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UNA ASTURIAS POR DESCUBRIR

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UNA ASTURIAS POR DESCUBRIR

Ciclismo en Ruta nº 046

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1. Introducción2. Más información3. Mujeres Muertas4. Connio

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El Parque de las Fuentes del Narcea ocupa un lugar destacado en el paraíso natural asturiano. Aquí podréis disfrutar de lugares íntimos y con cierto misterio, donde las siluetas de los castaños y robles, lejos de pareceros amenazantes, os acompañarán en vuestro pedaleo. En estos parajes cautivadores el tiempo adquiere otra dimensión y os invita a sumergiros en lo profundo de la naturaleza y del hombre. Y para ello, nada mejor que enfrentaros a las rampas de dos singulares puertos asturianos: el Pozo de las Mujeres Muertas y el Connio.

UNA CARTA DE PRESENTACIÓN DIFERENTE
La verdadera fuerza de Asturias es su paisaje, su naturaleza, sus bosques, su fauna... ellos son el arte vivo de la tierra astur. Su imagen turística apela al calificativo de paraíso natural como una carta de presentación que para muchos se plasma en el mar o en los imponentes macizos calcáreos del oriente del territorio. Sin embargo, como todos los paraísos, el Principado esconde también esos lugares diferentes, recónditos, donde todo está aún por descubrir. Queremos invitaros a conocer el mítico bosque de Muniellos, el valle del Coto, las recónditas brañas, la arquitectura religiosa, los palacios y casas blasonadas origen de nobles apellidos, o los pueblos y aldeas que mantienen toda la idiosincrasia del mundo rural, del cangués afable, conversador y hospitalario.

El Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias ocupa una amplia extensión del sur occidente asturiano, guardando en su interior otros dos espacios naturales de gran interés, las Reservas Naturales del Bosque de Muniellos y la del Cueto de Arbás, cima más alta del enclave con sus más de 2.000 m. Podemos encontrar en su paisaje una gran variedad de matices, que se definen con personalidad en cada uno de los concejos que lo conforman: Cangas del Narcea, Degaña e Ibias.

El primero es el más extenso y centro comercial y de servicios de la comarca. El concejo de Ibias se sitúa al suroeste del primero y el de Degaña al sur de ambos. Sus 1.282 km2 totales se extienden por el extremo más occidental de la Cordillera Cantábrica, lo que nos da idea de su carácter montañoso y accidentada orografía, un relieve que sin embargo presenta unas sierras de suaves lomas, denominadas campas o chaos. Su microclima es asimismo aspecto destacable, de influencia continental (heladas en invierno y temperaturas más elevadas en verano) y en general más seco y soleado que el resto de la región. Su economía tiene a la minería como principal motor, actividad que se complementa con la ganadería y la agricultura.
En estas líneas vamos a hacer mención de la zona de Cangas del Narcea, de relieve abrupto al paso del río homónimo y sus numerosos afluentes, espacios ideales para la pesca de la trucha y el salmón. Es en esta área donde se encuentra incluido parte del fascinante bosque de Muniellos, cuya visita se mantiene restringida para preservar intacta su naturaleza excepcional. En otras masas forestales del concejo está permitida la caza de algunas de sus numerosas especies salvajes como el corzo o el jabalí. La naturaleza en libertad, aún hoy. ¡Parece mentira!

DE AYER A HOY
Fruto de la presencia humana desde épocas neolíticas, hoy podemos encontrar a lo largo de toda la comarca amplias muestras de su paso, que han sabido perdurar a través de los siglos. En la zona existen multitud de vestigios, reflejo de sociedades con un rico patrimonio monumental y etnográfico. De los testimonios megalíticos -los más antiguos- sólo se conservan algunas estructuras funerarias (túmulos y dólmenes), que son expresión de espiritualidad a la vez que auténticas señales de delimitación territorial.

En época prerromana el concejo estuvo poblado por la tribu astur de los Pésicos, de la que se han identificado una treintena de asentamientos fortificados, castros, muchos de los cuales fueron más tarde romanizados y ligaron su existencia a la extracción de oro llevada a cabo por los romanos, probablemente en un ambiente de inseguridad en la región. Podemos visitar aún los restos situados en Valcabo. Durante la Edad Media, esta comarca fue especialmente rica en fundaciones monásticas y eclesiásticas, siendo en su mayoría construcciones familiares, cuyo patrimonio se fue disgregando por herencias y ventas en épocas posteriores. Algunas se conservan en perfecto estado y en otras sólo sus vestigios. Como ejemplo de lo dicho, destacaremos el Monasterio de San Juan Bautista de Corias, también llamado el Escorial Asturiano, y a apenas dos kilómetros de la capital del concejo, el de Cangas del Narcea.

