilogramos de queso con la leche del ganado que han subido a finales de abril, si el tiempo acompaña, desde el valle a las alturas de la montaña. Leche de vaca, oveja y cabra, mezclada en la proporción que solamente ellos conocen y que después de madurar 60 días en las cabañas y cuevas montañeras, se transforma en uno de los quesos azules más buscados y deseados por gastrónomos y gourmets que visitan Asturias. Son ejemplares de gran tamaño, de 3 a 8 kg. de peso, que presentan una corteza natural de apreciable dureza aunque muy suavizada durante la permanencia del producto en la cueva, donde los hongos que allí adquiere le proporcionan la coloración característica que ofrece al final. Y lo más importante: tiene un aroma fuerte e intenso a humo y un sabor ligeramente picante.
Exactamente así es la subida al núcleo de población que da nombre al “rey de los quesos astures”: fuerte, intensa y picante. Fuerte por la exigencia brutal de algunas rampas con cifras por encima del 20%, intensa por su pendiente media superior al 10% a lo largo de sus más de tres kilómetros, y ligeramente picante. Bueno, más bien tremendamente picante… hacia arriba, donde el cielo se enseñorea de un paisaje de un verdor sin igual entre las praderas de los Picos de Europa. Con que echéis un vistazo a la altigrafía que acompaña estas líneas, os haréis una idea de que quizás sea más sensato alabar Gamoneu por sus quesos que por la belleza sin par de su emplazamiento. Pero, ¿a que más de uno de vosotros cae en la tentación de vivir la fuerte, intensa y picante sensación de conocer el pueblo donde se elabora tal delicatessen?

TRAMPA EN LA MONTAÑA
Localización: Es la CV-782 que une las localidades de Relleu y Torremanzanas en la cara norte de la Sierra de la Grana alicantina.
Especificaciones: Carretera de muy poco tráfico, en buenas condiciones y sin sombras.
Fuentes: No es Alicante tierra donde abunden los manantiales: más vale prevenir.
Descripción: Relleu debe su nombre, que en valenciano significa “relieve”, a la accidentada orografía que determina su emplazamiento. Su historia hay que vincularla al mundo morisco, agrícola y trabajador, que vivió en estas prósperas tierras hasta su expulsión a principios del XVII. Situado en la comarca de la Marina Baixa, a 20 km. del mar, se nos aparece totalmente integrado en un terreno muy accidentado en las estribaciones de la Sierra Aitana. Su casco urbano, empinado y estrecho como los mejores zocos árabes, está muy bien conservado y tiene ejemplos arquitectónicos de notable interés, entre los que destacaremos la iglesia de San Jaime, donde el volteo de las campanas más viejas de la provincia se ha convertido en un espectáculo sonoro inigualable que atrae cada año a más turistas. La subida por el Vía Crucis a la ermita de San Albert y los restos de la muralla y castillo árabes constituye un precioso paseo que brinda las mejores vistas sobre el término municipal.

Nuestra ascensión bicicletera se inicia ya lejos del núcleo urbano en dirección a Torremanzanas, tras habernos dejado caer en fuerte descenso hasta un puente sobre el río Amadorio en el lado este de la Sierra de la Grana. Vamos a transitar por la vertiente norte de dicha línea montañosa, la más húmeda, y con importantes formaciones boscosas de encinas y pinos, así como algunos tejos, los únicos de la región, que justifican el topónimo Teix que se da a las dispersas masías que iremos encontrando. Se trata de un puerto de comienzo muy irregular, en el que iremos alternando rampas de doble dígito con pequeños descensos que desvirtúan en la altigrafía la exigencia de esos primeros kilómetros. Un nuevo tramo en bajada nos conduce a otro puente, donde tiene su inicio un durísimo kilómetro por encima del 12% en el que podremos ir leyendo en el suelo los nombres de Valverde y Sevilla que nos harán soñar con grandes gestas.
Y si miramos a la derecha vislumbraremos, allí en el cielo, las antenas de Aitana, como retándonos a una nueva lucha aún más encarnizada. Pero más vale que nos concentremos en el esfuerzo si queremos llegar enteros hasta una masía con torre a nuestra izquierda que marca el final del penoso calvario. Al llegar, unos centenares de metros más adelante, a una zona llena de casas desperdigadas, la pendiente media nos va a dejar disfrutar de un paisaje sereno y abierto que da nombre al collado: Teix de Baix y Teix Dalt son los topónimos de las dos zonas de la amplia planicie interior que da paso al kilómetro y medio final hasta alcanzar la conocida como Masía del Collado. Todavía podremos continuar a nuestra izquierda por una pista forestal asfaltada si queremos introducirnos en la sombra de un pinar a mayor altitud de la que hemos coronado por cuanto, tanto o más que con las tremendas rampas, habremos tenido que sufrir con el tórrido calor de algunos días del estío.

