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UN PASEO POR LA HISTORIA
Abantos altimetrias Arcalís- Vallnord Cerler Ampriu Cicloturismo Lagos de Covadonga Pirineos  
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1. Introducción2. Lagos de Covadonga3. Cerler Ampriu4. Arcalís Vallnord5. Abantos
La historia de nuestro país se ha escrito de mil maneras y, entre otras, en innumerables batallas que han ido conformando la actual España. Como en ella, también la Vuelta 2007 escribirá su propia crónica entre ocasionales escaramuzas y batallas sin cuartel. Los nombres del vencedor y de los derrotados sólo los sabremos al final, pero seguro que en el desenlace definitivo los cuatro finales en alto de esta edición habrán tenido una importancia decisiva.
Hemos podido leer en diversos medios de comunicación que la montaña que deberán superar los ciclistas este año no es lo suficientemente exigente y, como consecuencia, que es muy posible que la Vuelta no se decida en esta ocasión en las rampas de los 42 puertos puntuables. Pero, como siempre, serán los propios contendientes quienes se encarguen de dar o quitar razones. Lo que sí parece claro es que, si alguna importancia en el resultado final han de tener las rampas de todas esas ascensiones, los que de verdad van a pasar a la pequeña o gran historia de la ronda son los enfrentamientos que de seguro se librarán en los míticos cuatro finales en alto de esta edición.
Y, como en la historia de España, las primeras escaramuzas, aunque de una gran trascendencia posterior, han de dirimirse en la cuna de todo un reino, en las montañas asturianas, donde se esconden los Lagos de Covadonga. Sólo estaremos en la cuarta etapa, pero ya se estará fraguando el devenir histórico, como si Don Pelayo despertara de nuevo para iniciar la conquista de la Hispania perdida. En la vecina Cantabria, aunque suene a anacronismo histórico (ellos lucharon muchos siglos antes contra Roma y no con los musulmanes), sus naturales han tenido fama de invencibles guerreros y son de temer los largos kilómetros de ascenso al puerto de La Palombera. No acaba allí la etapa siguiente a la asturiana, pero el descenso a Reinosa parece que no puede aportar excesivas variaciones a la dura lid que se desarrolle en sus no muy exigentes rampas.
LLEGAN LOS PIRINEOS
Al inicio de la segunda semana de la prueba los corredores deberán buscar la victoria en lo más recóndito de otro de los primeros reinos cristianos del medievo hispano. Si el reino asturiano sirvió de impulso original a la futura España, el Reino de Aragón también ha tenido una grandísima importancia en nuestra historia. Como la tendrá la cruel batalla en la ascensión a Cerler-Ampríu.
Y, sin descanso alguno tras el feroz combate, otro antiguo condado, el de Urgell, verá adentrarse a las huestes de animados colores del pelotón en un territorio que fue suyo y que hoy comparte con la vecina Francia, Andorra. La Estación de Vallnord-Arcalís, techo de la Vuelta a España 2007, será testigo en esas tierras andorranas de una nueva y porfiada pugna entre los aspirantes a la victoria definitiva.
TAMBIÉN MÁS AL SUR
Otro momento trascendental en la configuración de España lo constituyó, sin duda, la conquista de Granada. Boabdil debió abandonar la que había sido su tierra durante casi 800 años y despedirla para siempre llorando ante la visión postrera de su Alhambra. A alguno de los favoritos de la Vuelta le sucederá lo propio ante las tremendas rampas del puerto de Monachil-El Purche: que se lo digan, si no, a Valverde y sus seguidores, miles, en la pasada edición. ¿Recordáis? Y si la España de hoy fue tomando a lo largo de los siglos la organización del Reino de Castilla, los ciclistas acudirán a la inhóspita Ávila para luchar por el triunfo final en las rompepiernas carreteras castellanas. Y, por fin, El Escorial, que compendia en sus muros los inmortales retazos de una Historia que hoy se va olvidando cada vez más en las aulas escolares. En sus aledaños, el puerto de Abantos será escenario por partida doble de la batalla decisiva de una larga y reñida guerra de 21 etapas que finalizará en la jornada veintiuna tras el colofón villalbino contra el crono. Sólo habrá un vencedor, lo haya logrado en los montes o en las planicies, sólo uno que se dé el paseo triunfal hasta Madrid. También la historia se escribe con los nombres de todos, pero casi siempre son sólo los de los triunfadores los que permanecen en el recuerdo.