Fue fundado en 1032 gracias a los esfuerzos de los condes Piniolo Jiménez y Aldonza Muñoz y pasó a ser ocupado por monjes benedictinos. Entre los siglos XII y XIII alcanzó su máximo esplendor, llegando a poseer tierras en la mayor parte del occidente de Asturias e incluso de la vecina provincia de León. En las siguientes centurias fue sufriendo diversas modificaciones y añadidos, hasta que en el siglo XVIII tuvo que ser reconstruido en su mayor parte, ya en estilo neoclásico, debido a que sufrió un grave incendio en el que solo quedó en pie la iglesia. También en esa convulsa época medieval tuvo lugar la concesión de la carta puebla a la villa de “Cangas de Sierra"`por Alfonso X en 1255, tenida por la primera de las “cartas de población” otorgadas por el Rey Sabio en Asturias. Después, la progresiva decadencia de los señoríos provocó el aumento de las rentas a los campesinos, causando evidentes tensiones entre los renteros y la nobleza local como los Omaña, Peñalba, o Queipo de Llano, que paulatinamente trataron de recuperar los derechos señoriales, asistiéndose a un momento constructivo relevante. La proliferación de iglesias, casonas y palacios se acentuó aún más en la Edad Moderna y, para ilustrar lo aquí apuntado, no estaría mal que os acercarais a visitar en Cangas la Basílica de Santa María Magdalena, la Capilla de la Virgen del Carmen y el Palacio de los Conde Toreno.

Ya en la Edad Contemporánea, época de gran agitación desde la Guerra de Independencia (1808–1814) a la Guerra Civil de (1936-1939), el territorio sufrió cambios tanto en su estructura económica como social, pues comenzaron a proliferar los contratos de arrendamiento y se produjo un acceso generalizado a las tierras, deshaciéndose así el sistema de mayorazgo imperante hasta ese momento. Ya antes, en tiempos de la Ilustración, se habían comenzado a plantear los primeros proyectos de explotación industrial de los recursos del concejo, presentándose estudios de yacimientos y canteras con la propuesta de construcción de vías de comunicación (¡qué bien nos vienen ahora para nuestro solaz!, ¿eh?). La explotación de la madera de Muniellos y otros bosques con destino a los astilleros de El Ferrol, constituyó el inicio de la actividad extractiva de dichos recursos, pero tal actividad no generó cambios sustanciales en la vida de los campesinos, ni tampoco influyó para que fructificasen iniciativas que pretendían una industrialización del concejo. Por todo ello, muchos de sus habitantes hubieron de recurrir a buscar la salida a sus problemas de subsistencia, iniciándose una fuerte corriente migratoria hacia Madrid y, en menor medida, hacia América.
Sería a partir de los años cincuenta y sobre todo en las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo XX cuando la minería del carbón irrumpió con enorme pujanza en Cangas del Narcea, permitiendo un rápido desarrollo económico. Su población sufrió un notable aumento hasta alcanzar los alrededor de 15.000 habitantes que tiene hoy. En aquel esplendor minero, llegó a haber cinco empresas funcionando en Cangas, con 2.000 trabajadores, más todas las personas vinculadas al sector de manera indirecta. Esta situación dista de la actual, pero las instituciones locales siguen empeñadas en que la minería perdure para facilitar una transición a otras actividades, que sin lugar a dudas tienen que aparecer. Inevitablemente las explotaciones mineras se agotan, pero ya se está pensando en recurrir a los abundantes y variados recursos de la zona. No en vano esta comarca forma parte de la Reserva de la Biosfera probablemente más grande de Asturias, y cuenta con una espléndida gastronomía a base de los frutos del bosque, de los productos de la huerta, de la magnífica carne de sus ganados, de sus quesos y del cada vez más apreciado vino de la Tierra de Cangas. Éste ha sido y es un elemento diferenciador por ser la única zona asturiana productora de vinos, cuyo despegue se inició en el lejano siglo XII con la entrada de los benedictinos al Monasterio de Corias y llega a nuestros días con un caldo joven, ligero y apreciado por el gusto.
¿Y qué mas necesita esta región para que nos acerquemos a disfrutar de unas inolvidables jornadas cicloturísticas pedaleando por sus innumerables puertos, tan duros e interesantes como todos los asturianos? Hoy, de momento, dos para abrir boca: el Pozo de las Mujeres Muertas, nombre de enigmáticos presagios para las chicas ciclistas que se atrevan a afrontar semejante reto, y el cercano puerto del Connio, que…¡coño –con perdón-, qué hermoso que es también! Los dos os esperan en este maravilloso rincón de… una Asturias por descubrir.