UN LUGAR MÁGICO
Localización: Abandonamos la A-2605 que remonta el río Osia desde el valle de Hecho para, dejando Jasa a nuestra derecha, continuar hacia su cabecera atravesando la localidad de Aragüés del Puerto.
Especificaciones: Carretera de montaña, poco transitada salvo por los aficionados a la montaña o el esquí de fondo en temporada. El suelo se halla en condiciones de uso ciclista, sin señalización horizontal, y las sombras nos protegen por momentos.
Fuentes: Hay un par de ellas como un kilómetro después de Aragüés, en una vaguada con puente y otra más en un área recreativa en el km. 8. Y otra muy cerca de la explanada del parking final: preguntad si no podéis aguantar.
Descripción: El valle de Aragüés del Puerto se encuentra intercalado como una cuña entre los valle de Hecho y Aísa. Aún siendo muy diminuto -unos 20 km. de desarrollo- guarda todas las características pirenaicas y hasta la cumbre más alta del Pirineo Occidental: el Bisaurín con 2.669 m. de altitud. Es un paraje excepcionalmente tranquilo, cuyo eje viene configurado por el río Osia, que lo recorre hasta confluir con el AragónSubordán, junto a la ermita de Santa Isabel (a 8 km. aguas abajo de Hecho).

Su parte más alta es conocida como valle de Lizara y sus bellos parajes están cubiertos de tupidos bosques de pino y abeto sobre los que emergen escarpes típicos de las sierras calizas. En la alta planicie del Llano de Lizara el río se precipita rápido con sus primeras y escasas aguas, surcando una tierra de hallazgos prehistóricos, con un importante dolmen en el centro, visible a una distancia considerable. Para alcanzar ese maravilloso emplazamiento deberemos vencer una ascensión de 12 km. con tres tramos bien diferenciados. El primero, de 5 km. mantenidos entre el 2% y el 4%, nos permite conocer el bonito pueblo de Aragüés, capital del pequeño valle homónimo, en el que advertimos las pautas del clásico asentamiento de montaña. Su población ha vivido básicamente de la explotación forestal y ganadera que obligó a los hombres a pasar largas temporadas lejos del hogar. Por otro lado, cuando las mujeres han emigrado se ha llegado a dar la circunstancia de haber más solteros que solteras, algo no tan extraño en las montañas pirenaicas.
Los cuatro kilómetros siguientes ya van ganando en dureza, aunque todavía sin especiales problemas. Nuestra ruta continúa siempre en busca del fondo del valle del Osia y las bordas pastoriles, que nos hablan bien a las claras de la dedicación de estas gentes, salen a nuestro encuentro con bastante frecuencia. Finalmente, al llegar al puente y bar de Los Corralones, la cosa se pone ya muy seria para afrontar en sucesivas herraduras los tres mil metros finales que se nos van a hacer muy exigentes, con varias rampas por encima del 10% y hasta un máximo de 14% ó 15% en algún punto concreto, muy cerca ya del refugio.
Estamos ya en los llanos de Lizara, en las faldas del pico Bisaurín, un lugar mágico tal y como atestiguan un círculo de piedras, un posible túmulo y el citado dolmen, situado en el fondo del valle que se alinea de Este a Oeste. Y ahora debemos decidir si seguimos buscando puertos por los alrededores o nos dejamos llevar por la tentación de ascender a cualquiera de las espectaculares montañas que nos envuelven. Difícil papeleta.