CITA OBLIGADA PARA LOS MÁS GRANDES
Hay quien opina hoy que la inmortal batalla de Covadonga no pasó de ser una simple escaramuza de Pelayo y sus seguidores con algún destacamento musulmán que se habría adentrado por descuido en las montañas de Onís. No podremos saber quizás nunca con seguridad si las cosas ocurrieron de esa manera o si más bien fue una derrota en toda regla contra el ejército islámico. De lo que sí podemos estar seguros es de que, como todos los años, también en este 2007 la batalla será cruel entre quienes aspiren a la gloria imperecedera.
Este final de etapa, quizás el más tradicional de la montaña ibérica, vio su origen en el ya lejano 1983, cuando a las aguas remansadas de los altos de Covadonga se vino en llamarlas los “Lagos de Hinault”. Y es que todo el mundo esperaba la victoria junto al Enol y la Ercina del genial “tejón” (aquí lo apodábamos “el caimán” en una mala traducción). Pero no, a veces la historia tiene estos requiebros, y un “junco” indomable logró arrebatar al francés el honor de ser el primer vencedor en el duro y posteriormente mítico puerto astur. Marino Lejarreta consiguió derrotar al ídolo mundial, quien supo rehacerse y ser el vencedor definitivo en aquella edición de la ronda hispana. En esta cima sólo los mejores escaladores, o los ciclistas que se encuentren en un momento lúcido, tienen verdadera oportunidad de conquistar la gloria. No es puerto para los débiles en montaña, no, y así los nombres de Perico Delgado y Lucho Herrera pueden dar lustre ellos dos solos a las páginas de una historia de los mejores escaladores. Pero también hemos visto vencer aquí a los Dietzen, Millar, Pino, Rincón, Tonkov, Zintchenko y hasta un par de veces a un entonces sprinter que luego fue uno de los más grandes, Laurent Jalabert. En las dos últimas ediciones con final de etapa en la Vuelta, los vencedores fueron hispanos: Juanmi Mercado (2001) y Eladio Jiménez (2005, en la foto). ¿Quién será su sucesor?
MUCHO MÁS QUE LA HUESERA
El que quiera lograrlo deberá vencer un coloso de 14 km., con un desnivel de casi 1.000 metros y una pendiente media por encima del 7%. Nada más transitar junto a la cueva de la Santiña, las rampas se endurecen de improviso hasta superar el doble dígito en varias ocasiones. Luego, entre cabañas de piedra y un par de curvas de herradura, hallamos algún breve momento de sosiego, para aterrorizarnos en el km. 7 con la inhumana visión de La Huesera, larga rampa de 800 m. de fama universal y con un máximo del 16%. Los profesionales de cabeza no echan pie a tierra, claro, pero son muchos los que solicitan la ayuda de los espectadores más misericordiosos.
Cuando se ha superado esa tremenda pared desaparece de inmediato la esperanza de que ya está vencido el gigante: nada más lejos de la realidad, porque el siguiente tramo kilométrico mantiene una pendiente semejante. Un descanso de apenas 400 m. en un collado con vistas espectaculares da paso a una nueva zona dura al paso por el Mirador de la Reina, que continúa prácticamente sin solución de continuidad hasta un primer alto en el km 10. Un primer descenso de medio kilómetro y nuevamente a mirar al cielo hasta un segundo collado algo más allá del km 12. La bajada sucesiva puede ser muy peligrosa en día de asfalto mojado, pero quien empiece con cierta ventaja el postrero kilómetro, mucho más llevadero, tiene bastantes papeletas para cantar victoria. Y su canto será recordado durante años...
PRIMER ENCUENTRO CON LOS PIRINEOS
Si ya los romanos descubrieron los encantos de este paraje y de sus aguas termales en los actuales Baños de Benasque, no es de extrañar que a lo largo de las centurias las riberas del río Ésera se hayan mantenido habitadas a pesar de los rigores invernales. Esta comarca perteneció en época medieval al Condado de Ribagorza, que acabaría por integrarse en el futuro Reino de Aragón. Nos hallamos por tanto ante otra de las cunas hispanas.
Hoy Benasque se ha convertido en una acogedora población turística de agradable aspecto y buen ambiente para pasar un fin de semana o incluso estancias más largas. Y si somos aficionados al esquí podremos acceder a las pistas de la estación más alta del Pirineo aragonés, la de Cerler-Ampriu. Con una orografía típicamente alpina que la dota de su carácter propio y con laderas de bosques cubiertos por pino negro, la estación se rodea de picos que dejan su cota más alta en los 2.630 metros de altitud, lo que permite al esquiador realizar las bajadas más largas y con mayor desnivel que se pueda imaginar. Aseguran que decir Cerler es decir nieve asegurada para todos los aficionados: esperemos que no suceda lo mismo en el inicio de septiembre.