TRAGEDIA EN LA MONTAÑA
Localización: Recorremos el valle del río Coto por la AS 29 hasta la localidad de Monasterio del mismo nombre, donde se inicia el puerto propiamente dicho.
Especificaciones: Buen suelo, de unos 6 m. de anchura total y con señalización horizontal. La sombra escasea y sólo nos protege la que proyecta la pared montañosa a ciertas horas. El tráfico es prácticamente inexistente.
Fuentes: Desconocidas
Descripción: No nos negaréis que, con un nombre así, cualquiera puede echarse atrás a la hora de enfrentarse a este puerto asturiano, inédito aún en la Vuelta a España, que no en la de Asturias, donde en diversas ocasiones se ha erigido en uno de los puntos calientes de la carrera. Y no decimos nada si, encima, la valiente que se atreve a semejante reto, es una intrépida cicloturista: alguna amiga nuestra no guarda un buen recuerdo precisamente de su tremenda dureza. Veamos si tal denominación se corresponde con la realidad. Haremos de entrada, si os parece bien, una aproximación curiosa al topónimo de “mujeres muertas”, para que nadie se sienta engañado cuando allí se acerque. El Pozu las Muyeres Muertas es una excavación antigua en el alto divisorio de Allande y Cangas del Narcea, sobre La Braña del Candal y Fonteta. Este paraje, situado en un alto de la Sierra de Valledor, tiene abundantes vestigios romanos: canales para la recogida de aguas, canalones para las explotaciones por erosión del suelo, etc., en parte destruidos por las obras de la carretera actual, reciente ruta que abre para los vecinos de Ibias, en la vertiente opuesta, “nuevos caminos de futuro, que nos permite acercarnos al resto de Asturias y a los asturianos a nosotros”.

Si, durante gran parte del año, el pozo de explotación romana aparece entre tanta piedra blanquecina y blanda, se le denominaría, en su conjunto, zona de “tierras mutsadas o mutsares” (tradición de minas de oro, tesoros…).Y si además el pozo quedaba lleno de ‘aguas estancadas’, se le acabó añadiendo el adjetivo “muertas”. De “mutsares” se derivó a “mutseres”, y de ahí a las supuestas “muyeres muertas” no hay más que un paso, el que la imaginación popular ha dado.

Pero hasta esta última acepción tiene su propia justificación, y así cuentan los lugareños que unas vaqueras de Luarca habían regresado por el invierno en busca de unas mantas y otros aperos que habían olvidado en las cabañas por el otoño, cuando una fuerte ventisca de nieve sorprendió a las “muyeres” en los altos del Candal, por lo que se resguardaron en el pozo. Las tormentas arreciaron por muchos días, de modo que allí quedaron muertas hasta que las encontraron en primavera, envueltas en sus mantas. Sea o no cierta la trágica historia, lo que no admite duda es la dureza “mortal de necesidad” (expresión ya caída en desuso, pero bien viva en el tenis de hace décadas) que encontraremos en las rampas de este coloso desconocido por el gran público.

Van a ser algo más de 7 km. los que separen Monasterio del Coto del alto del que hablamos, en los que abandonaremos paulatinamente el valle del río homónimo mientras vadeamos un par de veces el curso fluvial. Al encontrarnos con un cartel del 10% no necesitaremos más aclaraciones para entender sin tardanza que se acabó lo que se daba: de inmediato nos aparecen las primeras rampas, no del 10% sino del 12%, que no dejarán en los 4 km. siguientes ninguna duda de que, o nos empleamos a fondo, o no conseguiremos llegar arriba sin sentirnos derrotados. En especial, los dos finales mantienen una pendiente media del 11%, con máximos del 14%, que nos hará desear un rápido y feliz final del suplicio al que estamos sometiendo a nuestras piernas, y más aún como no dispongamos del desarrollo adecuado para tamaña empresa.
Al pasar junto al cartel del alto, sólo nos restarán poco más de mil metros para situarnos en el alto de Valvaler, verdadera cima del puerto, y desde donde las vistas son ciertamente impresionantes sobre la grandiosidad de la montaña astur (una vez más el cartel no coincide con la cota topográfica en ese punto más alto). Y ahora la pregunta esperada: ¿hemos vivido, seamos del sexo que seamos, una auténtica tragedia en la montaña?