LA ETERNA VIGÍA
Localización: en la localidad jienense de Mogón tomamos un ruta forestal en dirección a los campos de olivos para ir remontando poco a poco la ladera montañosa en busca de la N-322. Atravesamos ésta por debajo para seguir ascendiendo por la JV-6003 hacia Iznatoraf, que se ve en lo alto del cerro. Especificaciones: la primera parte de la ruta, hasta alcanzar la nacional de Jaén a Albacete, discurre por entre el mar de olivos y el tránsito se reduce a las épocas de recolección. Esa zona está algo bacheada y tiene una anchura de unos 3,5 m., sin señalizar. El tramo final, en mejor estado y más ancho, suele ser recorrido por los turistas que se acercan a admirar la belleza del pueblo. Sin sombras.
Fuentes: ni una sola hasta llegar a Iznatoraf.
Descripción: esta villa, también conocida por Torafe, ha tenido en su historia un condicionante clave: su alto y privilegiado emplazamiento, que le ha hecho justa merecedora de ser bautizada como “la eterna vigía”. Desde muchos kilómetros a la redonda se puede contemplar a lo lejos la serpenteante silueta de Iznatoraf, que pugna con sus más de 1.000 metros de altitud por adentrarse en las entrañas del cielo para dar sombra y cobijo entre sus murallas al viajero impenitente en busca de un remanso de paz y sosiego en el que ordenar sus intensas vivencias por estas tierras del “mar de olivos” jienense.
Poblada desde tiempos prehistóricos, en ella se han hallado restos iberos, cartagineses, romanos y visigodos, si bien lo que la Historia nos ha legado a las generaciones actuales es un hermoso pueblo de raíces árabes que no pueden ocultarse: desde su curioso nombre (de Hisn al Turàb, que podría traducirse por “castillo de los polvos”) hasta el entramado y el aroma de sus calles, la hospitalidad de los torafeños y la belleza de sus monumentos, podrá disfrutar el viajero de la placidez y la intimidad, cruzando el umbral de la Historia a través de las puertas de sus murallas de villa medieval para saborear un paisaje sorprendente de piedra, cal blanca y macetas con flor. Y la verdad es que la ascensión a este “Promontorius” (Julio César dixit) no encierra especiales dificultades, lo que aún hará más placentero el maravilloso paseo entre olivos desde la localidad de Mogón.

Partiendo de este lugar en busca del Camino de la Huerta del Cura, la ruta empezará a empinarse al pasar sobre un puente y trazar la primera curva de herradura a izquierda. Van a ser cuatro las que dibujaremos de inmediato en la ladera a medida que nos adentramos aún más en el “mar de olivos”, mientras los cortijos desperdigados nos salen al paso constantemente. Si nos hallamos en época de la recolección de la aceituna no será de extrañar que los trabajadores nos inviten a echarles una mano: nosotros también pasaríamos envidia de ver gozar al prójimo en nuestras horas de trabajo. Y es que el placer de dar pedales en la inmensidad del “mar”, sin tener que vencer especiales dificultades en nuestra ruta, es para dar envidia a cualquiera, ¿o no? Tras casi 10 km. de relajado deambular por el olivar jienense, deberemos afrontar finalmente los cuatro mil metros que restan desde la N-322 hasta alcanzar las murallas de Iznatoraf, allí en el cielo. Ese tramo final, de pendiente mantenida cercana al 6%, nos va mostrando un panorama cada vez más amplio sobre los cerros colindantes, aunque lo que de verdad reclama nuestra atención es el caserío torafeño que nos aguarda impertérrito en las alturas. Y al alcanzar la atalaya de Iznatoraf, detened vuestro tiempo y gozad extasiados de uno de las más hermosas visiones del suelo andaluz.
Pero aún hay más: por si a algún lector le ha resultado poco exigente esta subida, siempre tendrá posibilidad de realizarla por la vertiente que parte del pie de Villacarrillo…y ya nos contará qué tal le ha ido. Aquí, como veis, hay oportunidades para todos los gustos