Para promocionar esta estación invernal y la comarca en general se reclamó la presencia de la Vuelta desde el año 1987, cuando su primer triunfador fue Lale Cubino. Desde entonces los nombres que aparecen en el listado de vencedores no sorprenden a ningún buen aficionado: a lo largo de las distintas etapas que han tenido lugar en el centro invernal ribagorzano se han impuesto grandes corredores, y especialistas de la montaña, como Fabio Parra (88), Perico Delgado (89), Martín Farfán (90), Iván Ivanov (91), Tony Rominger (93 y 94), Oliverio Rincón (96), hasta llegar a la victoria del Chava Jiménez en dura pugna con Roberto Heras y Fernando Escartín. Corría el año 1998, la primera edición en la que el maillot amarillo se denominó “jersey oro”: Abraham Olano, que lo llevaba en la cima de Cerler fue el primer ganador definitivo de esa preciada prenda. Desde aquel año y hasta 2005 no se habían vivido batallas de altura en sus rampas que llegaban ya hasta la parte alta del Circo de Ampriu. Ese fue el año de Roberto Laiseka (en la foto), quien se impuso por apenas 15’’ a los Sastre, Heras, Mancebo y García Quesada. Son nombres que por unas razones o por otras continúan en el candelero, mientras que el vasco ha debido abandonar la competición este año tras una grave caída en el Giro del 2006. Esperemos que el mal fario no acompañe al vencedor de este año. Esta ascensión se inicia a la salida de Benasque, en un cruce a la derecha que marcará el inicio de las hostilidades en el grupo de los aspirantes a la victoria final en Madrid. Es casi seguro que los cuatro kilómetros hasta llegar a Cerler, el pueblo más alto del Pirineo aragonés, destrozarán las ilusiones de varios candidatos. Si alguno de ellos cede en esta primera parte de la ascensión, podrá aprovechar el paso por la localidad para enlazar con sus rivales y, tras ligera bajada, perder definitivamente comba en los dos kilómetros mortales que vienen a continuación.
¿Lo logrará de nuevo en el posterior descenso? Será muy difícil, porque para entonces los ciclistas llevarán acumulados tres puertos de segunda, bien conocidos en las pruebas aragonesas: Monrepós, Serrablo y La Foradada. Quien quiera lograr un merecido éxito entre las grandiosas paredes del circo de Ampríu, sabe que tendrá que sufrir más que sus rivales. Que la suerte les acompañe.
LA ETAPA REINA LLEGA A ANDORRA
La décima etapa de la Vuelta 2007 nos llevará al país de la nieve del Pirineo. La historia de Andorra se mueve entre la leyenda de su fundación por Carlomagno, la tradición del primer documento donde aparece su nombre (el acta de la consagración de la catedral de Urgell), las sangrientas luchas entre los condes de Urgell y de Foix por su dominio y los “pariatges” o pactos que establecen la
co- soberanía del Obispo de Urgell y el conde de Foix, origen del Principado, cuya titularidad ostentan actualmente, en igualdad, el ordinario de la sede urgelense y el Presidente francés. Hoy en día, este pequeño estado pirenaico ha encontrado en la nieve y el turismo que ella arrastra el principal recurso económico para seguir manteniendo su identidad entre los dos grandes países que la rodean.
Por eso en Andorra se encuentran hasta cuatro estaciones de esquí: Vallnord, Grandvalira, La Rabassa y Parador Canaro. En Vallnord son tres los sectores de sus instalaciones, Pal, Arinsal y Ordino-Arcalís.
Este último ha visto en cinco ocasiones el final de una etapa de la ronda hispana, habiendo sido sus vencedores el colombiano Ángel Camargo, que inauguró el listado en 1994, y posteriormente los Igor González de Galdeano (1999), Roberto Laiseka (2000), José María Jiménez (2001, en cronoescalada) y finalmente Paco Mancebo (2005, en la foto). Muy vivo se mantiene aún en la memoria el sprint en el que el corredor abulense, con las escasas fuerzas que a todos les restaban, consiguió una victoria muy importante en su, no muy abundante para sus méritos, palmarés. Con él entraron Heras y Menchov: ¡casi nadie! Cualquiera de los nombres que aparecen en este párrafo tiene un hueco bien importante en la historia del ciclismo internacional. En esta ocasión los corredores deberán afrontar una larguísima ascensión de 26 km. y más de 1.200 m. de desnivel total, que se inician en las mismas calles de la capital andorrana hasta coronar en la cima Alberto Fernández de esta edición. Es más que posible que en esta escalada se produzca una selección trascendental para el resultado final en Madrid.
