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TRIBUTO A UN CICLISTA SIN PARANGÓN

Ciclismo en Ruta nº 041

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En un lugar de la Mancha de cuyo nombre sí quiero acordarme -Ossa de Montiel- no ha mucho tiempo que nació un hidalgo -Óscar Sevilla Ribera-, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín “muy” flaco y galgo “escalador”. Como justo tributo a su figura nació una marcha cicloturista que cumplió el pasado 5 de agosto su séptima edición y que reunió a más de 600 quijotes del pedal a lo largo de un trazado de ensueño por tierras manchegas.

La temporada 2007 va llegando a su ocaso y en su novela de agosto tiene capítulos de enjundia cicloturista en los que conviene detenerse a leer con ahínco. Uno de ellos es la Marcha Cicloturista Internacional Óscar Sevilla, una prueba que a lo largo de sus 115 kilómetros recorrió el bello entorno del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, un oasis en mitad de la Mancha que la serpiente multicolor conoció a bordo de sus monturas metálicas.

Sábado 4 de agosto. Tras varios años tratando de poder acudir, tuvimos la oportunidad de cumplir nuestra promesa y pasar dos días inolvidables en la tierra de uno de los hidalgos del pelotón internacional más querido por la afición. Un corredor con logros de tronío como la Vuelta Ciclista a Asturias 2006, el maillot blanco de mejor joven en el Tour 2001 o el segundo puesto en la Vuelta a España de aquel mismo año, que los que le conocemos nos dejó un dulzor ciclista en las entrañas difícil de olvidar. Ciclismo en Ruta estuvo presente en una marcha que se rodó a ritmo de AVE (la media del ganador rozó los 40 km/h), pero que fue una verdadera fiesta del pedal.
Estamos en Ossa de Montiel, un enclave manchego a 901 m. de altitud y escasos diez kilómetros de las conocidas Lagunas de Ruidera, un enclave en mitad de Castilla-La Mancha lleno de color en la época estival. Nada más entrar en la pista de ciclismo de la localidad nos recibió Andrés, el hermano de Óscar Sevilla. En compañía de José Moreno Losa, técnico de la Escuela Ciclista, fuimos a degustar las exquisiteces culinarias del lugar antes de visitar las Lagunas y la Cueva de Montesinos, pequeña cavidad kárstica poco profunda generada por los procesos de disolución que las aguas de lluvia han originado en el roquedo de la zona. Destaca en su interior una pequeña charca. Un rincón de cuento de hadas que nadie debería perderse.

SALE EL AVE
Domingo 5 de agosto. 8.15 de la mañana. Los alrededores del Pabellón Polideportivo Óscar Sevilla eran un hervidero de cicloturistas de todos los rincones. Allí vimos a los amigos de la Unión Ciclista Martínez Oliver, los miembros del C.C. Puertollano con su presidente Daniel Rodríguez a la cabeza, los guerreros de Bicicletas El Quijote, Pedro Platero y hasta los hermanos Gutiérrez, los profesionales Quique, Nacho y el pequeño Raúl, que, pese a contar con unos lanzadores de primera fila, se quedó con la miel en los labios y los besos de las guapas eran para el albañil Manuel Giménez, del club Caudete. Con el cielo ligeramente encapotado se daba el corte de cintas por parte del alcalde de la villa, Bienvenido Cano, y el hermano de Óscar Sevilla, Andrés. Y ustedes estarán pensando, ¿y nuestro amigo Óscar? Para desdicha de los allí presentes, el albaceteño se encontraba con su equipo en la Vuelta a Portugal y no pudo acompañar a la tropa multicolor. Tras 20 kilómetros neutralizados buscando el cruce de la Cueva de Montesinos y envueltos en un halo natural como las Lagunas de Ruidera, entre las que pudimos contemplar la Laguna de San Pedro o Laguna Salvadora, la guerra estaba presta. Se cruzaba Ruidera y empezaba a sacudirse el manzano. El primero en disparar fue el manchego José Ventura, al que se le soldaría Francisco García. Por detrás encabezando la diligencia Quique Gutiérrez. Tras el ascenso el pelotón voló impulsado por el viento. Se formaron mil y una grupettas. Y es que cuando el dios Eolo ruge con estridencia hay que buscarse el mejor escudo. Se atravesaba Ossa de Montiel y a su salida se seguía dirección El Bonillo, morada de nuestro conductor de la ocasión, Braulio Fernández, vicepresidente nacional de cicloturismo, que tuvo la gentileza de irnos pormenorizando cada rincón del trazado. Con la megafonía de nuestro inconfundible speaker, Juan Vitoria Campos (que fabrica bicicletas artesanas a gusto del consumidor por si alguien está interesado en contactar con él), el grupo de vanguardia se acercaba a su destino final.

Quique Gutiérrez, un auténtico purasangre del llano, enseñaba a todos su matrícula y no permitía respiro a quienes osaban la fuga en solitario. La consigna era clara: cortar cada salto y lanzarle la llegada a su hermano Raúl. Restaban 13 kilómetros y la locura se adueño de todos. Primero era José Antonio Carrera, un corredor de Vall d´Uxó curtido en mil batallas. No iría muy lejos, pero al menos fue valiente, que de los cobardes nada se ha escrito. Un par de intentos de postre sin jugo dieron paso a una volata masiva. Allí, en la recta de meta del Pabellón Polideportivo Óscar Sevilla, emergía como un tsunami el albañil Manuel Giménez Martín, del club Caudete, que se labró un buen demarraje que dejó K.O. a Raúl Gutiérrez . Su triunfo se lo dedicó a su buen amigo Óscar Sevilla, al que le desea de corazón todo lo mejor en su carrera profesional y que vuelva pronto por sus fueros.
Paulatinamente fueron llegando el resto de cicloturistas en un ambiente mágico. Después todos nos dirigimos al Parque que rodea el Campo Municipal de Deportes. Allí, en un ambiente relajado e inolvidable, todos comieron una paella con sus correspondientes refrigerios, cervezas… mientras aguardaban la entrega de premios. Quien firma estas líneas tuvo oportunidad de sentarse en la mesa de los hermanos Gutiérrez y charlar con ellos. Quique, Nacho y el ingeniero Andrés Sevilla fueron los encargados de entregar los trofeos. Había que despedirse de nuestros amigos José Moreno, el ex profesional Juan Vitoria, que estuvo acompañado por su mujer y sus guapísimas hijas, y cómo no, nuestro amigo Andrés Sevilla, siempre pendiente de todo y al que le deseamos todo lo mejor al igual que a todo un campeón con mayúsculas como es su hermano Óscar. Hasta el año que viene

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