EN TERRENO PANTANOSO
Localización: A tres kilómetros de El Barco de Ávila en dirección a Plasencia deberemos abandonar la N110 para tomar, a la derecha, la carretera que nos lleva a Becedas a través del puerto del Tremedal.
Especificaciones: Carretera de montaña, con pavimento aunque algo botosa y áspera y sin señalización horizontal. Las sombras aparecen en la primera mitad y van desapareciendo a medida que ganamos altura.
Fuentes: Hay varias al paso por los núcleos de población.
Descripción: No deja de ser curioso el significado depalabra castellana de “tremedal”. El diccionario nos dice que así se denomina “un terreno pantanoso que tiembla cuando se anda sobre él”, y no está tan lejos de la realidad cicloturista tal significado. Para los cicloturistas que cada año participan en la Marcha Peña Negra y Tremedal el temblor que les produce el pensar en su ascensión, antes de finalizar en El Barco de Ávila, es muy posible que les resulte bastante familiar… y no es para menos. Menos mal que las famosas judías de la bella población abulense les están esperando a su regreso y el sufrimiento se verá recompensado en meta. Nada más abandonar la N-110 la pendiente va en gradual aumento mientras atravesamos los diversos pueblos que se sitúan en esta vertiente sur de la Sierra del Tremedal. La dureza se hace ya bien palpable en el tercero de esos kilómetros iniciales cuando, en un largo tramo rectilíneo, las rampas alcanzan un más que exigente 12% poco antes de trazar un par de herraduras que, por lo menos, despistan nuestra concentración en el trazado de la carretera.

De nuevo se suaviza la subida hasta dejar a la izquierda la ruta que desciende hacia Solana de Ávila, ya que es justo en ese cruce donde da comienzo el kilómetro de mayor pendiente media de todo el puerto. No son éstas las rampas más duras –lo han sido las anteriormente citadas- pero los cinco mil metros que vienen a continuación ya no bajan del 6,5% y eso, a estas alturas de la célebre marcha, ya son palabras mayores. En mitad de esa exigente zona pasaremos por la localidad que presta su nombre al puerto, Tremedal, donde unos verracos parecen querer unirse a nosotros para que dejemos aparcada la “flaca” y optemos por subirnos a su grupa, como hemos hecho varios de nosotros.
En el tramo final la pendiente media se dulcifica y nos permite disfrutar de un paisaje montañoso abierto y con magníficas perspectivas hasta coronar en un paso canadiense flanqueado por un muro de piedra junto a dos pequeños altillos que responden a los nombres de La Majada y de Bartolo Gómez que ven nuestro paso a izquierda y derecha respectivamente. Y la bajada por la vertiente de Becedas, el pueblo que sirvió de retiro a Santa Teresa y al mismo Unamuno, nos mantendrá entretenidos durante los siguientes kilómetros para llegar definitivamente a El Barco de Ávila y dedicarnos a otros menesteres más suculentos. Y es que no puede negarse que nuestra común locura de las cumbres tiene también una inclinación especial a la buena mesa y más aún si lo que nos aguarda en el plato es un nueva “delicatessen” en forma de perola de alubias. ¡Bon appétit, amigos!

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1. Introducción2. Gamoneu de Onís3. Collado de Teix4. Refugio de Lizara5. Iznatoraf6. Tremendal

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