La subida puede subdividirse en tres tramos bien diferenciados. El inicial, con las primeras rampas serias, nos acercaría a la localidad de La Massana, poco antes de la cual la pendiente prácticamente desaparece para dar paso al segundo tramo, casi llano, que enlazaría dicha población con la de Ordino, y seguiría luego, siempre picando hacia arriba, hasta el temido Pont de La Farga. Nada más superarse ese puente, en el km. 16 de la ascensión, la carretera se empina de manera definitiva y los que más acusen el cansancio de una jornada de casi 220 km., tras haber superado dos puertos de segunda, los de Fadas y Perves, y el inacabable Cantó, de primera categoría, no podrán seguir el ritmo de los más fuertes y perderán comba en el mismo paso por El Serrat. Esos tres primeros kilómetros desde el puente son los más exigentes, para estabilizarse luego la pendiente en un 6-7% hasta los 2.230 m. de altitud en meta.
Los “pros” no van a poder disfrutar de un final plagado de herraduras que permiten continuos cambios de perspectiva sobre un espléndido panorama en el que un gran aro metálico del escultor Mauro Staccioli parece querer deslizarse rodando desde la montaña a lo más profundo del valle. Alguno de los favoritos verá también precipitarse al vacío sus esperanzas de conseguir el premio final.
LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA LOS ESCALADORES
En la ladera sur de la Sierra de Guadarrama nos encontramos con este puerto que ha ido tomando merecida fama en los últimos años como final de etapa de la Vuelta. Se trata de una pista forestal, asfaltada, que atraviesa la Sierra de Malagón, nombre del primer collado que hallaremos antes de coronar definitivamente, ya en la provincia de Ávila. Cerca del alto, el monte Abantos (1.753 m.) es la elevación más importante del entorno de San Lorenzo de El Escorial y lleva el nombre del “abanto” o alimoche, ave carroñera que anidaba en esta zona: mal presagio para alguno. Este paraje, salpicado de fuentes, presas y miradores, constituye el enclave de mayor belleza natural con el que cuenta el Real Sitio.
El Monasterio de El Escorial fue mandado construir por el rey Felipe II para conmemorar la victoria de San Quintín (1557) sobre las tropas del monarca francés Enrique II y servir de lugar de enterramiento de los restos de sus padres, el emperador Carlos V e Isabel de Portugal, así como, en adelante, de panteón familiar de los Austrias. La planta del edificio, con sus torres, recuerda la forma de una parrilla, por lo que tradicionalmente se ha afirmado que esto se hizo así en honor a San Lorenzo, martirizado en Roma asado en una parrilla y cuya festividad se celebra el 10 de agosto, el día que tuvo lugar la batalla conmemorada: de ahí el nombre del conjunto y de la localidad creada a su alrededor. ¿Seguimos con los presagios funestos? ¿Quién o quiénes serán los favoritos que quedarán definitivamente “asados” en esta especie de mausoleo del ciclismo hispánico? Esperemos que a nadie le suceda como a Isidro Nozal en la última vez que se ascendió en la Vuelta, hace ahora cuatro años. En aquella cronoescalada Roberto Heras (en la foto) le birló el liderato sacándole 2’23” en sólo 11 km., dejando al cántabro y a su equipo ONCE con un palmo de narices. Antes del bejarano, tan añorado por casi todo buen aficionado, los vencedores de etapa en su cima habían sido el omnipresente Laiseka (1999) y el poderoso escalador italiano Gilberto Simoni (2001). ¿Seguís comprobando cómo los nombres de triunfadores en las cimas más representativas del ciclismo hispano se repiten una y otra vez? Es una prueba más de que la montaña no engaña y pone a cada uno en su sitio…como la Historia. El puerto, que se subirá por partida doble en esta edición, tiene tres zonas bien diferenciadas que sólo los auténticos cicloturistas son capaces de apreciar. La primera, de unos 4 km., se aleja del famoso monasterio herreriano, con unas rampas considerables y sucesivas herraduras para abandonar las casas de la localidad y adentrarse en el hermoso y tupido pinar. Pronto, 2 km. más suaves e irregulares, al enlazar rampas con ligeros descensos, pueden servir de recuperación a quien vaya haciendo la goma para, de nuevo, reiniciarse la ascensión en una segunda zona con continuas rampas que superan el 10%, hasta afrontar ese kilómetro con pendiente media del 12% y un máximo del 17%: ¡qué buen lugar para un ataque… quien se atreva!
Finalmente, tras trazar un zig-zag izquierda-derecha alcanzarán el primer alto, conocido como Puerto de Malagón. Ahí da comienzo el tramo final, de unos 2,5 km. con menor pendiente, ya prácticamente sin sombras y en donde suele hacer acto de presencia el temido Eolo, que dará el premio a quien más lo haya peleado…o a quien más fuerte esté a estas alturas de la carrera. Aunque algunos quizás prefieran reservar sus fuerzas para la contrarreloj decisiva de la jornada siguiente.
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