COMO LA VIDA MISMA
Localización: La AS-211 une los valles del Narcea y del Ibias a través de este puerto muy poco conocido
Especificaciones: Carretera estrecha, de unos 3 m., en buen estado que toma anchura a mitad de la ascensión. Abundantes sombras y tráfico inapreciable.
Fuentes: desconocidas.
Descripción: Oigamos antes de nada a los naturales opinar sobre este pequeño gran puerto asturiano: “es una ruta tan apartada y peligrosa, especialmente en invierno que, siempre que nos vemos obligados a atravesarlo, acabamos exclamando al llegar sanos y salvos a casa: ¡coño con el puerto!”.
Si el Pozo de las Mujeres Muertas ya nos asustaba por su nombre desde antes de iniciar su ascensión, tampoco deberemos fiarnos de una subida de 14 km. y que remonta casi 800 m. de desnivel. Nos hallamos en plena Ruta Turística de los Puertos, que enlaza los dos que aquí describimos y que han asistido en sus rampas a encarnizadas batallas ciclistas en diversas pruebas profesionales, aunque éstas normalmente ascienden por la vertiente opuesta, la de San Antolín de Ibias.

La verdad es que los habitantes de este recóndito pueblo han sido durante años los protagonistas de auténticas gestas, disputando de forma anónima un sinfín de etapas de ida y vuelta por las sinuosas y difíciles curvas del Connio para participar en esa carrera diaria que es la vida misma. Eran los mineros que cada día acudían a las minas de Cangas del Narcea, luchando con la nieve, con la incertidumbre de si alcanzarían la meta de llegar al trabajo, ya que en caso contrario les descontaban la jornada completa de su sueldo. O los carteros que diariamente luchaban con la adversidad, arriesgándolo todo con tal de que las cartas acudiesen puntualmente a su cita. Y era ese conductor de autobús que cada mañana y cada tarde servía como único enlace del transporte público con la capital del concejo, que viajaba con la lógica preocupación de no encontrarse a lo largo de la ruta con otro vehículo que le impidiese continuar la marcha, ante la estrechez de la carretera. O todos aquellos escolares del Colegio Aurelio Menéndez, acostumbrados, para conocer el mundo exterior, a soportar el mareo provocado por tanta y tanta curva, y a sufrir la notable decepción que les invadía tras la suspensión de un desplazamiento debido al mal tiempo. Y los enfermos que tenían que ser evacuados en la ambulancia, y…

No es este nuestro caso. Por suerte, las cosas han cambiado y mucho desde que se arregló el acceso al valle por el Pozo de las Mujeres Muertas, de menor altitud, lo que ha conferido a este puerto del Connio una soledad aún mayor que la que han experimentado durante años los vecinos de Ibias. Nos encontramos en los aledaños del Bosque de Muniellos, el mayor robledal de España y uno de los mejor conservados de Europa, bosque en estado puro y selvático, poblado de misteriosas criaturas de leyendas y fábulas. Aquí el lobo y el urogallo encuentran las condiciones adecuadas para su supervivencia y hasta nosotros mismos podemos vernos sorprendidos por la aparición de algún ejemplar de oso pardo que sale a nuestro encuentro para darnos ánimos en la escalada.
Hemos partido desde Venta Nueva, sita en la carretera AS-15 que une Cangas del Narcea con Degaña y, apenas recorridos dos kilómetros, se llega a Moal, pueblo alargado que se extiende por más de un kilómetro por el fondo del estrecho valle que forma el río Muniellos, tributario del Narcea. Una única rampa del 9% nos ha hecho ponernos de pie sobre los pedales poco antes de llegar a esa localidad, donde da comienzo el puerto propiamente dicho, del que aún nos quedan más de 11 km. de esfuerzo continuado, sin especiales sobresaltos en forma de doble dígito, pero sin un descanso que merezca tal consideración.
El tramo más exigente de toda la ascensión es precisamente el final, con 3 km. por encima del 7%, con la ventaja en días calurosos de que las sombras del bosque astur son lo suficientemente tupidas como para evitar que nos dejemos en gotas de sudor todas nuestras energías. Al coronar junto al Mirador de Sestón, un cúmulo de amplias vistas sobre los valles de ibienses y sobre el frondoso bosque de Valdebueyes nos recordarán que seguimos vivos; vivos, solos y absortos ante la maravilla que nos rodea… como la vida misma.

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1 comentarios a "UNA ASTURIAS POR DESCUBRIR":

  • alexnoguera dice (19 / 03 / 2008):

    Asturias es algo que realmente merece la pena ir a visitar, es preciosa!

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